viernes, 17 de octubre de 2008

eGeo y Gato - Cuarta parte: Desayuno con mi diamante



A las 7 sonó el despertador. Fue la primera vez en mi vida que me alegra oirlo, a ver cuándo toca la segunda. Me levanté, recordé lo de la noche anterior... y entonces pensé que podría ser todo un sueño, una mala jugada de mi mente, el engaño de mi subconsciente desesperado... pero al ver su foto, y sentir en mi cuello su pañuelo, salté de emoción en el baño y grité en silencio. ¡Era verdad!. Me duché rápidamente, y a la salida, vi sus llamadas perdidas: ¡el pobre me había llamado cuatro veces, se pensaba que estaba dormido!. Se lo cogí a la última llamada, y le dije que a las 8 estaría debajo del hotel como un clavo. Le mandé besos. ¡Son los besos más reales que he mandado nunca por teléfono! 

Como una bala, me duché, me peiné, me lavé los dientes unas cuantas veces, volví a peinarme e intenté arreglar mi vestimenta con lo poco que tenía: una camiseta de manga corta de quechua azul, una camiseta de manga larga totalmente blanca y fina, y una camisa de cuadros verdes, no precisamente muy bonita, pero que sí abrigaba. Y mis pantalones de siempre con las correspondientes zapatillas de peregrino. También me volví a perfumar con el pequeño frasquito que tenía, lo gasté del todo. La verdad, no sé si notó el perfume... pero yo aún lo noto en su pañuelo, lo que me hace recordar ese momento. Así, siempre que quiera sentirme más cerca de él, me echo mi perfume, y así creo estar a su lado una vez más.

A las 8 bajé, listo, dejando a mi padre dormido. Habíamos quedado en vernos a la 1 en el hotel, listos con las mochilas, para salir ya a andar hacia Navarrete. Bajé por el ascensor de cristal, y al pasar frente al mostrador, allí lo vi, tan guapo como lo había soñado, alto y delgado. No lo voy a volver a describir, tranquilos... Nos saludamos, un abrazo, y ya desde entonces se dibujó una sonrisa en mi cara que en todo el día no desapareció. En ningún momento pensé que se podía estar tan bien en la calle a las 8 de la mañana un sábado. Anímicamente, yo era la ostia, pero físicamente... bueh, la verdad es que tenía frío. Ocho grados centígrados marcaban los termostatos. Pero a su lado, me daba igual... pues en cuanto podíamos, me cogía de la mano y me calentaba con su suave piel. ¡De ensueño!

Fuimos paseando por la solitaria y gran ciudad hasta un parque. Me gustó mucho Logroño, tiene edificios muy antiguos, altos, y las calles muy muy espaciosas. Tiene algo especial Logroño... algo no tan especial como mi niño, por supuesto. El parque era muy bonito con alta arboleda y una fuentecilla en el medio, aunque parecía frío, quizás porque era un parque a las 8 y cuarto de la mañana. Nos sentamos en un banco, delante de la fuentecilla seca, y nos apretujamos. Me gustaba ver la fuente y los árboles al frente, girar el cuello, y con este simple movimiento, ver al amor de mi vida tan cerca. No nos pudimos besar mucho, o casi nada, solo darnos la mano y acariciarnos muy pegaditos, temiendo que le viese alguien conocido. Pero quién va a haber en la calle a esas horas, chico... yo estaba por saltarle y ponerme encima suya y besarle con la misma pasión de siempre... pero no, para la locura ya habría tiempo dentro de poco. Solo podíamos darnos la mano, y a escondidas. ¡Maldita sociedad hetero, a ver cuándo cambian las cosas, pero DE VERDAD!. Nadie nos dijo nada, por supuesto... solo un somnoliento barrendero nos saludó, extrañado al ver a dos adolescentes tan sonrientes en aquellas intempestivas horas de la madrugada.

Pero somos jóvenes, y siempre tenemos hambre. Me llevó por una calle enooorme y muy ancha, preciosa, creo recordar que la Gran Vía, hasta una cafetería muy mona estilo Starbucks. Allí nos sentamos en una mesa normal, uno delante del otro, a comernos nuestros respectivos desayunos. Un croissant y un colacao para él, y un donuts normal con el correspondiente capuccino para mi, todo lo pagué yo, no quería que él gastase nada, solo sus labios conmigo. El me dió un poco de su croissant (que estaba bueno, pero no tanto como él... puff, hoy llevo el día de piropeo, verá cuando le llame, le pienso ruborizar...), y yo le di con mi cuchara un poco de mi delicioso capuccino, algo fuerte como me gusta, y con espumita y canela por encima. Pero no le gustó, es normal, ya nos acostumbraremos el uno al otro con el tiempo, si el plan sale bien.

Salimos de la cafetería y anduvimos un poco más, hacia su barrio. Pasamos cerca de la casa de Borja, al lado de una iglesia horrorosa, me contó donde compraba las chucherías... En ese momento tuve una sensación muy extraña, la misma sensación extraña (pero boniiiita) que siempre, el estar en el mismo lugar donde él había pasado todos los años de su vida. Incluso me dijo dónde había vivido antes, cerca del parque donde estuvimos, y me sentí sin quererlo como un poquito más a su lado, más cercano a su vida y a su historia de lo que ya de por sí estaba. Y más lo sentí cuando pasé por su portal... por el número tal de la calle cual... aquel portal que ya había visto en una foto, allí estaba yo. Qué pena que en su piso hubiese gente... porque me habría encantado subir, ver su casa e ir a su cuarto, conocer su área más íntima, sentarme en su cama, ver su ropa y escuchar su música. Pero de todas formas, íbamos a hacer otra cosa, sí o sí, en otro lugar, en la montaña que se divisaba desde la carretera, ya a las afueras de la ciudad...


