jueves, 22 de enero de 2009

Días aburridos.


Me sumo de nuevo a la monotonía de mi vida. Un día acaba siendo igual que el otro... lo único que le salva es la horita de conversación con mi niño (que estará haciendo ahora el examen... ¡¡le deseo muchíiisima suerte!!). Esto es malo, porque significa que no hago nada productivo... pero bueno, porque así se pasará más rápido el tiempo.

Hoy, como ayer, y el otro, y el otro, ha sido un día aburrido en clase. No he hablado con casi nadie, he estado todo el rato recluído en mí. Faltó mi querida profesora de Literatura, así que pasé toda la hora escuchando música y ojeando el libro de Física, ya véis, no tenía otra cosa mejor que hacer. Todos los demás estaban apiñados, hablando de las diferencias entre chicos y chicas en cuestión de pareja... cosa que nada me interesa. Cada vez soy más introvertido respecto a mi clase... veo a la gente aburrida, simple, no son nada interesantes para mí. Prefiero estar solo pensando en mis cosas que callado oyendo sus tonterías.

Kitty en una ocasión se acercó a mí a preguntarme si me pasaba algo... y le dije que absolutamente nada, que estaba bien, solo que no tenía ganas de estar con gente. Con ella si hablé un poco... pero me cansé enseguida, ya que todos los temas acababan derivando en ella y en su novio, su querido novio. Le hablo un poquito de eGeo, y vuelve a saltarme con él. Ya veo lo que le interesa lo que yo diga... siempre escucho yo, nunca mis palabras son escuchadas. Por eso paso de gastar saliva. Bastantes años he pasado haciendo el palipé. Están organizando una fiesta de disfraces para Semana Blanca... y creo que paso de ir. No me refiero a la Semana Blanca de El Corte Inglés,  la Semana Blanca de aquí son unos 7 de vacaciones que tenemos aquí en Febrero... también hay en otras regiones, pero no sé exactamente en cuáles, ya que no es algo nacional.

Cada vez veo a la gente más simple, son todos unos clones unos de otros. Será por el contraste, me encontraré confuso, desorientado, defraudado con todos, al pasar un fin de semana con esas personitas tan especiales... pero el caso es que me aburren todos. Dentro de poco ya dejaré de aburrirme, más que nada, porque no tendré tiempo para pensar en más cosas que no sean los exámenes. La semana que viene tenemos ya el primero fuerte de matemáticas y uno leve de dibujo técnico, a la siguiente ya viene historia, física, lengua, y algo más que caerá. En filosofía (Descartes) y en historia (Restauración) me estoy enterando de todo, la verdad es que lo paso bien en las clases. Estoy el primero, presto atención, tomo datos, aprendo, y se me pasa el tiempo rápido. Nunca creí que diría que esas clases me llegarían a gustar. Pero es que me ayudan a evadirme... a evadirme de la nada.

Pocas cosas ya que contar quedan. Que como siempre, no hago nada por las tardes, y eso ha de cambiar. Hoy he hecho matemáticas y una redacción de inglés, pero es poco. Estoy acostumbrado a pasar la tarde vagueando y entreteniéndome con chorradas, para luego al final del día ponerme a hacer todo corriendo, y escribir a la velocidad de la luz, y encima, mal. Por ello reduciré la calidad de los posts, pero seguiré actualizando el blog día a día, mientras pueda, con la consecuencia añadida de que serán más cortos.

¡¡Un besazo a todos!!

miércoles, 21 de enero de 2009

Orlas

Hoy en clase no hemos hecho nada, tan sólo una triste clase de historia a última hora. En las dos primeras, una profesora faltó y otra... bueno, la otra es la de inglés, que como pasamos mutuamente el uno del otro, es como clase perdida. A las 10 y pico llegó el fotógrafo, se armó el revuelo, y nos fueron llevando uno a uno.

Yo, por el apellido, fui el primero en irme hacia mi fatídico destino, hacia el salón de actos. Allí el fotógrafo, chico de mediana edad muy simpático, había preparado unos focos y flashes, un asiento, y un panel blanco detrás. Me puso la toga falsa esa que suelen poner, como un traje pero sólo por la parte de los hombros y el cuello. Unas pruebas con el fotómetro, y pim, pam, pum, tres fotos hechas. De las tres, que me dejó verlas después, salía demasiado sonriente en dos, en una medio aceptable, la que escogí. Tenía esas muecas tan raras porque delante los compañeros no dejaban de decirme cosas, era el primero, estaba nervioso, y yo qué sé qué sé yo. El caso es que, como siempre, y a pesar de haberme levantado antes y haberme peinado durante una media hora, en la foto salí mal. Pero da igual. Esa foto sólo se colgará en el salón y la verán mis abuelitos... y como ellos nunca vienen a casa, siempre se quedará ahí.

