sábado, 27 de diciembre de 2008

Esta noche es Nochebuena, y mañana Navidad (1ª Parte)



...saca la bota, María, que me voy a emborracharrr...

No precisamente eso pasó en Nochebuena ni en Navidad, ya que ni había botas, ni alcohol, ni María (Huy que mal queda esooo...), pero si hubo música, bailes, cangrejos, viajes y fotografías. Pero vayamos por partes.

El principio empezó con los primeros sucesos. Dije (aunque no, me parece que al final no lo dije, así que lo digo ahora), que el martes saldría con las dos mujeres de la casa a las 4 de la tarde en tren hacia Málaga y de allá hasta Antequera en bus. Al final, por prisas previsibles de mi madre, se decidió postergar el "entrene" (el "embarque" en el tren) a las 5, por lo que mejor para mí. Lo que no se pudo preveer bien era que las prisas se demorarían más, pues aunque corriésemos hasta la estación, el alegre señorito vendedor de entradas nos dijo que "no hacía falta que os déis prisa, que el tren ya se ha ido". Mi madre entonces apunto estuvo de coger una de sus rabietas depresivas, mi hermana se calló y se retiró a un lado con la maleta, y entonces yo tuve que sacarlas adelante. Mi madre ya entonces daba por perdida la misión, iba a llamar a mi abuelo para decirle que no nos esperase, que cenase solo... cosa que a mí me dió una pena inmensa, quería verlo alguna vez en estas Navidades, así que saqué el horario de autobuses del bolso de mi madre y simplemente busqué la siguiente salida. A las 7 y media partía uno, así que teníamos tiempo suficiente para esperar una hora, coger el tren de las 6 menos cuarto y pasar en el Vialia una horita. 

Lo arreglé con ella bien, la convencí poniendo como excusa (verdadera) la pena que sentiría mi solitario y abandonado abuelo, y se acordó. Durante esa hora no hice nada, tocar el piano y tal, volvimos, y ya cogimos el tren adecuado. Poco más que contar, durante media hora en el Vialia estuve hablando con eGeo, y en la otra mitad buscando a mi madre y a mi hermana. El viaje en bus fue bonito, casi me dormí. No sé qué me pasa ahora, que en cualquier medio de transporte, me duermo. El caso es que llegué a Antequera a punto de caer en los brazos de Morfeo, pero no hubo otro remedio que recostarse y abrir bien los ojos. La noche pasó sin más pena ni gloria, durmiendo en el antiguo, pero bien conservado y muy grande piso de mi abuelo en el centro.

A la mañana siguiente me volvieron a separar de Morfeo, esta vez para caer en las garras del poderoso caballero Don Dinero: me fuí de compras. En realidad, mi madre había planteado echar un vistazo por las tiendas antequeranas, pero finalmente acabamos con dos bolsas cada uno. Yo, un jersey fino muy mono, y de repente, en una tienda de discos, algo de lo que me enamoré. Una camiseta... perdón, LA camiseta de La Casa Azul. La que véis en la foto. Me encantó, hasta el dependiente me dijo que tenía buen gusto eligiendo y escuchando música. Entonces avisé a mi madre corriendo, para que me diese dinero y luego devolvérselo yo en casa... aunque terminó por regalármelo. Salí con una sonrisa iluminando las calles de la encapotada ciudad, mirando a cada dos pasos mi camiseta nueva. Llegué al piso, y al poco rato llegó mi padre desde Fuengirola en coche. Comimos, durmieron la siesta, y nos fuimos a casa de mis abuelitos en Palma del Río.

Llegar, leer la revista Pronto y empezar con el tapeo sobre las 8 o 9, lo típico allá. Gambas, almejas, jamón y queso, y los piquitos de pan no pueden faltar. Comimos en la mesa del gran salón, momento de reunión que aproveché para una de las cosas que más me gustan. Poner música en el tocadiscos. Desempolvé los muchos discos que aún quedan (los mejores me los llevé a casa, aquí están, para que en un futuro tengamos algo curioso con que decorar nuestro apartamento en la ciudad X o en Madrid), y el ambiente se inundó de ese sonido característico de los discos antiguos, con el ruido de fondo, la voz melodiosa y los ritmos tranquilos, apaciguadores, de las canciones de ayer. Los vinilos de María Dolores Pradera, Luis Aguilé, Antonio Machín, entre muchos otros, giraron sin cesar durante toda la velada. Ahora, voy a confesaros algo muy muy muy fuerte, que puede que os aparte por siempre jamás de este blog definitivamente. Muy a mi pesar, por el futuro de éstas palabras y el mío, he de decir que... me gusta Antonio Machín. Me gusta su voz, sus canciones, el toque que les da, esas maraquitas, me gustan mucho. Antes lo había escuchado... pero estos días me empapé completamente de él, salí airoso y, sobre todo, satisfecho. En fin, ya estoy más tranquilo. He salido del armario una vez más. Menos mal que ya voy a dejar de escribir para hablar con mi novio, porque creo que no aguantaríais algún que otro sustito que os tengo preparado.

