lunes, 29 de diciembre de 2008

La guerra de los clones


La mañana del viernes fue rara. Llegar a casa sobre las 11, estando acostumbrados a llegar a por la noche, se nos hacía incómodo. Pero como la mayor parte del tiempo, hasta la comida la pasé aquí sentado ante mi ordenador.

Después de ingerir diversos y deliciosos manjares como sándwiches de "jamonyó", volví a mi trono real en mi cuarto. Empecé entonces a hablar con ese chico que tanto se parecía a mi del Vialia... llamémosle... pueeees... Toby, por ejemplo. Tiene nombre de perro, pero no, no lo es. El caso es que Toby me decía que esta tarde nos veíamos... ¿por qué?... pues porque había quedado con Alex. Y el tal Alexito pues no me había dicho nada, no me había avisado. No me molestó en realidad, si habían quedado solos era por algo, no me importaba. Le dije pues a Toby que yo no iría, que tenía cosas que hacer... y que Alex no me había dicho nada. Entonces se revolucionó, dijo que yo tenía que ir, y hasta llamó a Alex para que me dijese dónde habían quedado. Yo entre tanto le insistía que no... verdaderamente no tenía ganas de ir, no me encontraba con el cuerpo bien. Aun así, al poco tiempo me llamó Alex para decirme que habían quedado para cojer el tren de las 16:15. Miré entonces el reloj. ¡Eran las cuatro en punto!. Como una bala, ya decidido a ir, me cambié de ropa, me afeité, me embadurné de desodorante y colonia, cogí el pañuelo que me regaló eGeo, mi mariconera y algo de dinero, y volé hasta la estación.

Gracias a Dios, llegué a tiempo. Allí estaba Alex, que ya me había comprado un ticket. Entré en el tren con el corazón todavía a punto de estallar y jadeando, aquello habría parecido otra cosa. Me senté con las amigas de Alex que nos acompañarían, tres chicas de la clase de al lado muy simpáticas y divertidas, que por alguna incógnita razón me han cogido mucho cariño. El viaje fue divertido, hablé mucho con ellas, lo pasé bien. Alex iba vestido bien... aunque para mi gusto, muy gay, pero eso es siempre, ya que es muy amanerado... aunque los demás no le ven gay. De cualquier manera, él sigue diciendo que es bisexual... le creeremos, pues. En realidad, mucha gente es bisexual, como Chris, Martin o Toby. Lara opina que todos deberían ser bisexuales... verdaderamente libres... yo no sé qué opinar, a mí me da igual. Yo ya elegí esta acera, y no quiero cambiarme otra vez. Que hay mucho tráfico veloz en la carretera.

Ya en el centro comercial, el famoso Vialia, estuvimos dando vueltas hasta la hora señalada. Nos fuimos al lugar del meeting, y allí lo vi. Muy alto, con el pelo parecido al mío, algo más oscuro y corto, pantalón negro sobre converse, una sudadera roja muy parecida a la mía también roja, y sobre el pelo, su característico pañuelo rojo perfectamente instalado. Estaba nervioso yo, tenía un nosequé en las tripas... pero me armé de valor y me puse tras él. Le hice un amago de cosquillas, suficiente para que se percatase de nuestra presencia, se sobresaltó, se apartó... y nos saludó. El saludo fue frío, un apretón de manos, aunque he de mencionar que él antes por msn me decía que no sabía cómo saludarme, si dándonos la mano o un beso. Le dije que lo que saliese, y eso fue lo que salió. Ambos presentamos a nuestros respectivos grupos. Con él venían dos chicas de nuestra edad, altas, monas, una de acento fino, perfecto, del norte probablemente, castellana pura. La otra, más de por aquí, campechana, y muy divertida.

Ese nuevo grupo, ya de 9 personas, se unió rápidamente. Al principio tímidos, yo y la castellana era los que más hablábamos. Poco a poco, todos participaban de la conversación, hacíamos bromas, nos compenetrábamos. Nos llevaron a una tetería en la calle, cercana, pero que estaba abarrotada, por lo que hubimos de volver. Más tarde fuimos a buscarle un regalo al novio de Toby en varias tiendas, novio que casualmente se llama igual que eGeo y que el enamorado de Alex, por lo que hemos hecho el Equipo E (en realidad es otra letra), pues cada uno tiene a su eGeíto personal. Bueh, menos Alex, el pobre, que lo tiene bastante difícil para conseguir al suyo. Dejando atrás los malos rollos que podrían surgirle a cada uno, nos convertimos en los amigos inseparables que nunca habíamos sido pero que siempre habríamos querido tener. Bromeábamos juntos, nos reíamos las gracias, nos metíamos con uno o con otro, como si fuéramos amigos de toda la vida. No teníamos temor de molestar al otro, porque nos conocíamos muy bien, a pesar de nunca habernos visto antes. A Alex se le veía muy contento, pues me dijo que le gustaba un poco Toby, y al fin había conseguido conocerlo. Ahora se llevan muy bien, hablan por teléfono y tal, están cogiendo muchísima confianza.

Sobre las 8, nos fuimos al Burger King del Vialia, a incharnos a patatas fritas y helado. Allí nos hicimos fotos, muchas de las cuales están en mi Tuenti (los interesados que tengan mi msn y mi tuenti, ya saben dónde cotillear xD). Entonces me puse el pañuelo de mi novio en la cabeza, para parecerme más a él. Nos dijeron que éramos clavados, muy parecidos, hasta en la forma de actuar, solo que él más alto, pelo un poco más corto, y mucho más delgado. Me fijé más... y la verdad es que es guapo. Toby es muy guapo, en eso nos diferenciamos. Tenía algo especial, serían sus ojos, que me recordaban muchísimo a eGeo. eGeo... no paraba de pensar en él. En cuando estuviésemos allí mismo, en ese Burger King, comiendo patatas fritas, embobado mirando su sonrisa, sus ojos pequeños, su pelo largo. Necesitaba muchísimo sus besos... pero no estaban. Los sentía... volvía a sentirlos, su textura... pero no notaba su humedad.

