jueves, 23 de octubre de 2008

eGeo y Gato - Sexta parte: La momentánea separación


Vuelvo a maldecir nuestra mala suerte, tres semanas después... aunque también hay que tener en cuenta la buenísima suerte que he tenido en general. Simplemente fue un pequeño incidente en una historia bonita de amor... nada importante.

Pero ahí estaban, por poco que importase, las gafas rotas. Y la madre de eGeo llamándola al móvil... se acabó lo que se daba. Tuvimos entonces que recoger todo el chiringuito, ponernos las ropas bien y prepararnos para bajar y buscar la dichosa óptica donde le pondrían los dichosos cristalitos. Era algo tarde, y un sábado, por lo que él temía no llegar a tiempo.

Empezamos a descender por la montaña de tierra, y entonces se hizo patente la ayuda de sus gafas. ¡El pobre no veía casi nada!. De manera que fui agarrándole del brazo, del hombro o de la cintura, con cuidado al bajar los terraplenes, observando sus graciosos y pequeños ojos con un mirar perdido, irradiando un cariño y un amor imposibles de describir. Pocos besos nos pudimos dar a la bajada, por las prisas, pero sí aprovechamos los últimos momentos de bucólica intimidad, ya que volveríamos a la incivilizada civilización. Fuimos hasta una parada de autobús que estaba muy cerca de su casa, por lo que él temió entonces que su madre nos viese. Por lo visto ella había ido a la peluquería, podía volver en un momento u otro y vernos. A cada coche que pasaba me preguntaba si era un Honda Civic oscuro... pero no, por suerte, ninguno hubo. Nos sentamos en la parada de autobús, a esperar durante un ratillo. Había dos niñas y una señora allí, que se alejó un poco, pero las chicas no paraban de mirarnos. Nunca olvidaré esta conversación...

Yo-Mira, este es mi DNI, el de los nuevos... pero salgo fatal, vaya.
Él- Que va, estás muy bien.
Yo- ¿Qué? ¿Me estás diciendo que soy guapo?..... ¿Tu no serás maricón, no??? (En voz alta)
Él- No, no, que va!!... (risas contenidas)
Yo- Ah, bueno, qué asco, vaya... (y nos separamos bruscamente, estábamos sentados y me fui al otro asiento)
Él- Si, que asco tio, yo eso no.

Y volvieron las risas que apenas podíamos contener. Volví a su lado, y con la mirada y los labios le susurré un "te quiero" sincero y puro, al que respondió. Necesitaba besarlo... pero aquellas niñas nos impedían actuar con libertad. Maldita sea... Bonito momento fue ese, sin duda, como muchos otros pequeños momentos de felicidad intensa que me regaló.

Llegó finalmente el autobús. Lo voy a confesar casi con vergüenza, pero en mi vida me he subido unas 5 veces a un autobús de línea. Y sin duda, esa fue una de las más especiales, que siempre recordaré. Nos sentamos juntos, casi al final, muy apretados, y entre su pierna y la mía nuestras manos se acariciaban disimuladamente. Habría saltado y me lo habría comido entero ahí, en ese asiento tan incómodo... pero tenía que mantener la compostura. Ya te asaltaré cuando estemos solos en Madrid, eso me lo tengo prometido... :P.

Llegamos a nuestra parada, y nos fuimos casi corriendo a su óptica. Rápidamente nos atendieron, y nos dijeron que en unos diez o quince minutos estaría lista. Menos mal, porque eran las 12:50 más o menos, y yo debía estar en el hotel a las 13:00, donde me estaría esperando mi padre. Volvimos paseando a donde tenía la bicicleta, detrás del hotel, y allí nos despedimos con un simple abrazo, que podría parecer eso a los demás, pero para nosotros fue muy intenso, como siempre. Desde el exterior no se percibió que los dos corazones saltaban de júbilo, pero también de tristeza, porque habríamos de separarnos una vez más. Cogió su bicicleta... y se fue. Fue el "Hasta luego" más razonable que le he dicho. Me dirigí a la entrada del hotel, y allí estaba mi padre con las mochilas, listo para andar.

Desde la 1 de la tarde hasta las 3 y media, más o menos, recorrimos unos 12 kilómetros. Al principio, por Logroño, entre la gente que ya nos empezaba a decir el consabido "Buen camino!"(entre esa gente encontré a una chica que me recordó a Alexa... pero se me olvidó preguntarle a eGeo ese mismo día si era ella, así que nada, ya nunca se sabrá). El asfalto era duro, y ese es uno de mis mayores problemas: que al andar por ciudad o cemento, me canso muy rápido, el pie se adapta siempre al mismo movimiento y acaba doliéndome. Salimos del área de edificios, pero no de la ciudad, puesto que fuimos por un enooorme parque, La Grajera (que ya quisiera yo uno de esos parques en mi ciudad... caramba!), en el que había familias comiendo, paseando en bicicleta o andando, pero ningún peregrino más, ya que habíamos salido demasiado tarde como para encontrarnos con ellos.