Estos días en clase son bastante aburridos... carentes de sentido, de emoción. No hablo nunca con nadie, a cada rato estoy con una persona diferente, pero con ninguna estoy a gusto. Me voy con Alex, me escapo con Kitty, charlo con Julián, hago el tonto con el mijeño o intercambio canciones con Azul... pero ya está. Lea lleva desaparecida días, ya ni viene a clase, como su novio. No sé qué estarán haciendo, lo que temo es que le está afectando demasiado en el aspecto académico. No es bueno.

Hoy ando ocupado, y no sé qué poner. Así que os integro un poema de García Lorca, la Canción novísima de los gatos, que ha de estar aquí, como buen Diario de un gato que es. También os dejo un vídeo de un compositor nuevo que acabo de conocer gracias a un lector amable. Ludovico Einaudi. ¡Espero que os guste tanto como a mi!







Canción novísima de los gatos - Federico García Lorca

Mefistófeles casero 
está tumbado al sol. 
Es un gato elegante con gesto de león, 
bien educado y bueno, 
si bien algo burlón. 
Es muy músico; entiende 
a Debussy, más no 
le gusta Beethoven. 
Mi gato paseó 
de noche en el teclado, 
¡Oh, que satisfacción 
de su alma! Debussy 
fue un gato filarmónico en su vida anterior. 
Este genial francés comprendió la belleza 
del acorde gatuno sobre el teclado. Son 
acordes modernos de agua turbia de sombra 
(yo gato lo entiendo). 
Irritan al burgués: ¡Admirable misión! 
Francia admira a los gatos. Verlaine fue casi un gato 
feo y semicatólico, huraño y juguetón, 
que maullaba celeste a una luna invisible, 
lamido (?) por las moscas y quemado de alcohol. 
Francia quiere a los gatos como España al torero. 
Como Rusia a la noche, como China al dragón. 
El gato es inquietante, no es de este mundo. Tiene 
el enorme prestigio de haber sido ya Dios. 
¿Habéis notado cuando nos mira soñoliento? 
Parece que nos dice: la vida es sucesión 
de ritmos sexuales. Sexo tiene la luz, 
sexo tiene la estrella, sexo tiene la flor.  
Y mira derramando su alma verde en la sombra.  
Nosotros vemos todos detrás al gran cabrón. 
Su espíritu es andrógino de sexos ya marchitos. 
languidez femenina y vibrar de varón,  
un espíritu raro de inocencia y lujuria,  
vejez y juventud casadas con amor. 
Son Felipes segundos dogmáticos y altivos, 
odian por fiel al perro, por servil al ratón, 
admiten las caricias con gesto distinguido. 
y nos miran con aire sereno y superior. 
Me parecen maestros de alta melancolía,  
podrían curar tristezas de civilización. 
La energía moderna, el tanque y el biplano 
avivan en las almas el antiguo dolor. 
La vida a cada paso refina las tristezas,  
las almas cristalizan y la verdad voló, 
un grano de amargura se entierra y da su espiga. 
Saben esto los gatos más bien que el sembrador. 
Tienen algo de búhos y de toscas serpientes, 
debieron tener alas cuando su creación. 
Y hablaran de seguro con aquellos engendros 
satánicos que Antonio desde su cueva vio. 
Un gato enfurecido es casi Schopenhauer. 
Cascarrabias horrible con cara de bribón,  
pero siempre los gatos están bien educados 
y se dedican graves a tumbarse en el sol. 
El hombre es despreciable (dicen ellos), la muerte 
llega tarde o temprano ¡Gocemos del calor! 
Este gran gato mío arzobispal y bello
se duerme con la nana sepulcral del reloj . 
¡Que le importan los senos (?) del negro Eclesiastés, 
ni los sabios consejos del viejo Salomón? 
Duerme tú, gato mío, como un dios perezoso, 
mientras que yo suspiro por algo que voló. 
El bello Pecopian (?) se sonríe en mi espejo, 
de calavera tiene su sonrisa expresión. 
Duerme tú santamente mientras toco el piano. 
este monstruo con dientes de nieve y de carbón. 
Y tú gato de rico, cumbre de la pereza,
entérate de que hay gatos vagabundos que son 
mártires de los niños que a pedradas los matan 
y mueren como Sócrates
dándoles su perdón. 

martes, 20 de enero de 2009

So happy together... hasta que s'acabó!