Empezaba a amargarme... así que decidí con mi gente coger le tren de las 9 menos cuarto. Alex se quedaría allí, ya que iba al teatro o algo por la noche. Me despedí de ellos calurosamente, ya que no sé por qué empecé a sudar cuando me tuve que acercar a darle un beso. "Ya sí, que hay confianza", me dijo, y era verdad. A las chicas también besé, a Alex un saludo raro, mitad abrazo, mitad beso, mitad todo, "entrenamos" de nuevo en el tren, y volví a mi hogar dulce hogar. Estaba cansado en el tren... pero estaba feliz. Había conocido en persona a una persona con la que llevaba tiempo hablando y que me caía muy bien. A veces incluso me sorprendía conmigo mismo y con el mundo, ya que de pasar a verlo por el Vialia sin decirle nada, he llegado a quedar con él y a hablar de cosas más profundas. Me devuelve la confianza en mí mismo una vez más... cosa que ya estaba un poco decaída. ¡Bien!

Este año va a acabar muy muy bien...

¡Un besazo a todos!

domingo, 28 de diciembre de 2008

Esta noche es Nochebuena, y mañana es Navidad (2ª Parte)

... deja la bota, María, que yo ya no puedo más...


Dadle al Play, señores, para amenizaros la lectura. Va dedicado al Oso, que seguro que le gusta. ¡Un beso enorme para él!



Se me olvidó decir una cosa en el post anterior. ¡¡Esa Nochebuena nos dieron regalitos!!. En realidad, fue lo que esperábamos, lo típico. Dinero. 5o € por parte de mi abuelo, 30 € por parte de mis tíos, mis abuelitos nos dieron un regalo común para toda la familia, una hermosa cafetera Nespresso, la de George Clooney, capricho más que nada, ya que poco futuro le veo en casa. Le vendí dos cajas de bombones de mi abuelo y a mi primo, por 15 euros cada una, aunque como me dieron 20 para no andar con el trapicheo de devuelta de dinero... pues me quedé con 10 euritos que fueron directos a mi bolsillo. Tengo actualmente 495 euros en billetes, y unos 50 más en monedas. Y eso sin contar que 150 euros del viaje de fin de curso son de mi bolsillo... entonces tendría alrededor de 700 euros!!! Está muy bien, si cuento que ahorraré unos 100 euros al mes... al final, en Agosto, tendré unos 1500 euros ahorrados, tirando alto... cosa que no está nada mal para el futuro que planteo

El día siguiente me desperté tarde, sobre las 12, así que no hice nada en toda la mañana. Creo que ni desayuné, y eso que me encanta hacerlo allí, porque las tostadas en esa cocina y con esa mantequilla no saben lo mismo en otros sitios. Ese día estaba más soleado, así que salí un poco a hacer fotos. Pronto llegaron mis tíos con mi primita y nos dispusimos a comer en la larga mesa del comedor. Mi prima es una chiquita de ojos azules bajo un pelo de tirabuzones rubios a punto de cumplir los 2 años, muy graciosa, que no para de hablar y de hacer payasadas. Para lo pequeña que es, es muy avispada y aprende muy rápido. Tras la comida, al atardecer, en la casa de mis tíos (que recuerdo, o para muchos anuncio, se construyeron en la mitad del solar que le compraron a mis abuelos, osea, sólo a unos pasos) pasó algo curioso.

Antes he de decir que yo nunca había tenido trato con niños. Cuando nació, y todo el mundo le hacía ñoñerías, yo me negaba a participar, lo veía ridículo, pues una niña tan pequeña no comprende nada de lo que le dices, simplemente vive como espectador, pero no entiende lo que ve. Así que yo no le hacía ni caso, no me acercaba, tampoco sabía bien qué decirle, me sentía ridículo. Ahora, la cosa ha cambiado. Ella ha crecido y entiende mis palabras. Y aunque yo tampco le preste mucha atención... por alguna extraña razón, ella ha centrado la suya en mí. Por donde voy, me sigue por detrás, llamándome, me pide cosas, que le de pan, o que juegue con ella. A diferencia de los demás, que a cada uno llama por su nombre, hasta a sus padres a veces, a mi me llama primo. Más exactamente, "pimo",  ya que no pronuncia aún bien.

Pues bien, en el día de Navidad estábamos allí viendo la nueva chimenea de obra que se habían instalado mis tíos, escuchando de fondo música para niños, unos cuentos en vídeo con cancioncillas fáciles, cuando se acercó a mí con su vestidillo rosa y su andar patoso y me agarró del pantalón. "Pimo, baila". ¡Quería que bailase con ella canciones de niños pequeños! Pues... con toda mi valentía y mi vergüenza, me puse de rodillas (para estar a su altura, je), y bailé con ella un poco. Ella me imitaba, movía los brazos como yo, le hacía reir, saltaba si yo se lo decía... me gustó ese momento. Otro pedacito del recuerdo que hay que archivar para siempre. Yo teniendo mi primer contacto con la niñez, me volví infantil, me sentía cómodo con ella, haciendo el payaso. Entonces empecé a pensar.