El parque de la Grajera se alargó durante unos kilómetros, casi la mitad del recorrido. Era bonito el parque... árboles altos, abetos, pinos, un lago que parecía artificial (donde unos chicos que pescaban se pusieron a gritar que habían conseguido una pieza muy grande, con la intención de sorprendernos, creyendo que éramos guiris... a lo que solté a mi padre un "já, se creen que no somos españoles!", y se callaron). Pero todo cansaba un poco, pues el terreno seguía demasiado duro. De repente, una dura cuesta, y empezamos a ver los primeros viñedos. Quién iba a decir que me pasarían tantas cosas en un campo como aquellos... Estaba feliz, y se me notaba, mi padre lo hubo de percibir. En cierta parte, bastante cerca de la carretera para mi gusto, en una reja metálica había cruces y corazones perfilados con trozos de madera o plásticos (Ejemplo en la foto). A punto estuve de poner otro corazoncito, por eGeo y por mi... pero no debía retrasarme, bastante había hecho mi padre ya por mí como para que esperase más. Y es verdad que no podía dejar de pensar en él, y en lo que había pasado... pero lo pensaba de otra manera. No lo recordaba con ansias... lo recordaba con seguridad, me sentía firme, atado ya a algo, tranquilo de que lo que tenía no me lo iba a arrebatar nadie.

A las 15:30 aproximadamente, y más frescos que una rosa, llegamos al pueblecito en cuestión, Navarrete. Rápidamente, nos fuimos hacia el albergue municipal, donde un francés muy mayor me hizo la credencial. El albergue no estaba mal... cuatro literas en una habitación, cada una en una pared, aunque la ducha sí dejaba mucho que desear. Me comí un bocadillo de jamón (ni comparación tiene el jamón de allí con el de aquí, por dios, el de Jabugo de Huelva es el mejor!) y me duché rápidamente con agua fría y me eché lo poco que quedaba de perfume, quería estar limpio para eGeo, aunque seguía con la misma ropa (Me cambié antes de empezar a andar, y luego me puse la camisa que había usado por la mañana, que no estaba ni sudada ni nada).

Sobre las 4 y media empecé a llamar a eGeo, y me empecé a poner nervioso porque no me lo cogía. Inquieto, iba andando de un lado a otro, llamándole, hasta 9 veces sonó su móvil y no lo cogió. Me empecé a preocupar. ¿Le habría pasado algo, se habría caído en esa precaria bicicleta? ¿Su madre no le habría dejado escaparse? ¿Por qué no cogía el móvil, maldita sea? Mucho me preocupé, me puse en lo peor. ¿Y si no puede venir? ¿Y si no le veo? ¿Y si no le vuelvo a ver? ¿Qué pensará de todo lo que había pasado esa mañana, lo recordará con alegría y orgullo, como yo, o por otro lado se arrepentía? ¿Es que había cambiado de opinión? ¿Dejaba de quererme? Durante una media hora me rallé muchísimo, dando vueltas cerca del albergue, intentando que mi padre no notase nada... pues mis ojos y mi alma estaban a punto de echarse a llorar. Por fin, con alegría noté que mi móvil estaba vibrando... me estaba llamando, al fin, seguía vivo! Cuando su cálida voz intenté evitarlo, pero terminé llorando, aunque pretendí que no lo percibiera mucho. Si, seguía queriéndome, iba directo hacia mi... pude respirar tranquilo, al fin. ¡eGeo, no imaginas la angustia que sentí, se me iba a acabar el mundo si te llamaba una vez más y no lo cogías!

Salí andando por el pueblo, en dirección a la entrada, dispuesto a encontrarme por última vez ese dia con el amor de mi vida.

(Continuará)

¡¡Un besazo a todos!!

miércoles, 22 de octubre de 2008

Nuestro nuevo blog.


nuestra-vida-juntos 


¡¡Ya tenemos algo en común eGeo y yo, ya queda menos para compartir ropa, casa, cama, y vida!!

Cuatro días después de la inauguración del blog, lo anuncio yo... si es que soy un desastre!!

Pues eso, que ya tenéis a vuestra disposición, para todo el curioso que quiera fisgonear en la vida de eGeo y Gato, nuestro blog particular, un proyecto propio que no sabemos si llegará a buen puerto o naufragará. ¡Se intentará remar con fuerza, para sacarlo adelante! Aquí tenéis la dirección: http://una-vida-juntos.blogspot.com/ , también puedes pinchar en la imagen y llegaréis allí.

No será un blog diario, ni mucho menos... pero varias actualizaciones por semana si intentaremos que haya, aunque no nos sentimos en la necesidad. No es como nuestros blogs particulares... es un blog aparte, en el que escribiremos cuando nos venga en gana, que procuraremos será asiduamente.

Lo propuso eGeo, aunque yo hace tiempo ya había pensado lo mismo, pero para más adelante... aunque viendo que nuestra relación ya es real, que solo falta vivir juntos, no es necesario esperar más. Ahí colgaremos todo sobre nuestro PLAN, hablaré de eGeo y eGeo hablará de mi, de nuestras historias... es simplemente una muestra más de amor, como las que tenemos todos los días.