Mis ojos se abrieron y percibieron lo mismo que cuando los cerré por última vez. Las seis vigas en el techo. A mi lado estaba Alicia despierta pero sin hablar, como Chris, Martin, y J, desvelados aunque yacentes todavía, sin ganas de levantarnos. Eran las 10 de la mañana y el sol entraba con fuerza por el salón, atravesaba la puerta entreabierta y nos deslumbraba. M y Rober ya estarían en cualquier sitio, quizás desayunando, luego descubrimos que se habían ido a dormir al salón, no sabemos bien por qué.

Estuvimos alrededor de una hora y media somnolientos revolcándonos entre las sábanas. Alicia me decía que yo por la noche había hablado, había dicho cosas incoherentes, como "Notre Dame dos tres dos tres"... me quedé muy sorprendido, ya que no sabía que yo por la noche hablaba... aunque ella me aseguró que más sorprendida se había quedado, y más que nada, asustada, jeje. Espero que a eGeo no le importe que yo hable... y si es así, pues que me tape la boca, que me bese, o que me pegue un almohadazo, que yo no quiero molestar. Como Martin y Chris seguían con sus besuqueos matutinos, me fui a duchar. Una ducha espléndida en un cuarto de baño espléndido, salí como nuevo, listo para encarar un día más y ganar a todos en el Guitar Hero. La parejita se encerró misteriosamente en el cuarto mientras los otros desayunábamos tostadas con mantequilla Lorenzana, una mantequilla pura (¡y muy cara!) que me fascina.

La mañana pasó rápida, muy triste. El día era cálido, precioso, por lo que, tras jugar mucho con la batería y la guitarra, estuvimos largo rato paseando e inspeccionado el terreno. Estuve dando una vuelta solo por la parte posterior, por un caminillo que se internaba entre las colinas de bosque, pero no llegué muy lejos. Volví a la casa, y me senté con los demás en el puente sobre el  bonito riachuelo que delimitaba la finca. Hice más fotos, hablé con ellos, tomé el sol... y se empezó ya a echar de menos aquello, aún sin haberlo abandonado sentía nostalgia. Nos fuimos a comer tarde, sobre las tres y algo, puesto que habíamos desayunado muy tarde. Hicimos lasaña precocinada en el horno, deliciosa, aunque sobró demasiada, y es que Martin se empeñó en hacer una tercera bandeja. La cosa ya era distinta, estábamos todos muy callados. Teníamos una sola hora de libertad ya, pues a las 5 habríamos de ponernos manos a la obra, arreglar los cuartos, organizar el salón y limpiar todo lo que pareciera sucio. Los padres de Martin tenían que dar el visto bueno, para que en próximas ocasiones nos dejasen irnos más tiempo. Eso era todo lo que deseábamos, estar más tiempo, se nos había pasado demasiado corto. 

Esa hora de libertad, como decía... fue pésima para mí. Os pongo en situación. Estaba yo en el salón sentado en el sofá, con todo el mundo yendo de un lado para otro, algunos recogiendo, otros tomando algo de postre. Martin y Chris estaban en el suelo ante mí, acariciándose, besándose, primero tímidamente, luego, cuando me pude de manera que no me vieran la cara ni yo les viese, sin tapujos. Me puse a mirar mi móvil como quien no quiere la cosa... y vi los mensajes de eGeo. Entonces mi alma se empezó a marchitar más que nunca, mi cara se agravó, y en el corazón aparecieron sentimientos que creía lejanos, ya olvidados. Me sentí, sobre todo, desdichado, mucho. Mucho más me sentí cuando Alicia se sentó a mi lado, me miró a los ojos, y me preguntó si me pasaba algo. Entonces rompí a llorar. Como siempre, el Gato, en el momento más inoportuno se pone a llorar como una niña. Pero lloré y lloré, silenciosamente, sin que los demás se dieran cuenta, lloré sobre le hombro de Alicia durante un rato. No había manera de animarme, la compasión no me servía, simplemente me veía desdichado, con mala suerte, en un mundo que no estaba hecho para mí. Creía uqe todo me iba a salir mal siempre, y que para que algo debiera salir bien, tenía que esforzarme demasiado. El precio que tenía que pagar era mayor que la recompensa misma, o eso era lo que veía en ese momento.

Llevo varios días así, hasta que exploté allí. Necesitaba hacerlo... pero no quería derramar mis lágrimas contenidas en una casa ajena, durante un fin de semana que se suponía debía dedicar nada más que para mi disfrute, para despejarme, para olvidarme de todo y reponer fuerzas. Poco conseguí. Al menos redescubrí satisfactoriamente a mis nuevos amigos. Alicia se preocupó mucho por mí, en el viaje de vuelta, al abandonar ya ese paradisíaco lugar de evasión, me dijo que le dolía verme llorar. Se le veía apesadumbrada... entonces me arrepentí mucho más de haber sido tan débil. Pero es que no pude, no pude evitarlo, era ya incontenible. No quería que ella se sintiese mal... que lo hacía, porque no veía solución alguna a mi problema. Problema que ni yo sé clarificar...