¿Seré yo padre algún día? ¿Sería capaz de hacer siempre reir a una niña o a un niño pequeño? ¿Podré aguantar que a veces tenga rabietas, que se haga pipí y caca, que me irrite? Sin duda, lo que sería es un buen padre. Le enseñaría el mundo tal y como es, pero en su cara más positiva. Le enseñaría arte, literatura, historia, para que viese que de toda la mierda del mundo se puede sacar siempre algo bueno. Por supuesto, ésto no lo haría con un niño de 2 años, sino algo mayor, pero sí que le haría un chico culto y de provecho. En fin... estos días he descubierto que también tengo una sensibilidad paterna antes oculta. El tiempo dirá si puedo darle rienda suelta o no... quién sabe.

Después de bailar con ella, volvimos a casa de los abuelitos. Allí entonces comenzaron a despotricar contra sus hijos... que si uno se había ido demasiado lejos, y que si otro estaba todo el rato pegado. Con nosotros no se meten, nos salvamos, y eso es casi peor... porque las críticas de los demás caen con nosotros. A los otros no les dicen nada, al revés, se nos quejan de todo lo que no se atreven a quejarse a ellos. Y os puedo asegurar que, repitiéndolo año tras año, acaba cansando mucho. Mis abuelitos... más exactamente, mi abuelita, ya que mi abuelito es un santo, es muy rara, caprichosa, y siempre nos mueve a todos a su merced. Pero menos mal que el tiempo pasa y que la cena despeja sus humos. Volvimos a cenar con mis tíos, y volvimos a escuchar a María Dolores Praderas, a Antonio Machín y a Miguel Bosé, y volvimos a bailar con ellos. Ésta vez, yo, por supuesto, con mi primita, que no paraba de llamarme "pimo, pimo, a bailá" para que la acompañase. 

Ese día poco pude hablar con mi chico, varios minutos al atardecer... lo echaba de menos muchísimo. Uno de mis sueños es que él algún día venga a esa casa... sé que es bien difícil... pero me hace muchísima ilusión enseñarle la casa, los gatos, y todas las curiosidades antiguas que tienen allí mis abuelitos. Es casi imposible... ya que ellos además están muy chapados a la antigua, no lo comprenderían. Tienen unas ganas de que me eche novia ya... aunque ahora que lo pienso... eGeo con el pelo largo dentro de un año, puede parecer perfectamente una chica de espaldas... ya le compraré algún modelito ajustado y unos sujetadores con relleno si hace falta, pero vaya, yo lo llevo a esa casa seguro. (Juas, me parto con solo imaginarlo xD, perdona nene, no me odies xD).

Me dormí escuchando la canción que hay arribita del todo... Danza Española nº5, llamada "Andaluza", de Enrique Granados. Mi versión era del magnífico Andrés Segovia, he puesto al tipo del vídeo porque me gusta su interpretación. Espero que la hayáis escuchado, y sobre todo, que a alguien le haya gustado.

Al día siguente me desperté temprano para volver a Fuengirola antes de comer. La temperatura exterior era de 0 grados, las estalactitas pendían de los cristales del coche. Después de echarle alcohol y agua caliente y conseguir arrancarlo, ya sí, pudimos partir a nuestro hogar, dulce hogar...

¡¡Un besazo a todos!!

sábado, 27 de diciembre de 2008

Esta noche es Nochebuena, y mañana Navidad (1ª Parte)



...saca la bota, María, que me voy a emborracharrr...

No precisamente eso pasó en Nochebuena ni en Navidad, ya que ni había botas, ni alcohol, ni María (Huy que mal queda esooo...), pero si hubo música, bailes, cangrejos, viajes y fotografías. Pero vayamos por partes.

El principio empezó con los primeros sucesos. Dije (aunque no, me parece que al final no lo dije, así que lo digo ahora), que el martes saldría con las dos mujeres de la casa a las 4 de la tarde en tren hacia Málaga y de allá hasta Antequera en bus. Al final, por prisas previsibles de mi madre, se decidió postergar el "entrene" (el "embarque" en el tren) a las 5, por lo que mejor para mí. Lo que no se pudo preveer bien era que las prisas se demorarían más, pues aunque corriésemos hasta la estación, el alegre señorito vendedor de entradas nos dijo que "no hacía falta que os déis prisa, que el tren ya se ha ido". Mi madre entonces apunto estuvo de coger una de sus rabietas depresivas, mi hermana se calló y se retiró a un lado con la maleta, y entonces yo tuve que sacarlas adelante. Mi madre ya entonces daba por perdida la misión, iba a llamar a mi abuelo para decirle que no nos esperase, que cenase solo... cosa que a mí me dió una pena inmensa, quería verlo alguna vez en estas Navidades, así que saqué el horario de autobuses del bolso de mi madre y simplemente busqué la siguiente salida. A las 7 y media partía uno, así que teníamos tiempo suficiente para esperar una hora, coger el tren de las 6 menos cuarto y pasar en el Vialia una horita. 

Lo arreglé con ella bien, la convencí poniendo como excusa (verdadera) la pena que sentiría mi solitario y abandonado abuelo, y se acordó. Durante esa hora no hice nada, tocar el piano y tal, volvimos, y ya cogimos el tren adecuado. Poco más que contar, durante media hora en el Vialia estuve hablando con eGeo, y en la otra mitad buscando a mi madre y a mi hermana. El viaje en bus fue bonito, casi me dormí. No sé qué me pasa ahora, que en cualquier medio de transporte, me duermo. El caso es que llegué a Antequera a punto de caer en los brazos de Morfeo, pero no hubo otro remedio que recostarse y abrir bien los ojos. La noche pasó sin más pena ni gloria, durmiendo en el antiguo, pero bien conservado y muy grande piso de mi abuelo en el centro.