¡Continuará!


Un besazo a todos!!


PD: esos serán nuestros desayunos dentro de un año... solo que con más pelo, claro.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Breve inciso.


Hoy no escribiré la cuarta parte de lo que aconteció hace más de una semana ya. Eso traerá malas consecuencias para mi, porque me temo que habré de postergarlo para el viernes, lo que me hará olvidar muchas cosas de las que pasaron y ser menos preciso con los detalles. Pero lo intentaré, y si no, lo adornaré un poco con florituras, porque ya los sentimientos del instante son lo difícil de recordar. Mañana no podré tampoco escribir, por el mismo motivo por el que no he podido hacerlo con más tiempo hoy: el examen de Filosofía.

Llevo toda la tarde aquí sentado, aunque bien es verdad que he estado un rato al principio en el ordenador, hablando con mi niño. Si, en la intimidad, me gusta decirle niño, o nene, aunque sé que es muy cursi e infantil... él me produce una ternura increíble, seguramente parecida a la que siente una madre por su hijo. Solo que aquí cometeremos incesto :P. El caso es que después de eso, sobre las 5 y media, me he puesto a estudiar como loco. Bueh, no como tan loco, porque mucho no he estudiado. O si. Es raro... os cuento. Estamos dando historia de la filosofía... la historia no me gusta mucho, pero sí me interesaba saber cómo empezaron a razonar los filósofos. Empezamos, claro está, por los primeros, los presocráticos. Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Demócrito, Heráclito, etc... Todos ellos y sus interesantes vidas, más bien sus pensamientos. El caso es que en mi otra casa encontré un libro de Historia de la Filosofía Griega, y por curiosidad, estuve ojeándolo. Es exactamente lo mismo que estoy dando en clase, pero más extenso, y muchísimo mejor narrado, pues el autor utiliza en muchas ocasiones el humor, y así se me queda mejor grabado en ésta desentrenada cabezota mía. Así que me sé de todo de cada uno de ellos... pero no como viene en el libro de clase, incluso más. Y ahora, al leer el libro de texto, me cuesta más estudiar, pues no sé bien por dónde empezar ni qué coger o no coger para intentar memorizar. Mañana es el último día, la última oportunidad que tengo para sabérmelo todo, sí o sí.  Y bueh, de los deberes de física, de matemáticas, de estadística... no sé cuándo los haré... y del test que llevo DOS SEMANAS retrasado en la academia, creo que le voy a añadir una semana más... le caigo muy bien a la profesora, me parece, o se le olvidó completamente...

El caso es que normalmente necesito estar seguro de que me lo sé... y en muchos exámenes de filosofía, siempre he sentido que me faltaba algo por estudiar, que no lo había memorizado... y a la hora de la verdad, ante el papel, salían muchas cosas que no sabía que tenía ahí guardadas. Pero no quiero acostumbrarme a mi buena suerte (respecto a los exámenes, claro, lo demás... pff!), vaya a ser que me confíe y de buenas a primeras reciba un batacazo en la frente. Como siempre, acabo dejándolo todo para el último día... pero nunca me ha fallado. Ahora pienso... ¿y si no es suerte, y es que soy bueno estudiando? No, no, prefiero seguir pensando que es cosa de la diosa de la Fortuna, para no estar nunca seguro del todo y esforzarme siempre más, por si acaso...

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Cambio de tercio. Hoy he estado viendo unas cuantas muchas fotos con mi madre (bueno, en el descanso de media hora para merendar, si es que al final no estoy tanto tiempo ante el escritorio...), fotos de la familia de hace mucho tiempo, cuando yo era un renacuajo y jugaba a las casitas con mi hermana. Ups, se me ha escapado. Sí, yo jugaba a las casitas con mi hermana, y con mis amigas... me gustaba ser el padre, claro, que llegaba a casa después del trabajo, hacer como que conducía y que hablaba por el móvil... y luego coger papeles y garabatear números y palabras, a imitación de mi padre. También salgo en otra foto con una caja enorme de LEGO que tenía, hará unos 9 años, lo pasaba en grande haciendo navecitas con el indiesito, Iñaki, y su hermana, Miriam. En otras estamos en París, en Cazorla, en Nerja, en Almería, en bastantes otras salimos de camping, todos juntos, en la misma caravana de siempre, llevando unas ropas , camisetas y pantalones (mi hermana y yo ya no) que sólo aparecen por esa época. 