Después de escuchar la máquina de hacer Antonios (uséase, Antonio Machín.... vale, chiste malo y viejo... pero estoy cansado, es lo que hay), estuvimos bailando éxitos antiguos... muy muy antiguos. Con decir que, por ejemplo Miguel Bosé nos cantaba su "Super Supermán" con voz de niñito... y que Rumba 3 temía la llegada de su "Tiburón"... pero como pocos o casi ninguno sabe qué canciones de antaño son esas, os dejo enlacitos: la primera aquí (pero mirad qué gay bailaba Bosé, me encanta!), y la segunda... pues no he encontrado, je, imaginad cuán antiguo es... es rumba de feria hortera pero con marcha, con eso os hacéis una idea aproximada. Después de la "fiesta" y los bailoteos, nos fuimos a la cama, pues hay que descansar, para que a la mañana, pudiéramos madrugar. Madrugar, madrugar, yo no madrugué mucho, pero bueno, eso ya lo contaré próximamente.

Ya está. Esta fue nuestra Nochebuena. Noche en realidad manchada con los tintes de la soledad, pues me sentía más lejos de eGeo que nunca. Apenas unos minutos pudimos hablar, minutos que me parecieron injustamente escasos. Gracias a Dios, ya estoy aquí, y él ha llegado de Logroño, todo vuelve a su anómala normalidad.

¡¡Un besazo a todos!!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

All I want for christmas is...

¡¡eGeo!!
Y por una vez, lo que desee por Navidad vendrá a mí. La primera vez, este 2008 ha sido la primera vez para todo. El primer paseo en moto, la primera entrada de mi blog,  el primer bailoteo en una discoteca, la primera ruptura con el pasado, el primer amor correspondido, el primer abrazo, el primer beso, la primera caricia, el primer "te quiero",  el primer paseo cogido de la mano amada, las primeras lágrimas de amor lamidas, las primeras 100 horas hablando con mi teléfono nuevo, el primer grupo de personas con el que me siento realmente bien... ha sido el primer año de mi vida.

Hoy voy a hablar del fantasma de las Navidades pasadas. De mi fantasma particular, del miedo. De la desesperación. La mayoría de los años, en Navidad o Nochebuena me iba a casa de mis abuelos maternos en Antequera, esa gran casa de campo que había crecido alrededor de un pozo. Nos reuníamos toda la familia: mis dos tíos, mis cinco primos, mis cuatro primos segundos, dos o tres tíos lejanos, mis alegres abuelos y nosotros. En el inmenso salón, con las puertas cerradas y la televisión puesta en el salón el comedor de al lado, disponíamos las grandes mesas, y allí todos comíamos algo típico que cada uno había preparado en su casa. Algunos traían carnes, otros pescado, otros el vino, y otros enormes tartas para compartir con todos. Después de la frugal cena, en la que hablábamos sin tapujos de cualquier tontería, llevábamos las cosas todos a la cocina. Entonces empezaba la verdadera fiesta. Algunos salían a la noche oscura a fumar, otros empezaban a enseñar regalitos, los más pequeños corrían por aquí y por allá jugando con los trapos viejos de mi abuela, mi tío empezaba a beber, y mi tía le regañaba y se reía con sus potentes carcajadas. De repente, mi padre se metía en un cuarto y empezaba a sacar instrumentos. Guitarras, claves, panderetas, timbales, triángulos, castañuelas, y, cómo no, la botella de Anís del Mono vacía que aportaba mi abuela. Mi padre empezaba a cantar, poco a poco, casi solitariamente, los villancicos que con anterioridad ya se había aprendido acompañado de la guitarra. Yo le seguía con las claves, mi tía cogía sus queridas castañuelas, mis primos con sus panderetas, mi abuela con la botella de anís y mi abuelo se inventaba sus instrumentos gracias a su increíble don creativo. Al final toda la familia quedaba resumida en una orquesta que, aunque no sonase al unísono, sí poseía un sentimiento común: felicidad. Júbilo, ganas de pasárselo bien, olvidarse de los problemas durante una noche al año. Mi familia siempre ha tenido muchos, muchísimos. Y una vez más, mi padre, ese chico extravagante y distinto que no pintaba nada en la familia de mi madre, había conseguido apaciguar sus emociones y tornarlas hacia una visión del futuro más prometedora. Cantábamos mal, pero cantábamos con ilusión, que era lo importante. Luego de los villancicos, algún tío lejano se acostaba, otro se mareaba por el exceso de alcohol, y un tercero tenía que irse a dormir a su pueblo cercano. Entonces empezaba la marcha para los jóvenes. Ponían música, cutre, pero música, el aserejé y varias tonterías más, para que mi hermana y mis primos bailasen. Vale, lo confieso. Más de alguna vez me pilló la Macarena vestido de pastorcillo (sí, también me llevaba el traje allí). Hay que tener en cuenta que yo era pequeñito, y me olvidaba de todo amor propio y decencia. Después, sacábamos los regalos, ya sobre la 2 de la noche. Muchísimos regalos, nos encantaba regalarnos cosas, pequeñitas, baratas, pero muchas. Cada familia le hacía un regalo a cada miembro de la otra, así, acabábamos con los brazos llenos de peluches, colonias y joyas económicas, y la gran mesa inundada de papeles de regalo. Adoraba esos momentos. Después acostarse cansado, en cualquier cama con cualquier persona, y tener dulces sueños hasta la mañana siguiente para levantarnos tarde y resacosos. Esas épocas cambiaron cuando murió mi abuela, hará unos 3 años.