Muy a nuestro pesar, el fin de semana se había acabado. A las 6 y algo ya estábamos de vuelta hacia el hogar. Volver a la rutina de siempre... solos, sin apoyo, repitiendo lo mismo cada día, sin motivación alguna.

Al menos puedo presumir de que estuve muy feliz durante estos dos días. Aunque no completamente feliz, por mucho que quisiera. Me pregunto si algún día lo estaré.


¡¡Un besazo a todos!!

lunes, 19 de enero de 2009

So happy (and sleeping) together...


Después de la abundante y deliciosa comida, de arreglar la cocina y poner el lavavajillas, nos fuimos al salón. Nos entró la morriña, ya sabéis, el adormecimiento tras la comida, cuando estás con el estómago lleno, se te cierran los ojos y solo piensas en la cama, en ocasiones terminando en la típica siesta española. Parece ser que ese fenómeno sólo se da en este país... cosa extraña.

Algunos cantaron, otros tocaron la guitarra y la batería, pero yo, más cansado que los demás, me senté en el sofá con Alicia, medio dormidos, cerca del crepitar de la chimenea. Comenzó entonces a dolerme la cabeza horrorosamente, a quemarme los ojos y a sentir que desfallecía. Estaba totalmente sumido en un sopor irritante, apenas me sostenía a ponerme en pie, me sentía con fiebre... y como es típico en mí, yo no dije ni mú. Alicia lo notaba, e intentaba sacarme de mi aletargamiento. Hasta que no pude más, y dije a todo el mundo que me encontraba muy mal. Martin me dijo que allá no tenían ningún medicamento... pero entonces yo recordé que al abrir casualmente un pequeño cajón de un mueble, había visto, milagrosamente, un paquetito de Espidifén. Desaparecí de escena y aparecí con el sobre en la mano, ante el asombro de los demás, dispuesto a tomármelo. Me sentó de maravilla, me curé en un plisplas, y ya pude unirme a la fiesta. Canté, bailé, salté, toqué la guitarra, me reí, todo fue genial.

Pasamos la tarde entera encerrados en ese saloncito. En ocasiones echaba un vistazo al móvil, que seguía sin cobertura todo el día. No podía darle ni un toque ni mandarle un mensaje a eGeo, como tampoco podía recibirlos. En un momento dado, me llegó uno que escribió 4 horas antes, entonces salí a la calle en la noche a buscar un poco de señal. Él sin duda estaría enfadado, mal, defraudado, porque vería que yo lo tenía apagado... y tenía que explicárselo cuanto antes. Conseguí al fin enviárselo, esperando que él se hubiera calmado. A pesar de no saber nada de él y de estar tan lejos, sé perfectamente cómo se siente en muchísimas ocasiones. Lo conozco como la palma de mi mano. Y sé también que le habría encantado estar allí conmigo, en esa bonita casa, con esa gente tan simpática, tan abierta a todo, tan libre de prejuicios. Cada vez que Martin y Chris, o Rober y J se daban un beso, algo en mi corazón hacía "crick", me sentía romper por dentro, más vacío que nunca. Yo, que he tenido una vida penosa llena de adversidades, ahora tengo que soportar una dolorosa relación a distancia, con muchísimos de sus contras y sus débiles pros, aunque eso sí, al final si todo sale bien la recompensa será enorme. Pero quiera o no... en ocasiones me canso y me harto... pero de ello aún no he de hablar.

La noche era ya total, comenzaba a hacer demasiado frío, y en nuestros estómagos rugía el hambre. Rober se metió de nuevo en la cocina, Martin puso música, Alicia bailó con ella, Chris preparó la mesa, J y M jugaron a la nintendo DS y yo hice un poco de cada. Las salchichas y las hamburguesas ya estaban en la mesa. En esta ocasión, no me gustó mucho la velada, ya que tenía el estómago algo revuelto, seguía sintiéndome mal... y a demás, descubrí tarde que las hamburguesas estaban poco hechas, con sangre aún. Y a mí la sangre en la carne me sienta muy muy mal... a parte de que me resulta repugnante, no puedo con ella, necesito las comidas muy bien hechas. Con malestar terminé de comer y me volví al salón. Nos pusimos los pijamas, yo exageré un poco, quizás, ya que iba todo doble. Me puse dos pantalones, uno de chándal y otro de pijama, dos camisetas, y dos calcetines. Llevaba unos solos boxers, los de eGeo, pero no eran necesarios más, porque ya me calentaban por sí solos (Toma lo que he dichoooo). Pusimos mantas en el suelo, nos tumbamos y estuvimos hablando sobre qué hacer. Al final se decidieron por un plan imprevisto para mí: ver un espectáculo de Les Luthiers. Yo le había llevado a Alicia unos DVDs que yo tenía, sabiendo que le gustaban... ¡pero lo que no sabía es que los verían allí con todos!.