En muchas, podría decir que yo era guapo... Era tierno, carita redondita durante un tiempo, mofletes menos hinchados en otro, alto, y delgado, pero no esquelético, aunque me decían que así parecía. Un pelo rubio oscuro en verano y negro en invierno, ojos grandes, y siempre una sonrisa en la cara, mostrando mis blancos dientes. ¿Cómo podía ser tan feliz? ¿Cómo he podido cambiar tanto? ¿Cuándo se ha realizado el cambio, si de verdad he cambiado? Bueh, da igual... físicamente sí que he cambiado. Ya no soy tan guapo, ni mucho menos, mi cara ha cambiado muchísimo: gafas, pelo largo, más alargadas las facciones, marcas de la barba... Si, que ahora me veo muchísimo más feo. Y si no, preguntadle a eGeo cómo era antes... le regalé una foto mía con 7 u 8 años, vestido con uno de las sudaderas que nos hacía mi madre. Esas sudaderas o jerséys me encantaban... ella misma los cosía,compraba la lana y se inventaba los bordados, pasaba todas las tardes ahí con la gruesa aguja, mientras yo en muchas ocasiones le intentaba imitar... pegaditos a la estufa en el salón, en invierno, cubriéndonos con el largo mantel (o cubre mesas, o como sea que se llame, que volví a olvidar el nombre... eGeo debe recordarlo!), viendo los dibujos en la tele (me encantaba ver Canal Andalucía, ponían series antiguas, y de las buenas!), comiendo chocolate y haciendo cuentas en los cuadernillos Rubio que siempre nos compraban, mientras afuera hacía frío, y apetecía quedarse en el sofá de cuero marrón acurrucadito con los lápices en la mano. Qué recuerdos, jo, me vuelve tan tierno, siento una nostalgia increíble... Espero nunca olvidarlos, y volver a sentir lo mismo por los momentos que estoy "disfrutando" ahora.

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Se ve que no soy bueno escribiendo de nada en particular, lo mío no es saltar de tema en tema, necesito quedarme en algo fijo... aunque también me gusta hacerlo, variar bruscamente. Será que hoy me duele horrores la cabeza, llevo días durmiendo un poco mal, sin ver apenas la luz del sol... ayer llovió mucho, y me gustó, pero no salí por la tarde, y lo necesitaba. Ir al inglés no es salir por la tarde...

Necesito descansar... lamentándolo mucho, el Gato se va a dar unas pequeñas vacaciones. Al menos, por un día, mañana no encenderé el ordenador.

Hasta entonces, muy a mi pesar....

Un besazo a todos!!!




eGeo, te quiero más que nunca. Eres el mejor.

martes, 14 de octubre de 2008

eGeo y Gato - Tercera parte: El momento más feliz de mi vida



Si, ahí estaba, e incluso a mí, que se lo decía convencido, me costaba creerlo. Abrazaba su cuerpo, al fin el podía oir mi voz directamente, sin necesidad de antenas ni receptores-emisores de onda. La falta de su calor humano, el aroma corporal que desprendía... eso fue lo primero que eché en falta nada más despegarse de mi, cuando su madre, inoportunamente, llamó por segunda vez consecutiva, lo que me hizo ver que todo era real, tangible y racional, ya que esas cosas no pasan en las películas.

Y nada más separase y añorar su perfume, lo pude ver. Ojos bonitos, pequeños bajo las gafas de montura trasparente, con los rastros brillantes de las recientes lágrimas de felicidad que derramó por mi. Mientras hablaba con su madre, intentando poner una voz segura y firme, lo aprecié con más detalle. Era alto, como yo, y muy delgado, daba gusto ver su buen tipo, alto y fino pero fuerte, no un enclenque más. Muy bien vestido... unas zapatillas blancas, un pantalón algo ajustado, chaqueta de cuero, lo que llevaba debajo ya escapa a mi memoria... y su pañuelo azul al cuello. Pelo negro, grueso y larguillo, como a mi me gusta, que le caía graciosamente por el lado derecho de la cara, esa cara tan bonita, tan expresiva, determinante y bella, sobre la que predominaban unos labios que no podía dejar de mirar. Unos labios que sabía que me besarían, sí o sí, esa misma noche: ya no había lugar a dudas, todo iba a salir bien.

Muy muy emocionados, comenzamos a andar por las oscuras calles de la fría ciudad, pegados el uno al otro, sin querer soltar ese calor que habíamos acumulado en el abrazo. Llegamos hasta la rivera del río, y cuando nos disponíamos a descender al paseo que está al mismo nivel del agua, aparecieron varios chicos que venían de botellona, por lo que nos tuvimos que separar. Pero volvimos a juntarnos, cogidos de la mano, y llegamos al borde junto la valla. Juntos de la mano... qué grata sensación, imposible de describir, el sentir el tacto de su cálida piel con la mía fría... esas manos tan tan parecidas a las mías, que yo creía feas, pero que ahora me doy cuenta de lo maravillosas que son cuando las tiene él.

"¿Estás preparado?"

Un suspiro de, al fin, paz, y sabiendo que completaba mi misión...

"Si"

Poco a poco, vi como sus bellas facciones se acercaban a las mías, había esperado taaanto ese momento... Esos labios que habían imaginado tocarse, antes a casi 900 km, ahora estaban tan sólo a varios centímetros de distancia, cada vez menos, hasta que solo quedaron milímetros para conseguir mi sueño. De repente, sin darnos cuenta físicamente, pero si por el alma, un átomo de su ser entró en contacto con otro mío, después una pequeña molécula, hasta que así, poco a poco, instantáneamente, en cuestión de microsegundos, toda nuestra materia particular se fundió en una sola... 