Dentro de poco habremos de cambiar el diseño, tengo en mente algunas ideillas que le pueden gustar. ¡¡Ya os iremos avisando de las novedades!! ^^



Un besazo a todos!!

martes, 21 de octubre de 2008

eGeo y Gato - Quinta Parte: En lo alto del mundo


Hacia allí nos dirigíamos. A lo alto de aquella roca marrón que se divisaba, entre los campos, por un camino de tierra como muchos que vería a partir de entonces durante mi peregrinaje.

Cuando nos alejamos de la civilización, y sólo los coches y camiones pasaban a nuestro lado a toda velocidad, al fin pude tocarlo. Nuestra piel no dejó en ningún momento de mantener el contacto, sea por nuestras manos o por nuestros labios, pero siempre estaba pegado a él. Tenía frío, pues corría algo de viento, pero me daba igual. Él me calentaba con su cuerpo, lo sentía tan cerca y me hacía sentir tan seguro de todo, que no me preocupaba de un mal aire. 

Comenzó el ascenso. Pero el mejor ascenso de todos los que he hecho... andar al lado de mi amor, o detrás de él, cogiéndole siempre de la mano, ayudándole al subir una empinada cuesta pedregosa, avisándole de los arbustos espinosos. Jadeando juntos del cansancio, pues el montecito, aunque no tuviese kilómetros de altura ni nos faltase el oxígeno, era grandecita, y no sabíamos bien por dónde ir. De repente, parábamos, y volvía el amor a requerir nuestros labios en forma de besos, nos abrazábamos y suspirábamos. Pero debíamos seguir si queríamos llegar arriba y tener suficiente tiempo. Subíamos, subíamos... y demasiado subimos, que no llegamos exactamente a donde quería eGeo, sino que llegamos hasta la verdadera cima, una extensión media y plana de tierra dura, con señales de haber sido barro poco tiempo atrás. Y desde arriba, allí lo vimos, justo debajo de nosotros, por la otra cara donde habíamos subido, la piedra a donde eGeo se había empecinado llegar. De manera que hubo que bajar de nuevo... pero por el lugar y de la forma más cochambrosa, por una ladera de mucha pendiente, con piedras sueltas y a considerable altura. Poco a poco, fuimos bajando, con los pies por delante cabeza al cielo, mirando con cuidado dónde los poníamos, y con las manos palpando el terreno tras la espalda. Yo, torpe de mi, hice que algunas de esas piedras se desprendiesen, y cayesen cerca de eGeo... pero rápidamente se solucionó. Finalmente llegamos abajo, yo bien, algo sudoroso, al igual que eGeo, pero no tan bien su maletita que le regaló Borja, que se llenó de polvo y tierra.

Allí estábamos. Colocó la toalla que previsor trajo sobre la cuadrada y lisa piedra, y sobre la maletita (como le llama él), o la mariconera/bolso (como le llamo yo) dejamos nuestras pertenencias: relojes, gafas, mi camisa, su chaqueta, las carteras... todo. Nos despejamos de nuestra identificaciones, y entonces solo así, y abrazados, pudimos identificarnos a nosotros mismos. Miraba al frente, y veía a la hermosa vista de Logroño, con sus edificios, su río, y sus gentecillas, viviendo ajenas al enorme acontecimiento que se estaba dando lugar tan cerca de ellas. Le hice algunas fotos, con el precioso paisaje detrás. A ese mismo lugar me prometió eGeo que iríamos, hace mucho tiempo, cuando en cierta tarde (que recuerdo perfectamente), me llamó llorando, desesperado, cansado de su vida. Ahora no tengo más que decirle, y decirme a mí mismo (por todos los momentos que pensé lo mismo que él), que ha merecido la pena todo. Me alegro de que en ese momento estuviese mal, porque si no, no habría tenido lugar todo ésto que pasó.

Nos tumbamos en la roca, sobre la amarilla toalla (curiosamente, de un club náutico... no sabía yo que había clubs náuticos en Logroño, cosa curiosa careciendo de mar, no?), y nuestros cuerpos automáticamente se entrelazaron en perfecta armonía. Me encantaba tumbarme en el suelo, y que él se tumbase encima mía, pecho aplastando a pecho, sus piernas sobre las mías, mis manos en sus cintura y las suyas tan hábiles acariciando mi cabello. Y apretarlo muy muy fuertemente contra mi cuerpo, haciéndome perder la respiración y provocándome algo de entumecimiento en los pectorales... pero no me importaba, me gustaba. Me gustaba porque al fin, algo era real. No tenía que utilizar la mente, no tenía que imaginar... ahí estaba, lo tocaba, y me respondía con otra caricia. 

En ese momento, lloré, lloré mucho, por varias razones... lloré de alegría, de dicha, de felicidad... pero también de tristeza, de dolor, por cosas que solo él y yo sabremos. Amargas lágrimas corrieron por mis mejillas, pero que él supo sanar con sus labios protectores, haciéndome recuperar la confianza en mí mismo.