A la mañana siguiente me volvieron a separar de Morfeo, esta vez para caer en las garras del poderoso caballero Don Dinero: me fuí de compras. En realidad, mi madre había planteado echar un vistazo por las tiendas antequeranas, pero finalmente acabamos con dos bolsas cada uno. Yo, un jersey fino muy mono, y de repente, en una tienda de discos, algo de lo que me enamoré. Una camiseta... perdón, LA camiseta de La Casa Azul. La que véis en la foto. Me encantó, hasta el dependiente me dijo que tenía buen gusto eligiendo y escuchando música. Entonces avisé a mi madre corriendo, para que me diese dinero y luego devolvérselo yo en casa... aunque terminó por regalármelo. Salí con una sonrisa iluminando las calles de la encapotada ciudad, mirando a cada dos pasos mi camiseta nueva. Llegué al piso, y al poco rato llegó mi padre desde Fuengirola en coche. Comimos, durmieron la siesta, y nos fuimos a casa de mis abuelitos en Palma del Río.

Llegar, leer la revista Pronto y empezar con el tapeo sobre las 8 o 9, lo típico allá. Gambas, almejas, jamón y queso, y los piquitos de pan no pueden faltar. Comimos en la mesa del gran salón, momento de reunión que aproveché para una de las cosas que más me gustan. Poner música en el tocadiscos. Desempolvé los muchos discos que aún quedan (los mejores me los llevé a casa, aquí están, para que en un futuro tengamos algo curioso con que decorar nuestro apartamento en la ciudad X o en Madrid), y el ambiente se inundó de ese sonido característico de los discos antiguos, con el ruido de fondo, la voz melodiosa y los ritmos tranquilos, apaciguadores, de las canciones de ayer. Los vinilos de María Dolores Pradera, Luis Aguilé, Antonio Machín, entre muchos otros, giraron sin cesar durante toda la velada. Ahora, voy a confesaros algo muy muy muy fuerte, que puede que os aparte por siempre jamás de este blog definitivamente. Muy a mi pesar, por el futuro de éstas palabras y el mío, he de decir que... me gusta Antonio Machín. Me gusta su voz, sus canciones, el toque que les da, esas maraquitas, me gustan mucho. Antes lo había escuchado... pero estos días me empapé completamente de él, salí airoso y, sobre todo, satisfecho. En fin, ya estoy más tranquilo. He salido del armario una vez más. Menos mal que ya voy a dejar de escribir para hablar con mi novio, porque creo que no aguantaríais algún que otro sustito que os tengo preparado.

Después de escuchar la máquina de hacer Antonios (uséase, Antonio Machín.... vale, chiste malo y viejo... pero estoy cansado, es lo que hay), estuvimos bailando éxitos antiguos... muy muy antiguos. Con decir que, por ejemplo Miguel Bosé nos cantaba su "Super Supermán" con voz de niñito... y que Rumba 3 temía la llegada de su "Tiburón"... pero como pocos o casi ninguno sabe qué canciones de antaño son esas, os dejo enlacitos: la primera aquí (pero mirad qué gay bailaba Bosé, me encanta!), y la segunda... pues no he encontrado, je, imaginad cuán antiguo es... es rumba de feria hortera pero con marcha, con eso os hacéis una idea aproximada. Después de la "fiesta" y los bailoteos, nos fuimos a la cama, pues hay que descansar, para que a la mañana, pudiéramos madrugar. Madrugar, madrugar, yo no madrugué mucho, pero bueno, eso ya lo contaré próximamente.

Ya está. Esta fue nuestra Nochebuena. Noche en realidad manchada con los tintes de la soledad, pues me sentía más lejos de eGeo que nunca. Apenas unos minutos pudimos hablar, minutos que me parecieron injustamente escasos. Gracias a Dios, ya estoy aquí, y él ha llegado de Logroño, todo vuelve a su anómala normalidad.

¡¡Un besazo a todos!!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

All I want for christmas is...

¡¡eGeo!!
Y por una vez, lo que desee por Navidad vendrá a mí. La primera vez, este 2008 ha sido la primera vez para todo. El primer paseo en moto, la primera entrada de mi blog,  el primer bailoteo en una discoteca, la primera ruptura con el pasado, el primer amor correspondido, el primer abrazo, el primer beso, la primera caricia, el primer "te quiero",  el primer paseo cogido de la mano amada, las primeras lágrimas de amor lamidas, las primeras 100 horas hablando con mi teléfono nuevo, el primer grupo de personas con el que me siento realmente bien... ha sido el primer año de mi vida.