A algunos les aburrió, como a J, a M y a Rober, pero a los otros tres les encantó. Entonces fue cuando, tumbados en el suelo, Martin y Chris empezaron con el tonteo, a besarse, a tocarse. A un lado estábamos Alicia y yo, pendientes de la pantalla, intentando hacer oídos sordos al muack muack, aunque era inevitable. Yo... no me sentía muy bien, lógicamente... pero bueno, ya sabía que eso ocurriría, y venía preparado. En el viaje de ida esa misma mañana me había concienciado de todo, de que debía pasármelo bien, olvidar los problemas, la lejanía, la soledad, todo, simplemente divertirme con mis amigos. Pero... era inevitable. Alicia, ella fue mi punto de escape. Hablando con ella de chorradas, riéndonos con Les Luthiers, o explicándole chistes, conseguía evadirme de todo. Ya eran casi las 3, no teníamos sueño, pero aun así nos fuimos a la cama.

Habíamos preparado con anterioridad una habitación para dormir, con sus estufas puestas todo el día con el fin de caldearla. En el centro había una cama de matrimonio, y a los lados, dos colchones en el suelo. Nos dispusimos de la única manera posible... y la más triste para mí. A un lado, Chris y Martin se besaban bajo las sábanas, a otro J y Rober se acariciaban, y en el medio, el Gato miraba las vigas del techo con los ojos como platos, entre las dos chicas. Hablábamos, nos reíamos, Rober no paraba de decir tonterías y de hacer el payaso, no teníamos sueño, no nos queríamos dormir. Como me dijo Alicia, para ella dormir era morir, ya que nos quitaba tiempo de nuestras vidas. Yo le dije que cuando dormíamos, podíamos soñar, sueños que después podríamos hacer realidad. A pesar de mi aparente positivismo, yo me hundía cada vez un poquito más entre las sábanas, atravesando el colchón, el somier y las baldosas del suelo, llegando hasta el lugar en el que muchos años me había recluído.

Menos mal que sobre las 4 conseguí conciliar el sueño, entre los sonidos en estéreo de las parejas felices.

domingo, 18 de enero de 2009

So happy together... and home alone!


He pasado, sin duda, uno de los mejores fines de semana de mi vida. Con mis amigos... mis verdaderos amigos, solos, en una casa de campo. Una maravillosa casa de campo... pero bueno, vayamos por partes.

Antes de nada, quiero anunciar algo importante, muy importante. Voy a hacer algo único, sin precedente en este blog... cambiar un nombre a una persona. A partir de ahora, Lara, mi amiga tan cercana, a la que hace relativamente poco descubrí y comprobé que merecía la pena su amistad, pasará a ser... Alicia, mi amiga tan cercana, a la que hace relativamente poco descubrí y comprobé que merecía la pena su amistad... Ese nombre... bueno, sé que le gusta mucho "Alicia en el país de las maravillas", y si algún día le muestro mi blog, creo que le gustará. También llamaré Rober al rubito gay, que el pobre siempre ha estado ahí pero aún no había tenido un nombre.

A las 9 menos 10 el niño de mis ojos me llamó al móvil y me sacó del sueño, tal y como yo le había pedido. Me duché, arreglé las cosas, y a las 11 ya estaba esperando con Alicia (ex-Lara!), Martin, su novio Chris, Rober, M, y J. M es una muy buena amiga de Alicia, chica simpática, callada, pero que cuando quiere, habla mucho y payasea como el que más. J es un chico alto, de 19 años, pelo oscuro como el de eGeo, que está de rollo o de relación extraña con Rober, también se junta con nosotros. Le he puesto sólo esas iniciales (las de Michael Jackson, ahora que lo pienso) ya que no son muy importantes en mi historia, al menos no todavía. Al poco llegó el padre de Alicia, nos repartimos entre su coche y el de Martín, y partimos hasta la casa del segundo, cerca de Alhaurín. A la media hora corta llegamos, entre naranjos, limoneros, chumberas y muchas otras casas, a la preciosa villa del señorito. Era una pequeña finca con algunos árboles frutales, algo de terreno (no sé cuánto, no pude explorarlo todo), y en el centro, una adorable y pequeña casita de nueva construcción. Con tejado a dos aguas, una planta, grandes ventanales de madera, una imponente puerta y pintura exterior amarilla, ya se veía desde afuera que por dentro sería preciosa. Pues nos equivocábamos. Era preciosísísísima.