Pfff.... Ahora vuelvo a respirar aliviado, como lo hice en ese momento... ahí estaba, al lado del Ebro, en una noche iluminada por la Luna, viendo su reflejo y el del puente de piedra viejo sobre la superficie tranquila del río. Sus labios... sus bonitos labios, calientes, abrazaban los míos, algo que había soñado tantas veces... se hacía realidad. Al principio yo lo haría torpemente, no llevaba el ritmo, digamos, pero rápidamente me habitué, le cogí el gustillo y aprendí a sacarle todo el jugo. No sé si beso muy bien, pero hice todo lo posible para ser mi primera vez. Hacía frío, calor, sol, granizaba, nevaba, había sequía, tronaban los corazones y de repente todo el mundo sufrió la sacudida del terremoto de la pasión cuando mi tímida lengua se atrevió a indagar dentro de su boca. Ese momento fue maravilloso... el rugoso tacto de su cálida lengua, saborear cada rincón entre sus limpios dientes... el hecho de hacer algo tan íntimo con una persona... poder hacerlo, y, lo más de lo más importante... que esa persona quiera hacerlo conmigo.

Al fin podía dar rienda suelta a mis pasiones, podía besar, acariciar y susurrarle al oído que le quería... recuerdo ahora tantos años esperando, pensando que no vendría nunca, que yo no había nacido para ello... vuelvo a leer y releer mi blog... y veo por qué estaba así, y la verdad, no me arrepiento de NADA de lo que pasó. Adán me hizo mucho daño, me convirtió a la mierda andante que me sentí durante muuuucho tiempo, los demás me dieron de lado, creí que nunca tendría yo mi oportunidad... pero ya ven. Ya veo. Como bien dijisteis, y como yo no quise creer, tuve mi oportunidad. Alguien me quería, por increíble que me pareciese, alguien era capaz de sentir algo por mi. En ocasiones pienso que todo es un sueño...

Después del beso, nos separamos, le abrazé, y lloré. Lloré por todo lo que he dicho antes... porque era REAL, porque alguien me quería, porque recordaba a Adán, y todo lo mal que había estado. El pago fue muy muy duro... pero la recompensa ha sido mucho mejor de lo que esperaba. Al fin di mis primeros besos, los verdaderos, de puro amor, como me prometí que haría hace dos años. ¿Os dáis cuenta? Justo dos años después de lo de Adán...

Cogidos de la mano, yo llorando, fuimos a una pequeña zona donde nos pudimos sentar, como un banco en semicírculo en frente del río, algo malholiente, pero cosa que no me importaba sabiendo con quién estaba. Allí, él, como si de un rey me tratase, puso su pañuelo azul en el asiento, sobre el que me puse. Y más besos, muchos más besos... caricias, susurros al oído, y más lloros, por mi parte y por la suya. Llorábamos verdaderamente por amor... y aquí es cuando veo que estoy realmente enamorado. Es una sensación increíble, que nunca antes había sentido, ni me habían intentado explicar... algo que se te agarra al alma, una necesidad irracional de querer a la otra persona... no sé, nadie ha podido explicarlo. Pero con las lágrimas empecé a tener frío, me dolía la garganta... Él, chico atento como nunca he visto, me regaló su pañuelo, lo puso alrededor de mi cuello y lo ató con fuerza... en toda la semana no me lo quité, solo para ducharme... y aún lo llevo en el cuello, y por siempre lo llevaré. Huele a él...

Nos movimos un poco, pues ya era tarde, alrededor de las 12 menos 10, así que anduvimos por esa pasarela al lado del río, cogidos de la mano. En otro de nuestros abrazos intensos y besos dulces, con su cabeza en mi hombro, empezó a cantarme nuestra canción. Si, como toda pareja, tenemos ya una canción... y es la de Sail away sweet sister, pero cantada por Axl Rose en el comienzo de una de sus canciones, Sweet child'o mine. Cuando comenzó con su voz dulce a susurrarme al oído, no pude evitarlo, y seguí llorando más, muy muy fuerte, jadeando, furioso.  Lloraba porque ese mismo momento, ese que estaba pasando, todo lo que sentía al tener sus labios al oído, todo eso lo había deseado yo a rabiar antes. Hace meses, lloraba porque lo necesitaba, porque estaba harto de tener que esperar su llamada para que un maldito repetidor mandase su onda desde una punta de España a la otra y poder soñar que lo tenía al lado... y hace justo dos semanas, lloraba porque ya lo tenía. Lloraba de felicidad, aunque en el fondo de ese lloro, se concentraban todas las lágrimas que antes había derramado. Consiguió calmarme, como siempre. Ahora que lo recuerdo, ese fue uno de los momentos en los que daría todo lo que tengo por seguir ahí con él. Otro precioso acto fue cuando, después, en cierto momento, él me puso hacia la barandilla, mirando el Ebro y la Luna, se colocó detrás de mí, cogió mis manos, las levantó, y comenzó a cantar la canción de Titanic, "My heart will go on". Un momento realmente precioso y lleno de magia... pero que no pudimos disfrutar mucho, ya que se aproximaban unas chicas, y yo tenía miedo de que nos viesen. Cachis...

Recorrimos pocas calles de la ciudad, siempre en torno al hotel... pasamos por un parque, y nuestras manos tuvieron que abandonar el continuo contacto por la presencia de personas, ya que por ahí rondaban las de baja calaña. Pero enseguida, volvimos a cogernos de la mano, la echaba de menos enseguida si no la tenía a mi lado. Volvimos al punto de encuentro... era suya la bicicleta que yo había visto, cómo no reconocerla...