Hoy voy a hablar del fantasma de las Navidades pasadas. De mi fantasma particular, del miedo. De la desesperación. La mayoría de los años, en Navidad o Nochebuena me iba a casa de mis abuelos maternos en Antequera, esa gran casa de campo que había crecido alrededor de un pozo. Nos reuníamos toda la familia: mis dos tíos, mis cinco primos, mis cuatro primos segundos, dos o tres tíos lejanos, mis alegres abuelos y nosotros. En el inmenso salón, con las puertas cerradas y la televisión puesta en el salón el comedor de al lado, disponíamos las grandes mesas, y allí todos comíamos algo típico que cada uno había preparado en su casa. Algunos traían carnes, otros pescado, otros el vino, y otros enormes tartas para compartir con todos. Después de la frugal cena, en la que hablábamos sin tapujos de cualquier tontería, llevábamos las cosas todos a la cocina. Entonces empezaba la verdadera fiesta. Algunos salían a la noche oscura a fumar, otros empezaban a enseñar regalitos, los más pequeños corrían por aquí y por allá jugando con los trapos viejos de mi abuela, mi tío empezaba a beber, y mi tía le regañaba y se reía con sus potentes carcajadas. De repente, mi padre se metía en un cuarto y empezaba a sacar instrumentos. Guitarras, claves, panderetas, timbales, triángulos, castañuelas, y, cómo no, la botella de Anís del Mono vacía que aportaba mi abuela. Mi padre empezaba a cantar, poco a poco, casi solitariamente, los villancicos que con anterioridad ya se había aprendido acompañado de la guitarra. Yo le seguía con las claves, mi tía cogía sus queridas castañuelas, mis primos con sus panderetas, mi abuela con la botella de anís y mi abuelo se inventaba sus instrumentos gracias a su increíble don creativo. Al final toda la familia quedaba resumida en una orquesta que, aunque no sonase al unísono, sí poseía un sentimiento común: felicidad. Júbilo, ganas de pasárselo bien, olvidarse de los problemas durante una noche al año. Mi familia siempre ha tenido muchos, muchísimos. Y una vez más, mi padre, ese chico extravagante y distinto que no pintaba nada en la familia de mi madre, había conseguido apaciguar sus emociones y tornarlas hacia una visión del futuro más prometedora. Cantábamos mal, pero cantábamos con ilusión, que era lo importante. Luego de los villancicos, algún tío lejano se acostaba, otro se mareaba por el exceso de alcohol, y un tercero tenía que irse a dormir a su pueblo cercano. Entonces empezaba la marcha para los jóvenes. Ponían música, cutre, pero música, el aserejé y varias tonterías más, para que mi hermana y mis primos bailasen. Vale, lo confieso. Más de alguna vez me pilló la Macarena vestido de pastorcillo (sí, también me llevaba el traje allí). Hay que tener en cuenta que yo era pequeñito, y me olvidaba de todo amor propio y decencia. Después, sacábamos los regalos, ya sobre la 2 de la noche. Muchísimos regalos, nos encantaba regalarnos cosas, pequeñitas, baratas, pero muchas. Cada familia le hacía un regalo a cada miembro de la otra, así, acabábamos con los brazos llenos de peluches, colonias y joyas económicas, y la gran mesa inundada de papeles de regalo. Adoraba esos momentos. Después acostarse cansado, en cualquier cama con cualquier persona, y tener dulces sueños hasta la mañana siguiente para levantarnos tarde y resacosos. Esas épocas cambiaron cuando murió mi abuela, hará unos 3 años.

Desde que falleció, todo cambió. Intentamos reunirnos allí de nuevo, pero tuvimos que desistir al segundo año. Mis tíos de Málaga con sus tres hijos no fueron, no querían. Mi abuelo estaba triste, todos estábamos pusilánimes. No hubo villancicos, nadie tenía ganas, había un ambiente rancio en el aire. Se echaba de menos el sonido de su botella de anís, el de sus pulseras contra el cristal de la mesa, su gran pelo embadurnado de laca. Lo que de pequeños nos hacía arrugar la nariz con repulsión, ahora necesitábamos con tristeza. Poco a poco, esa ansiedad ha ido desapareciendo, aunque a veces vuelve a nosotros. Ya mi abuelo está mejor, con el paso de los años no siente ese vacío tan grande, mi madre no sufre y en la familia parece haberse instaurado ya la normalidad, que parecía forazada en otros momentos. Aún así, nos cuesta reunirnos. A mis tíos hace ya casi un año que no los veo, y con mis primos la relación se ha enfriado muchísimo. Ya nada es lo mismo.

Este año estoy pasando Nochebuena en la casa de mis otros abuelos, los abuelitos, como les llamamos nosotros. Antes hemos estado en Antequera visitando a mi abuelo, pero lo hemos dejado para estar con los cordobeses. Teníamos por costumbre los otros años ir allá en Nochevieja, dar siempre el paso al nuevo año desde la casa de campo en la rústica urbanización cercana al río Guadalquivir. Eso ya os lo contaré más detenidamente el próximo día, pues por una vez la cosa va a cambiar. Este año nos quedaremos en Nochevieja en Fuengirola, podré salir y hacer lo que quiera, hasta altas horas de la madrugada. ¡Al fin!

En conclusión, adoraba las navidades porque estaba con mi familia. Ahora ya la cosa ha cambiado demasiado y pienso otra cosa de éstas fiestas... como ya pudisteis ver en el post de ayer.

¡¡Un besazo a todos!!

martes, 23 de diciembre de 2008

El (no) espíritu navideño


Estas Navidades son distintas. No son Navidades.

No hay polvorones apenas, ya no me gustan como antaño. Antes me sentaba en el sofá a ver cualquier película y me zampaba dos o tres mantecados de canela arropados con la enagua de mi abuela. Veíamos anuncios navideños, películas de Rudolf, tarareábamos villancicos y ojeábamos los catálogos de juguetes. Ahora ya no. Ahora no soporto los anuncios navideños, esas familias felices alrededor de la hoguera esperando a Santa Claus me parecen patéticas, los villancicos irritan mis oídos, y los juguetes son ya demasiado caros hasta para mirarlos.