La decoración era maravillosa, de estilo rústico, pero no muy cargado, al revés, bastante actual. En las paredes blancas de cal y bajo las vigas del techo había cuadros curiosos (a destacar uno de un elefante, más alto que yo), platos andaluces y aperos de labranza antiguos, como horcas y bieldos (especie de horca, casi un cepillo). Todo era blanco en las habitaciones, las sábanas, las colchas, las cortinas, las paredes la poca decoración en ellas, todo era límpido, perfecto. Había tres dormitorios grandes, una cocina-comedor, un salón, dos baños y un rellano en el que solo había una inmensa maceta y un trillo. Los baños eran enormes, todo de piedra lisa y madera, un plato de ducha inmenso, y una alcachofa muy curiosa. La casa entera olía bien, a nuevo, a blanco. A excepción del salón, que a llegar ya empezaba a desprender el aroma de la leña quemada en la chimenea. Allí pasamos la mayor parte del tiempo, pues estaba la televisión, el sofá, y todo lo que necesitábamos.

Poco después de llegar, se fueron los mayores. ¡Ya estábamos solos en casa!. Al principio fríos, tímidos, sin mucho ánimo, pero rápidamente nos activamos cuando empezamos a jugar. Martin instaló la Wii, la PS2 y la PS3 (se nota que viene de familia rica, ¿¿no??), yo cogí la guitarra, y Alicia con la batería nos hinchamos a canciones en el Guitar Hero de la Wii. Nos turnábamos, el mejor en la guitarra era Rober, aunque a mí no se me daba nada mal, teniendo en cuenta que era la primera vez que jugaba. Empezábamos a pasárnoslo bien, con libertad por toda la casa, hablando todos con todos, riéndonos de las payasadas de Rober, de los bailes de Chris, o de las ocurrencias de Alicia. Al llegar la hora de comer, nos metimos en la gran cocina, entera para nosotros. Yo partí salchichón, serví embutidos y puse elegante la mesa, mientras Rober preparaba la comida con destreza. Nos fuimos todos a comer, los 7 en el centro del comedor, felices, escuchando de fondo música buena, divertida. Los espaguettis le salieron divinos, deliciosos. Nos sentíamos muy muy unidos... éramos como una de esas familias de las películas, que se unen para cenar pavo en el Día de acción de gracias.

Estaba feliz, mucho, hacía tiempo que no estaba tan bien. No hay nada mejor para estarlo que pasar unos días con las personas que más quieres, divertidas, sensatas, atentas y preocupadas por el prójimo.

jueves, 15 de enero de 2009

Cómo hemos cambiado, y planes de fin de semana.


2º de Bachillerato es aburrido. Mi vida estudiantil entera se vuelve más aburrida que nunca no hago nada, paso todo el día vagueando, ni mandan deberes, todos los días son iguales. Aunque bien sé que el chollo pronto cambiará, y que tendré que ponerme las pilas sí o sí ya mismo, a estudiar como loco para los exámenes. Y ahora recuerdo al Rey del Recorte hace un año, cuando me decía todo lo que tenía que estudiar... ¡y fíjense, ahora estoy yo aquí, en su lugar! Todo cambia... nunca deja de sorprenderme cuánto efecto tiene el paso del tiempo, el la única cosa que puede con todo.

Hoy he recibido un email de una persona paisana mía, hablándome de la ciudad X (que poco a poco va deformándose en G... de Gay, ¡por supuesto!). Me habla de dicha ciudad, incluso me ofrece su ayuda en el caso de necesitarla para buscar información. ¡Lo que más me ha sorprendido es que ha alabado mi blog! Me da las gracias por escribirlo, me dice que le hace sentir muy bien. A uno, que ya se considera un poco escritor, eso le sienta de maravilla... y no tiene más que agradecerlo, y quitarle importancia a sus elogios. Porque esto a mí no me cuesta nada, porque lo hago porque quiero, porque lo veo simple, fácil, no suficientemente bueno, porque empecé probando algo, y aún sigo, aprendiendo cada día un poco más. No me considero un as en la materia, ya lo sabéis, no paro de repetirlo... pero es natural en mí ser tan modesto, excesivamente modesto. ¡¡Y es que en humildad soy el mejor de todos!! (nótese la paradoja). Lo que sí es cierto es que gracias a vuestros ánimos me esfuerzo siempre para dar lo mejor, pues os lo merecéis.