Tristemente, pero sabiendo que nos volveríamos a ver, nos despedimos. Ya había mucha gente por ese lugar, así que tuvimos que conformarnos con un abrazo... pero él hizo algo que me encantó. Me metió en un portal cercano, y allí, me besó intensamente, uno de los besos más bonitos de los muchos que tuve. Luego, otro fuerte abrazo en el que habríamos deseado estar siempre juntos, pero que desapareció cuando la gente de la calle hizo acto de presencia. Y se fue con la bicicleta... pasó a mi lado, miró hacia mi, me dió su mano, y entonces sólo pude ver amor en sus ojos... increíble, no sé definirlo bien, quizás porque es ya tarde y ésto pasó hace más de una semana... pero el sentimiento sigue aquí.

Cuando entré en el hotel, casi llorando otra vez de emoción, llamé a Kitty. Le conté brevemente lo que había pasado, y me dirigí al cuarto. Mi padre me preguntó que qué tal, le dije que muy bien, y me metí en la cama. Me dormí con nuestra foto puesta en la pantalla del móvil, tras haberle enviado un sms de amor.

Mañana iba a ser un largo día, y debía descansar...

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Uff, estoy escribiendo esto a las 12 menos cuarto... como mis padres se enteren, me matan! Últimamente no paro, estoy estudiando bastante de Filosofía, a ver cómo me va, porque es difícil y acabo de empezar... ¡el examen es el viernes, el primero del curso! Deseadme suerte... yo, sacaré tiempo de debajo de las piedras, y os contaré diariamente lo que pasó... espero que sea ameno, y relatarlo bien... no quiero aburriros, aunque sé que ya es difícil captar vuestra atención si ya lo habéis leído todo de eGeo. Pero bueh, lo cuento para vosotros, para él, y para mi.

Un besazo a todos!!!


PD: He actualizado unas cosillas, pues escribí el post demasiado rápido y se me pasaron algunas curiosidades.

lunes, 13 de octubre de 2008

eGeo y Gato - Segunda parte: El Ansiado Encuentro


Allí estaba, en Logroño, una hora antes de lo previsto, hecho un manojo de nervios, con tantas cosas en la cabeza que no podía pensar en nada en particular. Habíamos llegado ya al hotel... precioso edificio, con arcos muy antiguos, música de fondo, buena decoración, mesas y sillas en el centro, en un patio triangular al que daban las puertas de todas las habitaciones a lo largo de varios pisos. Nos acercamos a recepción, y vi a la mujer detrás del mostrador... la recepcionista de la que eGeo me había hablado... ¡según él, hasta soñó con ella! Otra vez la sensación extraña... saber que me situaba en el mismo sitio donde el chico gay más importante de la Red (para mi, y para muchos) había estado recientemente...

Nos dieron la habitación del hotel de tres estrellas, pedida a través de internet, en el primer piso, en una esquina del triángulo. Una habitación pequeña, pero muy mona, dos camas individuales y grandes, televisión de pantalla plana, armario y caramelitos encima de la almohada. El cuarto de baño me encantó, una bañera muy grande, lavabos espaciosos y un ancho espejo donde miraré muchas veces a lo largo de mi estancia para ver si estoy guapo para eGeo. Miraba por la ventana, tras las pesadas cortinas, y veía allá el puente de piedra sobre el río, y las luces de la otra parte, la calle oscura, y unos curiosos dibujos en la pared de enfrente. Mi padre pidió algo para cenar en el servicio de habitaciones, un sandwich mixto para mi. Mientras venía o no, me duché, me cambié, intentando ponerme lo más presentable posible, lo máximo que me permitía mis feas ropas de viaje. Al final, una camiseta Quechua roja, unos vaqueros (los mismos que llevé durante toda la semana...) y un polar rojo oscuro, más bien burdeos. Y las eternas compañeras mis zapatillas. Me afeité, me enjaboné la cara con una pastilla que había por ahí, me peiné y repeiné, me eché mi perfume (un botecito pequeño rellenado con la colonia que utilizo yo, "Désir", de Rochas) por la ropa y el pelo, me rocié de desodorante y me lavé los dientes dos veces. Ya estaba medianamente bien.

Daba vueltas y vueltas por el cuarto, nervioso... habíamos quedado sobre las 11, él me daría toques cuando llegase en bicicleta... El móvil empezó a vibrar a las 11 y pocos minutos, me tragué rápidamente el trozo de pan restante, me lavé los dientes por tercera vez, todo a la velocidad del rayo, y bajé impaciente por el ascensor de cristal tras un "suerte, y que lo pases bien" de mi padre. Empezaba a ponerme muy muy nervioso... no sabía lo que me iba a encontrar, quizás me gustaba, y quizás no, aunque lo más probable era que yo no le gustase a él. ¿Se defraudaría, esperaría otra cosa, pensaría que le he engañado durante tanto tiempo? ¿O, por otro lado, los dos nos habríamos engañado, pensando que somos de cierta forma, y al vernos ver que el otro no correspondía a su ideal establecido? ¿De verdad me besaría esa noche, lo haría? Eso también me preocupaba... porque otras veces en mi vida he estado muy cerca de conseguir lo que quería, de ver expectante que una situación se acerca, pero que acaba pasando de largo... como por ejemplo, el beso que fervorosamente me prometió Adán en mi cumpleaños, el 3 de mayo. Pero no, no es momento de pensar en Adán, él ya está olvidado, sepultado en su propias ruinas.