Durante unas dos horas, que yo deseé fuesen vidas, dos enamorados estuvieron abrazados en mil posiciones diferentes, besando sus bocas y uniendo sus almas. Esos labios, ese aliento embriagador, el perfume de los dioses, el sabor delicioso de su lengua, la saliva que me dió vida, que me propulsó a la felicidad. Besos largos, pero que desgraciadamente no fueron eternos, y a los que ahora, con más ganas que nunca, echo de menos, siento que no le besé lo suficiente. Nunca imaginé que sería tan bonito sentir tu corazón palpitando al compás del otro. Es maravilloso, único.. Ese corazón que fue aumentando su pulso cuando nuestra temperatura subió. Hacía frío porque seguía el viento sacudiéndonos, pero fue inevitable lo que pasó. Más besos en la boca, en el cuello... le subí la camiseta, le lamí el pecho... y por último, recorrí toda su anatomía (bueno, toda la que ya imagináis) con ansiosos labios. Ese momento sí que fue especial... esos dos chicos del mismo género, estaban practicando sexo oral en lo alto de una montaña, a la vista de los trabajadores del campo que podrían verles debajo, y a cualquier voyeur con prismáticos de los edificios del extrarradio de la ciudad! Poco más voy a decir, no voy a dar detalles... sólo diré que me encantó, que intenté hacerlo lo mejor que pude, y espero que lo haya conseguido.

La cosa seguía poniéndose mucho más interesante, nos disponíamos a tumbarnos cómodamente para seguir disfrutando... pero... ¡oh, maldito seas, eGeo bendito, cómo odio ese momento!. Al moverse, pisó o le dió una patada a algo... yo me asusté desde el principio... y si, era lo que yo me temía. Sus gafas, rotas. El cristal fuera de su montura... y encima llama su madre... Agghhhh!! Con lo bien que estábamos... y de repente todo se pone en contra. Teníamos que dejar lo nuestro, e irnos rápidamente a una óptica... pero tampoco era para agobiarse ni desesperarse, pues esa tarde también tendríamos nuestro momento...


Continuará.... (ahora estoy hablando con él, por eso no sigo :P)


Un besazo a todos!!


PD: la foto es muestra de un pequeño acto de vandalismo (y de amor) que cometí en cierto pueblo de nuestro recorrido, Santo Domingo de la Calzada. Se ve que lo mío no es el graffiti.

Últimos acontecimientos


Lo siento. Mil disculpas. He estado muy muy ocupado estos días... estudiando filosofía y matemáticas, pasando el fin de semana fuera, haciendo deberes y redacciones de inglés. Y hablando con eGeo, lo único bueno de todo. Empezaré por el principio, para poneros en antecedentes.

El famosillo examencito de Filosofía... suficientemente bien. Yo creo que alrededor de un 8, teniendo en cuenta el grado de perrería (o perritud) del profesor. Era fácil, pero como siempre, nos pilla desprevenidos en algo, en esta ocasión, las preguntas. Eran super extrañas, te daba mil rodeos para preguntar lo más sencillo, lo que nos despistaba. Nos lo sabíamos todo, pero no sabíamos qué teníamos que responder exactamente. Este señorito tiene tela... pero bueno, espero que salga muy bien, para empezar con fuerzas el curso y no defraudarme. Porque estudiar, estudié... poco, la verdad... pero me cogió un dolor de cabeza increíble los últimos días que me hacían ir más lento.

Hoy martes ya nos dieron la nota del examen, y para mi sorpresa, he sacado un 9'5. Creo que no está nada mal, contando que estudié relativamente poco, que es el primer examen, y que tenía ese dolor de cabeza... También hemos tenido el examen de matemáticas... pero sobre ese prefiero no hablar. No sacaré buena nota, así que prefiero pasar a otra cosa.