El caso es que hace un año estaba deprimido por las solitarias Navidades, sin ganas de que lleguen las siguientes; y ahora me encuentro ansioso por que el 2009 acabe ya que estaré con quien quiero. Cuando empecé el blog, pensaba cerrarlo rápido si veía que no era lo mío, en ningún momento lo haría por tener más o menos visitas, no era ese mi objetivo; pues en este momento tengo ya 40 visitantes, que subirán conforme termine de escribir y postee el post, muchos más de los que hubiera imaginado. Siete meses atrás, no habría pensado que mi vida podría cambiar tanto. Que conocería a eGeo, que trabaríamos tamaña amistad, que nos conoceríamos, que nos enamoraríamos, que me daría su primer beso... todas ellas son cosas que yo pensaba improbables antes. Puedo decir que ha sido un milagro, o achacarlo todo a la magia del mundo, a los hados o a los genios... pero no, es la vida misma. Por ello, desde aquí en mi fría habitación sin vistas, os animo a todos, ya que cualquier cosa es posible. El cambio viene cuando menos te lo esperas. Básicamente, esto es porque cuando no esperas algo, el tiempo parece que fluye más rápido... de manera que intentad ser así, despreocuparos, vivid el momento, no os comáis la cabeza ni lloréis sin causa razonable, nunca abandonéis, en cualquier sitio puede estar el chico ideal. O la solución a los problemas, o la adecuada forma de pensar, o la vía de escape, o el mando de la tele. Todo aparece en su debido momento. Sed pacientes. NUNCA os restreguéis en vuestra propia desdicha, NUNCA os revolquéis en vuestra propia mierda, como suelo decir. Es lo peor que podéis hacer. Creedme.

En fin, después de este lapsus emotivo-educativo que me ha salido del alma, os contaré que este fin de semana tengo un plan especial. El lunes Martin me llamó por teléfono para decirme que estaba invitado a pasar dos días en su casa de campo con todos los del grupo. Maravillado, quise aceptar, pero antes debía pedir permiso paterno. Y, sorprendentemente, el permiso me ha sido concedido. ¡Voy a pasar el sábado y el domingo solos en una casa con mis mejores amigos! Sin duda, estará genial, nos lo pasaremos de miedo. Prepararé incluso un bizcocho, me llevaré cartas, DVD's de Les Luthiers... quiero aportar mucho, ya que les estoy muy muy agradecido. Mi relación con todos, en especial con Lara, es muy estrecha. Incluso con los que veo poco, como a la chica lesbiana, o a Chris el novio de Martin, me llevo sorprendentemente bien. Lo siento por los de mi clase... pero no tendré remordimientos cuando mañana les diga que no voy a ir a la botellona que habían organizado para el sábado noche. ¿Es que no se enteran de que eso a mí no me va?

Me despido ya. Voy a pasarme por el centro comercial para comprarme un pijama. Iré solo, estaré una hora dando una vuelta antes de entrar a las clases. Veré si me compro algo más... ya veré, quizás unos boxers... aunque ya llevo mucho gastado, los pantalones de ayer me costaron 50 euros, demasiado para mi desacostumbrado bolsillo.

¡Un besazo a todos!

PD: El de la foto es Justin Gaston, el novio de Miley Cyrus... ¡pero qué suerte tiene la tía!

miércoles, 14 de enero de 2009

Filosofía de peluqueras.

Al final fue falsa alarma el post anterior. Todo se solucionó antes de lo previsto. Yo ayudé a eGeo en lo que pude, menos mal que no necesite mi ayuda más, al menos respecto a ese problema.

Hoy, como dije ayer, tocaba peluquería. En realidad no tenía el pelo tan largo, sí muy voluminoso, pero no quedaba feo en absoluto. Simplemente fui a retocarme porque tenía ganas, para arreglarme para salir bien en la famosa orla, y porque mi madre no dejaba de decírmelo. Pero principalmente para lo primero, porque tenía ganas, porque me encanta ir a la peluquería, especialmente a esa en particular.

Me gusta ir porque la peluquera es muy simpática, y porque ADORO que me toquen el cuero cabelludo, que me acaricien el pelo, cosa que ella hace, al lavarme la cabeza y darme un masaje antes de peinarme. Hoy hemos hablado más de lo de costumbre. La profesional, de unos 40 o más años, con una hija y un marido, me ha contado su opinión sobre todo. El mundo ha cambiado muchísimo desde hace unos cuantos años, desde la muerte de Franco, por poner una fecha. Me decía que antes los jóvenes tenían mucha menos libertad, que estaban más encerrados, muy reprimidos, y que nosotros ahora no sabemos lo que tenemos. Y yo le decía que sí lo sabemos, que en mi opinión, las dos generaciones han estado en la misma situación, simplemente nos quejamos y queremos de liberarnos de diferentes cosas en diferentes medidas. Antes ellos podían salir a la calle sin problema por el día a cualquier sitio, y nosotros lo tenemos más difícil, más que nada porque las ciudades han crecido demasiado. Ellos no podían ir a las discotecas por la noche a los 18, y nosotros no encontramos un ambiente favorable en ellas a esa hora, y exigimos estar hasta más tarde. En fin, que todo ha cambiado, pero sigue igual.