Saludé a la recepcionista cuando abandoné el recinto del hotel, y llamé al amor de mi vida, que se encontraba tan tan próximo que ni sabía dónde se encontraba. Su bonita y emocionada voz me dirigió hacia la parte trasera del hotel. Yo solo veía una vieja bicicleta enganchada con una cadena en un poste de señalización, cuando, de repente, oí en el móvil, y por primera vez en mi vida en directo, la voz, esa voz fuerte, enérgica y emotiva, gritando mi nombre.


"¡¡Gatoo!!"


Y correr hacia mi izquierda, y correr, mucho correr cual alma que lleva el diablo (en esta ocasión, el amor) hacia la figura que se acercaba a mi desde el otro lado, pataleando el suelo e impulsándome con todas mis fuerzas para alcanzar el ser amado. Al fin, en una exhalación atravesamos lo largo de la calle, y nuestros cuerpos se tocaron, unieron en un abrazo, con tanto tanto impulso que casi caemos los dos al suelo. Lo tenía allí... abrazaba unas ropas, un conjunto de músculos, huesos, sangre y otros líquidos, apretaba contra mi cuello la cabeza llena de gruesos pelos, olía el aroma, sentía la respiración agitada de un cuerpo que nunca había visto pero que pronto iba a reconocer. Le temblaban las piernas, intenté tranquilizarlo con palabras... pero eran inútiles. Rompimos a llorar muchas veces cada una a cuál mayor, durante los 7 u 8 minutos que duró el abrazo.

"Ya estoy aquí, mi niño, tranquilo, ya estoy aquí... y te quiero"

Continuará...

Un besazo a todos!!!

eGeo, Ich Liebe Dich!

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Falsa alarma... mi padre consiguió arreglar el cable... ¿como? Pues juntando los dos extremos... yo, que soy un catastrofista de mucho cuidado... ains!! Por la falta de tiempo, lo he escrito rápido y no todo... mañana más, mil disculpas!!
Se me acaba de joder todo.

Bueh, todo, es internet. Aparte de llevar toda la tarde escribiendo la historia con eGeo y tener conexión intermitentemente, ahora va y se me parte el cable del router wifi. Guay. Ahora qué?. Ahora nada, el Gato se quedó sin internet hasta tiempo indefinido. Ahora intentaré llamar a mi padre, a ver si me propone alguna solución.

Estoy con una mala leche increíble, es de las pocas veces que me enfado de verdad, me cabreo como nunca cuando no consigo tener internet. Mi punto débil, mi fallo que no se puede arreglar.

Hasta más ver, lo siento mucho por todos. Intentaré solucionarlo lo más pronto posible... mientras, utilizaré el ordenador de mi hermana, aunque no podré escribir.

Un beso a todos.


eGeo, te quiero con locura, que no se te olvide ^^

domingo, 12 de octubre de 2008

Un pequeño paso para la humanidad, un gran paso para el Gato.



Os voy a contar lo que sucedió esta mañana. Muy fuerte para mi... pero que tenía que llegar tarde o temprano.

Antes, os informaré de otras cosas, para que vayáis viendo por dónde irán los tiros. En esta semana de asueto acompañado de mi padre, aparte de la paz interior de cada uno, de la autoreflexión, hemos dialogado. Si, los dos, di-álogo. Hemos hablado de muchas cosas... pero principalmente, a mi me interesaba sacar el tema de eGeo. Quizás porque pensaba en él las 26 horas del día... puede ser. El caso es que de ello hemos hablado varias veces... él decía que no se sabía lo que podía pasar en un futuro, así que debíamos tener cuidado al planear muchas cosas, pues todo podría salir o no salir: nos ilusionaríamos y habría bastantes posibilidades de fracasar, decepcionarnos y frustrarnos aún más. Eso lo entiendo... pero bueno, si soñar es gratis, ¿por qué privarme?. Me parece que ya sé muy bien dónde acaba la realidad, y empieza la ficción... cuáles planos de nuestro futuro hacer y cuándo es mejor no imaginar...

Me dijo en varias ocasiones que lo que pueda o no pasar en el futuro dependía de las circunstancias. Y esas circunstancias eran eGeo, su madre, yo, y la mía. Osea, que el problema podría estar en mi madre. Me aseguró que intentaría hablar con ella para irla poniendo al corriente de la situación, para ver como se lo tomaba... pero ojo, a todo esto, y es lo que me sorprende y puede pasar inadvertido, no se dijo ninguna palabra sobre qué es lo que se hablaba. ¿Qué le diría a mi madre, sobre qué situación habría de informar, el qué se iba a tomar bien o mal? Ninguno de los dos dijo nada. Hasta hoy, que se ve que él no pudo más.

Esta mañana me levanté temprano (a las 10), estuve desayunando, arreglando las cosas, barriendo, recogiendo la ropa, etc... ,mientras mis padres salían en coche a mi otra casa, para darle una vuelta y ver cómo estaba. En cierto momento cuando llegaron mis padres antes de comer y ya estaba yo en el ordenador, entró mi padre en el cuarto. Empezó a arreglar el pomo de la puerta, y me habló por lo bajo. Mi madre por lo visto estaba muy mal, y habían hablando entre ellos en el viaje. Me dijo que le ha empezado a decir a mi madre que eGeo vino a verme a Navarrete, poco a poco, para que lo vaya asimilando. Y en cierto momento, de sopetón...

"¿A ti te gusta ese chico?".... Titubeos, sudor frío por el pecho... "Si, si, si..." primero débiles y luego más fuertes.