Estuve tan cansado esos días por lo que pasó le viernes anterior, que poco dormí. Estuve con Sally, Sarita y la otra chica en un concierto. ¡Mi primer concierto!. Llevaban mucho tiempo insistiéndome, para que fuese, pero yo no tenía ganas... pues era de grupos de aquí, de Fuengirola y alrededores, grupos pequeños, que hacen una música que no me gusta mucho... o, mejor dicho, que pensaba que no me gustaba. Heavy metal, rock, hip hop... y algo que sí me atrae, el rock alternativo. Fui un poco asustado... pero finalmente accedí, tenía ganas de ver a mis chicas. Allí estuve, a las 9 y media como un clavo, esperándolas, cuando aparecieron tres chicos... ellos también vendrían con nosotros, según me habían avisado ellas. No eran nada fuera de lo normal... al revés, era un grupo típico, de película. El alto y grande, algo tímido, el bajito gordito de pelo largo y ondulado y cara grande, más hablador, y el tercero muy deltado y de estatura media. Pero ninguno destacaba por su belleza, precisamente. Al rato, aparecieron ellas... y ya nos fuimos a la sala donde se hizo el concierto. Estuvimos laaaargo rato esperando, unas 2 horas, en las que también estuve con Lara, con mi doble, su novio, otra pareja lesbiana, y los otros, que estaban por allí aunque no pensaban entrar. Al final, sobre las 11 y media, entramos. La puerta, por un callejón maloliente, aroma de porros y meado, gente rara y mayor... pero no nos importaba, porque cada uno iba a su bola, no te miraban mal ni nada. Yo, con el pañuelo que me dio eGeo, por supuesto. Dentro, vimos a dos de los tres grupos que actuaban: Blindfall, granadinos de rock alternativo, una inglesita cantando con buena voz, y Tripas Clown, uno de los grupos endémicos de Fuengirola, que hacen metal fusionado con hip-hop. El primero me gustó mucho más que el segundo, aunque hay que decir que el guitarrista sin camiseta y sudoroso de Tripas Clown no estaba nada mal. Respecto a eso, Sally me estuvo insinuando mucho... que si le hacía fotos para que me las mandase, que si estaba bueno o no, que si era lo que más me gustaba del grupo... yo intenté desviar los temas, que no pareciese muy evidente que se me caía la baba. En cierto momento, mientras actuaba el segundo grupo, entró mi doble, Chris, para avisarme que el treinteañero estaba fuera. Le llamaré Luca. De manera que salí para saludar a Luca, y allí estaba con más del grupo. Un fuerte abrazo, con dos marcados besos en las mejillas, y muchas preguntas sobre mi, y sobre mi novio, pues le conté de pasada que tenía un amigo íntimo de Logroño. Estuve un rato con ellos, volví a entrar, estuve hablando con Chris. Me hice unas fotos con él, para comparar el parecido... que algo tenemos, si, pero no tanto como dicen. Volvimos a salir a la noche cálida, demasiado cálida, pero ya sólo estuve con mis chicas, con Sally y con Sarita.

Me pillaría el momento cariñoso, o les pillaría a ellas, que no paré de abrazarles. Estaba a gusto, contento, y me sentía en total confianza con ellas, sobretodo por lo que pasó en cierto momento. Sarita me preguntó que de quién era el pañuelo, y le dije que de un amigo. ¿El de Logroño?. Pues sí, ese con el que hablo tanto. Y Sally insinuó..."así que amigo, ehh??". Y poco después de eso, se levantó y me abrazó. Ya tienen que saber que estoy con un chico logroñés... y se lo han tomado muy bien. Me encantó estrechar su delgado cuerpo entre mis brazos... cuántas veces había necesitado yo un abrazo así!. El concierto acabó sobre la 1, pero yo hasta las 2 y media no llegué a casa, pues estuve hablando con eGeo. Al acostarme, volví a llamarlo otra horita, y sobre las 4 mis ojos se rindieron al sueño. Tenía una grato recuerdo del concierto, lo había pasado muy bien... y la próxima, repetiré sin dudarlo un instante. A las 9 estaba ya de pie, preparando las cosas, para irme a casa de mis abuelos... un fin de semana aburrido, sin nada interesante que contar, y también durmiendo poco. 

Sigo algo cansado... pero bueh, mañana me dormiré hasta tarde, ya que, por lo del plan Bolonia y todo eso que ya sabéis, van a hacer huelga en mi instituto... Lo he estado pensando seriamente, si estoy de acuerdo o no con todo ello... pero tengo tanto sueñecito que prefiero dejar el honor y la seriedad a un lado por una vez, y tomarme una licencia para dormir.

Y ya está, poco más ha pasado. Que me veo cada vez con menos tiempo para escribir, eso si... pero eso es en parte culpa mía, y en parte por las circunstancias, que tengo muchas cosas que hacer. Si yo supiera organizarme bien, tendría tiempo... y eso es lo que pienso hacer. Desde mañana, mejor planificación en mi vida, y post diario sin falta. Que yo os contaré lo que pasó con eGeo, sí o sí, aunque ya ni lo lea la gente. Me hace ilu.


¡¡Un besazo a todos!!

sábado, 18 de octubre de 2008

El Gato Volador


Ahora soy como Doraemon, son un Gato cósmico, el Gato Volador, pues al fin he encontrado a ese alguien que me donase sus alas, como decía en mi perfil, y al fin lo he encontrado.

Si, una vez más, voy a hablar de eGeo. Os estaré aburriendo... pero aquí cuento sobre mi vida, y mi vida es él. eGeo, demostrándome todo lo que me demostró en Logroño y lo que me ha prometido por teléfono, y que ha empezado a hacer, me ha enseñado a volar, me ha ayudado a impulsarme con el gorrocóptero que me dejó, consiguiendo poder cruzar los cielos y dejar atrás todo, el infierno personal en el que estaba. Ahora atravieso las nubes, juego con las palomas, converso con los ángeles y me tuesto al sol, aunque con cuidado de esquivar bien a los aviones, malditos aparatos que me recuerdan que siguen existiendo la Tierra y sus muchas y malas personitas allá abajo. Pero esas personitas son diminutas, a penas las veo, y no me intereso por verlas más, ya no me importan. Sólo me importa poder ver todas las noches a la Luna, y contarle mis novedades, rememorarle mi antigua vida en tierra firme, o no hablar de ningún tema en particular. La voz de mi Luna es preciosa, magnífica... y a vosotros, débiles terrestres que os sostenéis sobre los pies, os puedo asegurar que desde allá lo alto, la Luna nunca decrece, siempre se mantiene llena y completa, tan luminosa y clara como siempre. ¡Qué buena es la Luna, qué pena que sólo pueda apreciar su belleza durante pocos momentos, son tan cortas las noches, que siempre siento que no ha sido suficiente! Ansío el momento en el que pueda mejorar mi gorrocóptero, y pueda volar aaalto y alto, mucho más allá de las nubes, saludar a los astronautas y avanzar entre las estrellas envidiosas, para llegar a suficiente altura donde siempre pueda ver a mi Astro, y tener la oportunidad de tocarlo cuando quiera, acariciar su suave superficie e inspeccionar sus cráteres.