También me dijo que en el mundo laboral hay que empezar desde el principio. Que no aspiremos a lo máximo, que en el comienzo nos conformemos con poco, aunque en una oferta de trabajo no nos den mucho dinero, la cojamos, para así adquirir experiencia, que es lo básico en la primera experiencia profesional, para poder después volar a otras empresas contando con algo muy importante. Todo esto ya lo sabía yo... pero como ella bien decía, me aconsejaba pensando en su propia experiencia en la vida, en los errores que había cometido, y que no quería que cometiesen los demás. A cualquier otro, esa conversación le habría impresionado mucho y quizás le habría abierto los ojos a una nueva luz... pero a mí solo me sirvió para repetir todo lo que ya había pensado con anterioridad. Que si los padres quieren lo mejor para nosotros, que si nos dicen cosas para que no nos equivoquemos no nos arrepintamos como ellos, que si en la vida hay que luchar muy duro... etc, etc.

Pienso que las peluqueras son pequeñas sabias del día a día. En su rutina de cortar, lavar, aclarar y peinar, aprenden mucho de cada persona que se sienta en sus sillones. Adquieren mucha experiencia, conocen casos diferentes, pues detrás de cada cotilleo suele haber un significado importante, algo que tener en cuenta, posiblemente aplicable para otros casos en otros contextos. Sabiduría que luego pueden aplicar para solucionar los problemas de los próximos clientes. Son como sus psicólogos particulares, la persona que llega con el pelo largo sale del establecimiento con menos pelo y menos embrollos en la cabeza. Es cierto que, bueno, yo no le cuento mis problemas diarios ni mi vida con eGeo, pero en otros temas relacionados con el instituto o amigos, me suele aclarar bastante...  y eso que yo no hablo casi nada. Siempre están ahí, constantemente, realizando el mismo trabajo, contemplando la vida pasar entre lacas fijadoras y cremas capilares. Mi padre me confesó que quería estudiar peluquería en plan bien, de llegar a ser un buen peluquero, pero mi madre no le dejó. Ciertamente, a mi también me habría gustado ser un poco de peluquero, de observador paciente, que recogiese todo el saber posible de la calle. Pero claro, siendo peluquero, todo el día encerrado en mi cubículo viendo la vida pasar tras la ventana, no sabría cómo es actuar por mí mismo, tener mis problemas, e ir a la peluquería a contárselos a la correspondiente peluquera (o peluquero, que también hay muchos hombres peluqueros). Una duda que tengo... ¿Quién pelará a las peluqueras?.

Bueh, he salido de allí tras una hora de sesión, simultaneando plática y tijeretazo, con mi flamante nuevo peinado. Bueh, soy un mentiroso, ya que estoy exactamente igual que antes, sólo que ahora me pesa menos la cabeza. Me ha quitado muchísimo volumen, me ha recortado del flequillo y de atrás... pero eso sí, no ha tocado ni un pelo de la trenza que Sarita me había hecho hace unos 20 días. Así que ahora tengo ese mechoncito tejido más largo, sobresaliendo por encima de mi hombro derecho. Pienso dejármelo mucho tiempo, ya veré cuándo me lo cortaré... si que da bien, así se quedará. Me haría muchísima ilusión que eGeo lo viese directamente, que juguetease con él, y que pasase su mano por mi pelo una vez más. Prometo que lo hará lo más pronto posible.

He salido de allí y me he parado en el escaparate de una tienda cercana a verme. No me queda nada mal, estoy incluso mono. Me veía con otros ojos ante mi reflejo. Con otros ojos totalmente distintos. La última vez que había ido, fue pocos días antes de visitar a eGeo. Allí estaba, tres meses después del nerviosismo e impaciencia irrefrenable, de mi aventura hacia Logroño, allí estaba, de nuevo con el pelo más corto, apreciando (por primera vez) mi alegre sonrisa, que dibujaba los labios que ya habían sido besados y que besarían muchas veces más. eGeo me ha hecho pasar los mejores 3 meses y pico de mi vida. ¡Y muchos más pasarán en los que se verá obligadísimo a hacerme feliz!

(De la tienda al final volví después y me compré un jersey negro y un pantalón de pitillo, el primero!. Lo escribo rápido porque es tarde y mi madre ya me manda ir a comer. El pantalón era de Lee, pero estaba muy rebajado, estoy contento. Mañana, más, y mejor.)

¡¡Un besazo enormérrimo a todos!!