Algo ha acabado con el espíritu de la Navidad este año. La crisis quizás, la tecnología, algo, le ha asesinado. Ya las navidades no son lo que eran antes, cuando significaban la reunión familiar. Ya no habrá regalos ni detalles ni nada. Antes me parecía todo muy hipócrita, ya que la familia sólo se acordaba del tío enfermo en el hospital en estas fechas, se acercaba con la sonrisa falsa a darle un ramo de rosas y una caja de bombones, y se iba despreocupadamente. Ahora, ya ni eso.También puedo decir que es debido a la madurez, pues desde hace tiempo no veo las cosas desde la perspectiva de niño. Nunca creí en los Reyes Magos ni en nada, sabía que mis padres se comían las galletas que les dejábamos (sí, yo les dejaba galletitas de fresa de Hacendado), y por supuesto ninguna cigüeña parisina me había dejado a mí en ningún sitio. A mi no me engañaban... la Navidad era, y cada vez lo es más, una tradición que poco a poco se iba comercializando. Un puro y duro pretexto para vender más. En Diciembre parece que los niños necesitan de verdad la niña cagona o el coche transformable de Spiderman, que si no regalas tal juego de ordenador no eres nadie y ¡cómo te atreves, ah, desdichado, a no tener un árbol de Navidad superluminoso, un Papá Noel colgando del balcón y un portal de Belén con figuritas de plástico! 

Este ha sido el primera año en el que no he ayudado a mi madre a poner el portal. No tenía ganas, no me hacía ninguna ilusión. Sólo son unas cuantas figuritas mal hechas sobre un trozo de cartón y bajo algo de corcho. Se ve que ella tampoco lo ha hecho con muchas ganas, ya que sólo ha puesto lo mínimo, y en un rincón poco posible. Otros años lo poníamos al lado del árbol, con muchas casitas diferentes, un molino, un huertecillo, unas gallinas y un puente sobre un río plateado. La única particularidad que ha persistido hasta hoy desde siempre son los tres dálmatas de plástico que velan por el niño Jesús (Gracias!). El arbolito también está puesto, pero ya no ilumina como antes. Como he dicho, no hay espíritu navideño. No hace frío como antes, apenas llueve, ni estoy apenas con la familia.

Quizás sea porque me entretengo en otras cosas. Bueh, quizás no, es así. Una hora mínima paso el día hablado con eGeo. Cada vez que puedo, estoy aquí asomándome a la ventana de internet, hablando con gente, escribiendo o aprendiendo, viendo películas o jugando. Apenas estoy con ellos.... por las noches me aburro, no hay nada en la tele interesante. Mi hermana se va a su cuarto a ver su tele o a hablar con su novio, y yo me voy a la mía a hablar con el mío. Mis padres ven que nos distanciamos... podrán culpar a la tecnología, los ordenadores y tal... pero en parte es natural. Si no estoy en el ordenador, estaría todo el día en la calle, como mis amigos. Sólo que hay algo muy fuerte que me ata y me hace estar muy cómodo en mi silla con los pies sobre la cama, y sois eGeo y vosotros. He aprendido mucho aquí, he conocido a muchísimas personas interesantes que cada vez me sorprenden más. Mis padres no entienden que yo pueda tener una vida cibernética... que también me puede ayudar en la vida social y personal.

El espíritu de la Navidad se ha muerto... pero lo que sí es importante, es que realmente somos nosotros los que podemos revivirlo. Será que me he cansado de vivirlo de tal manera, que los tiempos han cambiado o qué, pero quiero una nueva manera de festejar las fiestas. En sí, las navidades se suceden durante una fecha del año cualquiera, pero tanto como pretexto para el consumismo, también lo es para demostrar los valores humanos. En un momento tan simbólico como pasar de un año a otro, queremos estar con las personas que de verdad importan. Al menos en mi punto de vista, lo que vale la pena es ser sinceros consigo mismo y con el mundo. Es bonito reunirse con la familia y montar el Belén, claro que sí, pero siempre y cuando se haga con corazón, de verdad, son sinceridad, cosa que ya no se lleva. En navidades, como podría ser en cualquier fecha del año, hay que hacer lo que a uno le gusta, ser ñoño, cursi o todo lo que se quiera ser. Darle más importancia al sentimiento que a cualquier otra cosa. Por eso, ya sé cómo quiero pasar las siguientes navidades. Con mi familia, sí, pero con una persona más especial aún. Con mi segunda mitad, con eGeo, pues es el que me completa y me hace ser como soy. El que de verdad me hace sentir a gusto.

No me gustan estas navidades. Son frías, calculadas, sistemáticas, típicas, son aburridas. Han perdido su sentido original, el sentido de unidad, de familia. Me entristece recordar las anteriores. Desearía ser un niño de nuevo. Tener dos, tres, cuatro años menos, y ser feliz con la persona a la que quiero. Eso es lo que más me entristece. Que hay personas que han podido disfrutar lo que he pasado yo con la familia pero de verdad, con la persona a la que quieren. Seré yo que soy muy raro, pero necesito tener a alguien, no estoy hecho para vivir solo. Y ahora estoy así, sigo solo, pues lo único que necesito es cariño... un cariño que teóricamente tengo, pero que no volveré a percibir en práctica cuando realmente lo vuelva a necesitar. Estoy triste, porque pienso que es injusto. Injusto que mi maldito pasado no se pueda borrar, que lamentablemente solo 10 horas no hubieran sido suficientes, es injusto que además de todo ello, tenga que esperar 7 y 8 malditos meses más para tener una segunda oportunidad de ser feliz. Estoy triste. Pasaré una triste Navidad más.

¡Un besazo a todos!

De tot un poc

Hoy voy a escribir. No sé de qué, pero si sé que voy a dejar mis dedos correr sobre el teclado. De fondo escucharé alguna que otra cancioncilla, pero no le prestaré atención. Lo importante es lo primero que se me ocurra.