Ese momento llegará... me lo ha prometido Selene, que en algún momento pasearé por sus valles y recorreré cada parte de su geografía, todos los días que quiera. Dormiré en sus cuevas, y aunque a veces me sacuda con sus terremotos, me alimentaré  por siempre de su fuego interno, logrando renovar cada energía que malgasta en mi. Le devolveré todo lo que me ha dado, porque esa Luna me ha proporcionado muchas más cosas de las que cree, me ha lanzado el cable y ha puesto en funcionamiento mi gorrocóptero, asegurándome que nunca dejará de girar y girar para mantenerme en el cielo. Lucharé por él, haré extinguir todos esos diabólicos seres conocidos como aviones, provocaré la desaparición de los helicópteros y nadie más podrá alcanzar el espacio con ningun cohete ni propulsor espacial. Haré del Himalaya un lugar prohibido, acordonaré la zona para que nadie se acerque ni un poquito a nosotros, y nos haga ver que ellos siguen existiendo. Nos olvidaremos de todo lo demás, ocultaremos bajo las nubes su recuerdo, y sólo estaremos tú y yo: porque tú lo quieres, y porque yo también lo deseo con fuerzas.

Llegará ese momento, se lo juro a la Luna, al Sol, y a los pájaros, delfines del océano del mar, que por el día me acompañan en mi volar errante. 


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Perdonen éste rollo incomprensible. Quise escribir sobre una cosa, y me salió el tiro por la culata. Espero que al menos les haya gustado, aunque sea un poquitito. Y más espero que le haya gustado a su inspirador, mi Muso....

¡¡Que paséis un buen finde!!

¡Un besazo a todos!

viernes, 17 de octubre de 2008

eGeo y Gato - Cuarta parte: Desayuno con mi diamante



A las 7 sonó el despertador. Fue la primera vez en mi vida que me alegra oirlo, a ver cuándo toca la segunda. Me levanté, recordé lo de la noche anterior... y entonces pensé que podría ser todo un sueño, una mala jugada de mi mente, el engaño de mi subconsciente desesperado... pero al ver su foto, y sentir en mi cuello su pañuelo, salté de emoción en el baño y grité en silencio. ¡Era verdad!. Me duché rápidamente, y a la salida, vi sus llamadas perdidas: ¡el pobre me había llamado cuatro veces, se pensaba que estaba dormido!. Se lo cogí a la última llamada, y le dije que a las 8 estaría debajo del hotel como un clavo. Le mandé besos. ¡Son los besos más reales que he mandado nunca por teléfono! 

Como una bala, me duché, me peiné, me lavé los dientes unas cuantas veces, volví a peinarme e intenté arreglar mi vestimenta con lo poco que tenía: una camiseta de manga corta de quechua azul, una camiseta de manga larga totalmente blanca y fina, y una camisa de cuadros verdes, no precisamente muy bonita, pero que sí abrigaba. Y mis pantalones de siempre con las correspondientes zapatillas de peregrino. También me volví a perfumar con el pequeño frasquito que tenía, lo gasté del todo. La verdad, no sé si notó el perfume... pero yo aún lo noto en su pañuelo, lo que me hace recordar ese momento. Así, siempre que quiera sentirme más cerca de él, me echo mi perfume, y así creo estar a su lado una vez más.

A las 8 bajé, listo, dejando a mi padre dormido. Habíamos quedado en vernos a la 1 en el hotel, listos con las mochilas, para salir ya a andar hacia Navarrete. Bajé por el ascensor de cristal, y al pasar frente al mostrador, allí lo vi, tan guapo como lo había soñado, alto y delgado. No lo voy a volver a describir, tranquilos... Nos saludamos, un abrazo, y ya desde entonces se dibujó una sonrisa en mi cara que en todo el día no desapareció. En ningún momento pensé que se podía estar tan bien en la calle a las 8 de la mañana un sábado. Anímicamente, yo era la ostia, pero físicamente... bueh, la verdad es que tenía frío. Ocho grados centígrados marcaban los termostatos. Pero a su lado, me daba igual... pues en cuanto podíamos, me cogía de la mano y me calentaba con su suave piel. ¡De ensueño!