Le dije que si, que me gusta otro chico, él conoce al chico... osea, ya saben que soy gay. Me dijo también que si lo tenía seguro, o que si dudaba de algo... le dije que no, que lo tengo claro. Si, que soy maricón perdío, y estoy super orgulloso de ello, lo tengo super asumido, pues hasta he hecho el amor con la persona que más quiero en este planeta y en los de alrededor. Esto, por supuesto, no se lo dije, sino que lo pensé. Siguió diciéndome que, como yo no contaba nunca nada, pues que tenían que ir adivinándolo ellos, por lo que era más difícil. Me sinceré diciéndoles que para mi era mucho más difícil, que es duro y complicado contarlo, y que tenía algo de miedo. Me respondió diciéndome que lo comprendía, que era lógico y que él estaría igual que yo en mi situación.

Dijo que intentaría hablar con mi madre poco a poco, para irle poniendo en antecedentes, y que lo fuese asimilando lentamente. No sé si ése es el problema... que mi madre quizás no lo acepta, y que mi padre quiera hablar con ella para que lo asuma. Yo creo que no le importará... también es verdad que ella está en un momento terrible por muchas cosas... se siente sola... y yo cada vez me aparto más, porque tengo otras cosas que hacer y de las que preocuparme... pero ahora me viene lo difícil. Se lo tendría que decir yo, lo sé... que no fuese como mi padre, que me lo ha preguntado él... que en parte es lo que quería, si... pero resulta como de cobardes,¿no?. Pues si, seré un cobarde, que ni en la feria me quiero subir en ningun cacharro, solo en el típico saltamontes...

Pero como no quiero comparar a mi madre con un saltamontes, diré que voy a dejar el río correr. Si mi padre se lo dice, bien, perfecto, yo sólo lo que quiero es que dentro de unos meses la situación con mi familia sea ideal y amena. Que sepan que soy gay, y que no tengan problemas en aceptar que tengo un novio de mi edad en Logroño. Porque vaya, se podrán quejar, pero eGeo es totalmente aconsejable para mi, me parece... si es que es ideal!.

Mi padre terminó de arreglar la puerta, me dijo que no pasaba nada, que actuase con normalidad, y se fue. Los minutos siguientes, quedé en estado de shock... ahora estoy normal, como si no pasase nada. Como realmente debería estar.

Total, que el gato está cada vez más cerca de mi salida oficial de armario. Ya dejará de haber gato encerrado... jejeje.

Como bien me dijo Oso esta mañana, pues estaba hablando con él cuando pasó lo que pasó... se me abre un proceso enorme.... ¡Espero salir bien de ésta!

¡¡Un besazo a todos!!

eGeo y Gato - Primera parte: El Viaje Definitivo


Al fin. Tras una noche de llantos al teléfono, henchidos ambos de amor, me desperté a las 6 y media. Sobre las 8 cogimos, somnolientos y ridículos con nuestras pesadas y voluminosas mochilas por la ciudad, que nos hacían sentir fuera de lugar, el Cercanías Fuengirola - Málaga, para luego esperar un ratito allá y embarcar (¿No sería entrenar, ya que se trata de un tren, no de un barco?) en el AVE Málaga-Madrid de las 9 y media. El viaje se nos hizo pesado... tuvo varias paradas, en total duró casi 3 horas... nos pusieron una película, "Conversaciones con mi Jardinero"... pero nos la cortaron antes de verla entera, una pena pues estaba muy bien, aunque ahora no me voy a parar a relatar de qué trataba. 

Finalmente, a las 12 menos cinco minutos, llegábamos a la estación de trenes Atocha de Madrid. Allí estaba esperándonos Milú, y tras un largo abrazo a cada uno de los dos, salimos a la estación. No teníamos nada que hacer hasta las 6 y media que salía el siguiente tren, así que nos dejamos guiar por ella a través de la inmensa ciudad. El paseo del Prado, el Retiro (ahí me acordé de Jorge y sus aventurillas por el parque, aunque a decir verdad, casi siempre tenía en mente al Osito... aunque tenía la esperanza de encontrarme al Rey del Recorte por la calle, cosa más que improbable), y por último lo que más me gustó de Madrid: ¡¡el Vips!! Adoro ese local... porque además en la entrada, al menos en el que yo fuí, hay libros de historia, pintura o arquitectura, películas y muchas cositas interesantes para mi. ¡Pero también demasiado caras para mi!

Paseamos mucho al lado de Milú... nos contó diversas cosas, hablamos de nuestra web (tenemos una web en común los tres, sobre poesía, y nos va muy bien... no digo nada más, por seguridad :P), de Les Luhiers, de nosotros, del Camino, y, en los momentos más confidentes, intentábamos sonsacarle algo de su vida personal, de todos sus problemas... pero una vez más, resultó impenetrable. Sabemos que está mal, se quiere separar de su marido, pero no puede... tiene las cosas muy muy difíciles. Así que ahí estábamos, 6 horas en Madrid para complacerla, para que se sintiese bien al menos durante un pequeño espacio de tiempo, un breve resplandor de luz en sus apagados días. La quiero mucho, pero en ocasiones me siento tan impotente, al no poder hacer nada...