Me estoy comiendo una de las natillas que compró mi madre. Al final, no cumplieron su propósito, ya que no me puse malo con amigdalitis ni nada, simplemente una falsa alarma. De ésta manera, me está sabiendo un poco rara, ya que no estoy acostumbrado a tomarla en épocas sanas. Anoche ya estaba casi recuperado, esta mañana solo tenía dolor de garganta, que al estar todo el día abrazada por la bufanda, se ha mejorado completamente. Abrazado... tengo ganas de abrazar a eGeo. Puede parecer exagerado, pero lo echo de menos más que nunca, pues no he hablado con él por msn. Aunque nuestras conversaciones vía messenger o gmail no sean siempre precisamente muy brillantes, ya que lo nuestro es el teléfono, el no tenerlas también se me hace raro. Me falta algo en este día de hoy. Y bastante más me va a faltar durante esta semana hasta que vuelva... gracias a Jesús Vázquez, osea, el Dios gay, mañana me voy a Antequera, y el día siguiente a casa de mis abuelitos paternos a Córdoba para pasar el día de Navidad y Nochebuena, por lo que no sentiré esa ansiedad al ponerme en el msn y no verlo conectado... ya que no tendré ni siquiera ordenador. A veces me da por leer su primer blog, el de Terra, sus palabras inocentes, inexpertas, el eGeo antiguo y niño del que me acabaría enamorando y el cual acabaría encontrando lo que tanto busca en alguien del sur, ese área geográfica tan desconocida para él. El caso es que echo de menos a eGeo.

"Sabías a lo que venías", el malogrado programa que desastrosamente sacó la Sexta, me lo recuerda a cada anuncio en que se patrocina. También mucha gente me lo dice. Yo sabía que todo esto iba a pasar. Que sentiría lo que siento ahora, incomprensión, desesperación, amargamiento, frustración, soledad, temor por volver a lo mismo de siempre. En parte, el haber estado ya avisado desde antes, alivia un tanto las cosas... pero no es suficiente. Algo queda, siempre, por mucho que te quieras conformar, no puedes, el sufrimieno está. Le echo de menos. Ya no recuerdo cómo es besar a una persona, menos aún cómo sería besar a la persona amada. Antes me bastaba con imaginar un poco y sentía su lengua contra la mía... ya no puedo, por mucho que lo intente. Es triste. Es muy triste mi situación. Pero no quiero repetírmelo hasta la saciedad, no quiero aburrirme de mis palabras, no está bien que insista siempre en lo mismo, me cansará. Cambiemos de tercio.

El sábado pasado, oséase, hace dos días, tenía pensado ir a Málaga con Laurita y con Alex. De paso, tenía pensado encontrarme con mi clon malagueño (el que me encontré en la manifestación de Bolonia en el Vialia, tal y tal...) en el centro comercial... perfecto para conocerlo, pasar un buen rato con nuevos amigos... y que Alex le conociera a él. Por lo visto, Alex, que ya ha dejado a su novio, busca a otro... y se obsesiona por cualquiera. Y yo, que soy un Celestino del nuevo milenio, pues estoy haciendo todo lo posible por que se conozcan y se unan en amor místico, puro, y del duro. Aunque hay un problemita... que mi Yo malagueño ya tiene novio... precisamente, llamado igual que eGeo. Aun así, yo voy a hacer lo posible... aunque me joda ver a otra parejita feliz ante mis narices... ¡pero es que me aburro!. La cosa del sábado mañana al final no cuajó, ya que mi clon había tenido problemas con los padres y habría que aplazar el encuentro... pero de todas formas, tramé un ingenioso plan para que se conocieran, al menos por msn. Bah, lo que hice fue agregarlos a la misma conversación, y con mis artes oratorias, conseguir que uno se interesase en el otro... aunque no sé si viceversa. Por ahora, parece que mi clon está más interesado en mí o en cualquier otro que en el pobre de Alex. De todas formas... no soy yo quién para ir rompiendo parejas... sólo quería ver lo que puede pasar. Alex está ilusionado, aunque yo intento que se fije en otros, pero ya ha vuelto a tener confianza en sí mismo y en su futuro. Juas, juas, juas... me está gustando esto de manipular a la gente... dentro de un año me será pan comido conseguir que eGeo trabaje, limpie, cocine y planche para mi... sí, sí, mientras yo haré cómo que estudio... ¡lo lograré! (Nah, es bromita, y dije que iba a escribir lo primero que se me ocurriese, bromas estúpidas valen.)

Hoy por la tarde he estado con Lara, el rubito gay y otros chicos, dando vueltas por Fuengirola. Lo he pasado muy bien, me he reído mucho, con el rubito voy cogiendo más confianza, con Lara ya llegamos a límites de la amistad que no esperaba llegar, me encanta. Ella siempre tiene la piel caliente, y yo fría... así que me reconforta cogiéndome de la mano, y así andamos por la calle. Parecerá una estupidez contada por un pequeño niño ilusionado con nuevos zapatos, pero es que me encantan esos detalles. Siempre he querido una amistad así con alguien... ¡y por fin, la tengo! Estoy muyyy contento con todo esto que está pasando. Y pensar ahora que a ella la conocí de sopetón, asustándome al aparecer una noche en la playa antes de irme de camping, y tras jurarme que era clavadito a alguien (a Chris), preguntarme si era gay con una sonrisa franca dibujada en la cara. ¡Quién lo diría, que ahora estaría así con ella!

Poco más de lo que hablar hoy. Ahora escribiré un poco, para los días en los que estaré ausente. Tengo varias cosillas en mente, pero no os diré nada, ya que si al final no las hago (como es normal en mí),  recaerá sobre mi conciencia la falta de no haberlo cumplido.