Fuimos paseando por la solitaria y gran ciudad hasta un parque. Me gustó mucho Logroño, tiene edificios muy antiguos, altos, y las calles muy muy espaciosas. Tiene algo especial Logroño... algo no tan especial como mi niño, por supuesto. El parque era muy bonito con alta arboleda y una fuentecilla en el medio, aunque parecía frío, quizás porque era un parque a las 8 y cuarto de la mañana. Nos sentamos en un banco, delante de la fuentecilla seca, y nos apretujamos. Me gustaba ver la fuente y los árboles al frente, girar el cuello, y con este simple movimiento, ver al amor de mi vida tan cerca. No nos pudimos besar mucho, o casi nada, solo darnos la mano y acariciarnos muy pegaditos, temiendo que le viese alguien conocido. Pero quién va a haber en la calle a esas horas, chico... yo estaba por saltarle y ponerme encima suya y besarle con la misma pasión de siempre... pero no, para la locura ya habría tiempo dentro de poco. Solo podíamos darnos la mano, y a escondidas. ¡Maldita sociedad hetero, a ver cuándo cambian las cosas, pero DE VERDAD!. Nadie nos dijo nada, por supuesto... solo un somnoliento barrendero nos saludó, extrañado al ver a dos adolescentes tan sonrientes en aquellas intempestivas horas de la madrugada.

Pero somos jóvenes, y siempre tenemos hambre. Me llevó por una calle enooorme y muy ancha, preciosa, creo recordar que la Gran Vía, hasta una cafetería muy mona estilo Starbucks. Allí nos sentamos en una mesa normal, uno delante del otro, a comernos nuestros respectivos desayunos. Un croissant y un colacao para él, y un donuts normal con el correspondiente capuccino para mi, todo lo pagué yo, no quería que él gastase nada, solo sus labios conmigo. El me dió un poco de su croissant (que estaba bueno, pero no tanto como él... puff, hoy llevo el día de piropeo, verá cuando le llame, le pienso ruborizar...), y yo le di con mi cuchara un poco de mi delicioso capuccino, algo fuerte como me gusta, y con espumita y canela por encima. Pero no le gustó, es normal, ya nos acostumbraremos el uno al otro con el tiempo, si el plan sale bien.

Salimos de la cafetería y anduvimos un poco más, hacia su barrio. Pasamos cerca de la casa de Borja, al lado de una iglesia horrorosa, me contó donde compraba las chucherías... En ese momento tuve una sensación muy extraña, la misma sensación extraña (pero boniiiita) que siempre, el estar en el mismo lugar donde él había pasado todos los años de su vida. Incluso me dijo dónde había vivido antes, cerca del parque donde estuvimos, y me sentí sin quererlo como un poquito más a su lado, más cercano a su vida y a su historia de lo que ya de por sí estaba. Y más lo sentí cuando pasé por su portal... por el número tal de la calle cual... aquel portal que ya había visto en una foto, allí estaba yo. Qué pena que en su piso hubiese gente... porque me habría encantado subir, ver su casa e ir a su cuarto, conocer su área más íntima, sentarme en su cama, ver su ropa y escuchar su música. Pero de todas formas, íbamos a hacer otra cosa, sí o sí, en otro lugar, en la montaña que se divisaba desde la carretera, ya a las afueras de la ciudad...


¡Continuará!


Un besazo a todos!!


PD: esos serán nuestros desayunos dentro de un año... solo que con más pelo, claro.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Breve inciso.


Hoy no escribiré la cuarta parte de lo que aconteció hace más de una semana ya. Eso traerá malas consecuencias para mi, porque me temo que habré de postergarlo para el viernes, lo que me hará olvidar muchas cosas de las que pasaron y ser menos preciso con los detalles. Pero lo intentaré, y si no, lo adornaré un poco con florituras, porque ya los sentimientos del instante son lo difícil de recordar. Mañana no podré tampoco escribir, por el mismo motivo por el que no he podido hacerlo con más tiempo hoy: el examen de Filosofía.

Llevo toda la tarde aquí sentado, aunque bien es verdad que he estado un rato al principio en el ordenador, hablando con mi niño. Si, en la intimidad, me gusta decirle niño, o nene, aunque sé que es muy cursi e infantil... él me produce una ternura increíble, seguramente parecida a la que siente una madre por su hijo. Solo que aquí cometeremos incesto :P. El caso es que después de eso, sobre las 5 y media, me he puesto a estudiar como loco. Bueh, no como tan loco, porque mucho no he estudiado. O si. Es raro... os cuento. Estamos dando historia de la filosofía... la historia no me gusta mucho, pero sí me interesaba saber cómo empezaron a razonar los filósofos. Empezamos, claro está, por los primeros, los presocráticos. Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Demócrito, Heráclito, etc... Todos ellos y sus interesantes vidas, más bien sus pensamientos. El caso es que en mi otra casa encontré un libro de Historia de la Filosofía Griega, y por curiosidad, estuve ojeándolo. Es exactamente lo mismo que estoy dando en clase, pero más extenso, y muchísimo mejor narrado, pues el autor utiliza en muchas ocasiones el humor, y así se me queda mejor grabado en ésta desentrenada cabezota mía. Así que me sé de todo de cada uno de ellos... pero no como viene en el libro de clase, incluso más. Y ahora, al leer el libro de texto, me cuesta más estudiar, pues no sé bien por dónde empezar ni qué coger o no coger para intentar memorizar. Mañana es el último día, la última oportunidad que tengo para sabérmelo todo, sí o sí.  Y bueh, de los deberes de física, de matemáticas, de estadística... no sé cuándo los haré... y del test que llevo DOS SEMANAS retrasado en la academia, creo que le voy a añadir una semana más... le caigo muy bien a la profesora, me parece, o se le olvidó completamente...