Madrid, bonito y gran Madrid, mucha gente peculiar. Pero ese día no iba a ser sólo Madrid... porque aunque me costase creerlo, esa misma noche estaría en Logroño con eGeo, mi chico, él, la razón de mi viaje. La verdad, y me sorprendía a mi en su momento... no estaba nada nervioso. Era como si ya tuviese todo hecho, y solo faltase esperar... pero tampoco quería que el tiempo pasase rápido, o lento... prefería no pensar, pues sabía que llegaría sí o sí. Esa noche vería a eGeo, todo iba a salir bien, tendría mi primer beso y sería feliz... es una sensación tan extraña para mi, tener por primera vez algo seguro... Empezaba a disfrutar el momento, sin tener en mente lo que hacer después o lo que he hecho antes... de tal manera, todo trascurriría con más normalidad.

A las 6 y poco embarcamos (...entrenamos...), despidiéndonos calurosamente (porque calor en la estación hacía, con tanta humedad por las plantitas y tal... aunque eso si, precioso!), y volvimos al traqueteo del tren. Hacía algunas paradas, y no era un AVE... pero eso si, igual volaba, aunque por las paradas llegaríamos a las 11. Pusieron otra película... "27 vestidos", la típica comedia romántica americana... pero que me caló más que la película anterior (que si era mucho más profunda, francesa, buenísimos guiones y complejos personajes), quizás por el tema del que trataba. Una chica organiza las bodas de sus amigas, pero ella no tiene a nadie con quien casarse. Se enamora de su jefe, su hermana se lía con él y entonces la prota tiene que organizar la nueva boda, la que más le duele. Al final, les fastidia la boda, y consigue enamorarse de otro chico, un escritor. Parecido a mi historia, ¿no creéis?. Sólo queda ver si mi trama termina igual que la otra, es decir, casándome con el escritor, eGeo. Quizás sea el momento, que estaba cansado, la sensación de proximidad con eGeo que aumentaba por kilómetro recorrido, no sé... pero varias lágrimas se me escaparon de mis emocionados ojos cuando se dieron el beso tras el "sí quiero". No, que los chicos no lloran. (Juas, eso no se lo cree ni Bosé).

Ya, ya, al fin, me acercaba a eGeo... lo sentía, cada vez más... empezaba a impacientarme... miraba el reloj cada dos minutos... a las 10 menos cuarto ya estaba exasperado, tenía hambre, así que tras terminar de ver la película (y esconder esas lagrimitas), nos dirigimos al vagón restaurante, que de restaurante poco tiene, ya que sólo ofrecen sandwiches empaquetados al vacío.  Pero imaginad cuál fue nuestrar sorpresa cuando nos dijeron que ya estaba cerrado... ¿Cómo iba a estar cerrado, si todavía quedaba una hora de tren? No lo entendimos... hasta que nos dijeron que era lógico, pues llegaríamos a la estación en 7 minutos... ¡¡¡Osea, que el tren arrivaba a las 10, y no a las 11 de la noche!!! En ese momento, en el reflejo del oscuro cristal que a medias mostraba la noche exterior, vi mi careto mostrando una ridícula sonrisa de felicidad... tuve que girarme, no me gustaba lo que veía. Pero qué despistados somos, que ni miramos el horario de llegada, ¡yo que tenía todo planeado con eGeo para vernos a las 11 y media!

Ya casi taquicárdico, volví a mi asiento tras recorrer temblorosos vagones... ¡¡cada vez más cerca!! Las luces que se veían a lo lejos iban aproximándose, cada vez más lentamente, hasta que el tren detuvo por completo su movimiento. Al bajar del tren y pisar el suelo, pensé dos cosas. La primera... ¡Ostia, pero qué frio, joder!. Y es que yo estaba con la mínima ropa por el caldeado ambiente de nuestro coche (vagón), la baja temperatura me impactó fuertemente. Lo segundo... ¡Ostia, que ahí pone Logroño, que estoy aquí, y este frío me hace sentir, es totalmente real, me duele!. Y empezó un leve tembleque de piernas, una vibración constante de mis extremidades, como me suele pasar cuando estoy muy nervioso... aunque ahora que lo pienso, pudo bien ser causado por el penetrante frío. 

Salir de la estación y no encontrar ningún taxi, sentir más frío, todo eso me daba igual. Alcancé a teclear en mi móvil el número de eGeo, lo llamé... y le di la buena y feliz noticia. Feliz... ya empezaba yo a estar feliz. Curioso momento ése... no sabía lo que hacer, me sentía extraño, fuera de mi lugar, pero en mi sitio... andaba por terrenos peligrosos y desconocidos, pero sabía que debía estar ahí, que iba por buen camino. Mi padre pidió un taxi, y mientras volvía, conocimos a otro paciente viajero que esperaba su vehículo, descubriendo que era también de Málaga, que le gustaba andar, y que habíamos escalado las mismas montañas. ¡Qué cosas, irse a Logroño, para conocer a un paisano tuyo!

Llegó el taxi... bonita ciudad pude ver por los cristales salpicados de agua... empezaba a llover finamente... pero me dio igual. De nuevo esa extraña sensación... una ciudad desconocida, pero que sentía mía... ¿será por todo lo que nos ha hablado eGeo de ella, o porque él mismo ya representa esa ciudad, y esa ciudad representa a eGeo? Amaba la ciudad, como amaba a eGeo... Y allí estaba yo. El señor taxista nos dejó en frente del hotel. Un hotel precioso, por cierto, tal y como mi amor me lo había descrito. Algún día pasaré una noche allá con él... cenaremos entre los arcos, subiremos besándonos en el ascendor de cristal, y disfrutaremos de una divertida noche en la gran cama... 

Ahora tocaba ducharme, cenar algo y...

encontrarme con el Amor.