¡¡Un besazo a todos!!

domingo, 21 de diciembre de 2008

¿Amigdalitis? ¡Noooo, por favooooor!



Mi madre ha comprado natillas de chocolate. Eso sólo puede significar dos cosas:

1) Que alguna compradora cruel se lo ha endolsado en su carrito de la compra. Mi madre nunca compra natillas de chocolate.

2) Que me considere oficialmente enfermo.

Así es nenes y nenas, mayoría nenes y pocas nenas, mi madre ha comprado natillas de chocolates, cosa que sólo y exclusivamente hace cuando alguien está mal, como yo, que estoy malo malito, enfermo terminal. (Bueh, no tanto :P)

Al final, el viernes por la noche salí a cenar con los de la clase. Estaba yo tranquilito en mi casita, en el ordenador, cuando me llamaron... ya habían intentado convencerme en el msn, pero me había negado en todas las ocasiones... aunque en ésta cambié radicalmente de parecer y acepté. Me cambié, me puse mi camisa nueva y mi chaqueta de cuero, algo de perfume y salí de casa. Cuando llegué, me aplaudieron nada más llegar... pero no me importó. Esa noche ya estaba frío yo, y no sólo físicamente, sino anímicamente. Fui, pero no sé bien por qué. Aguanté toda la cena sentado en la cabecera de una laaaaarga mesa donde todos mis compañeros de clase estaban comiendo ya, al lado de una parejita. El chico que la componía había sido muy buen amigo en su tiempo, compartíamos las mismas aficiones, y era la única persona con la que hablar durante mis muchos años de soledad en el patio del recreo, aunque nunca supo de mi homosexualidad. Volvimos a retomar temas pasados, a bromear por lo de siempre, la verdad es que pasé un agradable momento con él. Cuando ya se dio la vuelta y empezó a besar a su novia, todo cambió. Me centré en mis filetes y el puñado de patatas pochas, me hundí en ellas, me embadurné de la salsa de pimientos y deseé desaparecer. Al terminar rondé entre las otras personas, muchas me preguntaban que por qué no pensaba ir... y no sabía qué decir. Paco, el chico tan curioso del que ya apenas os acordaréis, pero que mencioné aquí y aquí, se interesó por saber por qué lo hacía... pensaba que era una actitud de rebeldía, de "Gato versus El Mundo", y ciertamente eso podría parecer. Ni yo tengo claro por qué no quería ir. Supongo que sería porque no quería ver a las parejitas, porque presentía que no me sentiría bien... o porque simplemente mi cuerpo me estaba avisando. Estaba cansado de hacer lo que todo el mundo quería... estaba harto de poner la cara bonita para parecer esa persona amigable y simpática... no quería llevar más la máscara, pensaba dejar de aparentar, y por una vez actuar según me apeteciera a mí. 

Al dirigirnos a la Plaza Amarilla (típico lugar de botellona) hablando con Paco, y empezé anotar los primeros síntomas. Dolor de garganta, cansancio, la cabeza a punto de estallar, molestia general en todo el cuerpo. Pocos minutos duré allí. Ya empezaban todos a beber, y me aburría. Daba vueltas, hablaba un poco con los abstemios, hacía el tonto con los que ya empezaban a caer bajo los efectos del alcohol, la mayoría. La enorme plaza estaba desierta, sólo nuestro pequeño grupo manchaba la estampa nocturna del Paseo Marítimo. Gracias a Dios, mi móvil empezó a sonar, pero por esta vez era Lara. Me decía que estaban en un local cercano que me pasase. Más contento que unas pascuas, me despedí del grupo diciendo que debía irme a casa ya, atravesé pocas calles, y me encontré con mi gente de verdad. Sentada con ella y otra chica estuve un rato, hablando de mil cosas, haciendo el tonto... pero yo ya me encontraba mal. A las 1 me fui, acompañado por ellas, y por Luca, con el cual nos encontramos por el camino.

A la mañana siguiente ya desperté mal, mal, mal. Me seguía doliendo horrores la cabeza, las amígdalas se habían hinchado. Entonces mi madre me dijo que iba a contraer de nuevo amigdalitis... cosa mala para mí, ya que cuando me da, una vez al año, es muy fuerte, caigo con 40 grados de fiebre hasta una semana. La ocasión anterior, tuvieron que ponerme penicilina, me dolió. Poco puedo decir sobre estos dos días del fin de semana. He hablado por el msn con mucha gente y por teléfono con eGeo, han surgido novedades respecto al tema de Alex y al clon que me encontré en el Vialia de Málaga, pero poco más. El dolor el primer día fue intenso, tenía un cansancio en todo el cuerpo que no podía soportar. Hoy ya ha remitido un poco, aunque sigo con el dolor de cabeza y la pesadez en los párpados, tan sólo he llegado a los 37 de temperatura. Me he tomado lizipaína y más cosas cuyo nombre no recuerdo (mi madre es farmacéutica, estoy rodeado de medicamentos, y aun así no me sé los nombres), incluso aspirinas, aunque me ha dicho cierto pajarito médico que son más malas que pegarle a un padre, que deberían prohibirlas pues podrían desangrarme. Gracias a Dios, sólo fue falsa alarma, aunque me lo pensaré dos veces antes de tomarme otra.

Eso es todo, amigos. Mañana espero recuperarme. Saldré un poco, ya que el fin de semana lo he pasado recluído, me despejaré y volveré a verlo todo de la manera positiva. Estos días de convalecencia han sido agotadores tanto física como anímicamente. Espero que esas amigdalitis que anunciaba mi madre sean sólo presentimientos suyos, y que no se hagan realidad.

¡¡Un besazo a todos!! ^^