El caso es que normalmente necesito estar seguro de que me lo sé... y en muchos exámenes de filosofía, siempre he sentido que me faltaba algo por estudiar, que no lo había memorizado... y a la hora de la verdad, ante el papel, salían muchas cosas que no sabía que tenía ahí guardadas. Pero no quiero acostumbrarme a mi buena suerte (respecto a los exámenes, claro, lo demás... pff!), vaya a ser que me confíe y de buenas a primeras reciba un batacazo en la frente. Como siempre, acabo dejándolo todo para el último día... pero nunca me ha fallado. Ahora pienso... ¿y si no es suerte, y es que soy bueno estudiando? No, no, prefiero seguir pensando que es cosa de la diosa de la Fortuna, para no estar nunca seguro del todo y esforzarme siempre más, por si acaso...

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Cambio de tercio. Hoy he estado viendo unas cuantas muchas fotos con mi madre (bueno, en el descanso de media hora para merendar, si es que al final no estoy tanto tiempo ante el escritorio...), fotos de la familia de hace mucho tiempo, cuando yo era un renacuajo y jugaba a las casitas con mi hermana. Ups, se me ha escapado. Sí, yo jugaba a las casitas con mi hermana, y con mis amigas... me gustaba ser el padre, claro, que llegaba a casa después del trabajo, hacer como que conducía y que hablaba por el móvil... y luego coger papeles y garabatear números y palabras, a imitación de mi padre. También salgo en otra foto con una caja enorme de LEGO que tenía, hará unos 9 años, lo pasaba en grande haciendo navecitas con el indiesito, Iñaki, y su hermana, Miriam. En otras estamos en París, en Cazorla, en Nerja, en Almería, en bastantes otras salimos de camping, todos juntos, en la misma caravana de siempre, llevando unas ropas , camisetas y pantalones (mi hermana y yo ya no) que sólo aparecen por esa época. 

En muchas, podría decir que yo era guapo... Era tierno, carita redondita durante un tiempo, mofletes menos hinchados en otro, alto, y delgado, pero no esquelético, aunque me decían que así parecía. Un pelo rubio oscuro en verano y negro en invierno, ojos grandes, y siempre una sonrisa en la cara, mostrando mis blancos dientes. ¿Cómo podía ser tan feliz? ¿Cómo he podido cambiar tanto? ¿Cuándo se ha realizado el cambio, si de verdad he cambiado? Bueh, da igual... físicamente sí que he cambiado. Ya no soy tan guapo, ni mucho menos, mi cara ha cambiado muchísimo: gafas, pelo largo, más alargadas las facciones, marcas de la barba... Si, que ahora me veo muchísimo más feo. Y si no, preguntadle a eGeo cómo era antes... le regalé una foto mía con 7 u 8 años, vestido con uno de las sudaderas que nos hacía mi madre. Esas sudaderas o jerséys me encantaban... ella misma los cosía,compraba la lana y se inventaba los bordados, pasaba todas las tardes ahí con la gruesa aguja, mientras yo en muchas ocasiones le intentaba imitar... pegaditos a la estufa en el salón, en invierno, cubriéndonos con el largo mantel (o cubre mesas, o como sea que se llame, que volví a olvidar el nombre... eGeo debe recordarlo!), viendo los dibujos en la tele (me encantaba ver Canal Andalucía, ponían series antiguas, y de las buenas!), comiendo chocolate y haciendo cuentas en los cuadernillos Rubio que siempre nos compraban, mientras afuera hacía frío, y apetecía quedarse en el sofá de cuero marrón acurrucadito con los lápices en la mano. Qué recuerdos, jo, me vuelve tan tierno, siento una nostalgia increíble... Espero nunca olvidarlos, y volver a sentir lo mismo por los momentos que estoy "disfrutando" ahora.

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Se ve que no soy bueno escribiendo de nada en particular, lo mío no es saltar de tema en tema, necesito quedarme en algo fijo... aunque también me gusta hacerlo, variar bruscamente. Será que hoy me duele horrores la cabeza, llevo días durmiendo un poco mal, sin ver apenas la luz del sol... ayer llovió mucho, y me gustó, pero no salí por la tarde, y lo necesitaba. Ir al inglés no es salir por la tarde...

Necesito descansar... lamentándolo mucho, el Gato se va a dar unas pequeñas vacaciones. Al menos, por un día, mañana no encenderé el ordenador.

Hasta entonces, muy a mi pesar....

Un besazo a todos!!!




eGeo, te quiero más que nunca. Eres el mejor.