Desde que falleció, todo cambió. Intentamos reunirnos allí de nuevo, pero tuvimos que desistir al segundo año. Mis tíos de Málaga con sus tres hijos no fueron, no querían. Mi abuelo estaba triste, todos estábamos pusilánimes. No hubo villancicos, nadie tenía ganas, había un ambiente rancio en el aire. Se echaba de menos el sonido de su botella de anís, el de sus pulseras contra el cristal de la mesa, su gran pelo embadurnado de laca. Lo que de pequeños nos hacía arrugar la nariz con repulsión, ahora necesitábamos con tristeza. Poco a poco, esa ansiedad ha ido desapareciendo, aunque a veces vuelve a nosotros. Ya mi abuelo está mejor, con el paso de los años no siente ese vacío tan grande, mi madre no sufre y en la familia parece haberse instaurado ya la normalidad, que parecía forazada en otros momentos. Aún así, nos cuesta reunirnos. A mis tíos hace ya casi un año que no los veo, y con mis primos la relación se ha enfriado muchísimo. Ya nada es lo mismo.

Este año estoy pasando Nochebuena en la casa de mis otros abuelos, los abuelitos, como les llamamos nosotros. Antes hemos estado en Antequera visitando a mi abuelo, pero lo hemos dejado para estar con los cordobeses. Teníamos por costumbre los otros años ir allá en Nochevieja, dar siempre el paso al nuevo año desde la casa de campo en la rústica urbanización cercana al río Guadalquivir. Eso ya os lo contaré más detenidamente el próximo día, pues por una vez la cosa va a cambiar. Este año nos quedaremos en Nochevieja en Fuengirola, podré salir y hacer lo que quiera, hasta altas horas de la madrugada. ¡Al fin!

En conclusión, adoraba las navidades porque estaba con mi familia. Ahora ya la cosa ha cambiado demasiado y pienso otra cosa de éstas fiestas... como ya pudisteis ver en el post de ayer.

¡¡Un besazo a todos!!

martes, 23 de diciembre de 2008

El (no) espíritu navideño


Estas Navidades son distintas. No son Navidades.

No hay polvorones apenas, ya no me gustan como antaño. Antes me sentaba en el sofá a ver cualquier película y me zampaba dos o tres mantecados de canela arropados con la enagua de mi abuela. Veíamos anuncios navideños, películas de Rudolf, tarareábamos villancicos y ojeábamos los catálogos de juguetes. Ahora ya no. Ahora no soporto los anuncios navideños, esas familias felices alrededor de la hoguera esperando a Santa Claus me parecen patéticas, los villancicos irritan mis oídos, y los juguetes son ya demasiado caros hasta para mirarlos.

Algo ha acabado con el espíritu de la Navidad este año. La crisis quizás, la tecnología, algo, le ha asesinado. Ya las navidades no son lo que eran antes, cuando significaban la reunión familiar. Ya no habrá regalos ni detalles ni nada. Antes me parecía todo muy hipócrita, ya que la familia sólo se acordaba del tío enfermo en el hospital en estas fechas, se acercaba con la sonrisa falsa a darle un ramo de rosas y una caja de bombones, y se iba despreocupadamente. Ahora, ya ni eso.También puedo decir que es debido a la madurez, pues desde hace tiempo no veo las cosas desde la perspectiva de niño. Nunca creí en los Reyes Magos ni en nada, sabía que mis padres se comían las galletas que les dejábamos (sí, yo les dejaba galletitas de fresa de Hacendado), y por supuesto ninguna cigüeña parisina me había dejado a mí en ningún sitio. A mi no me engañaban... la Navidad era, y cada vez lo es más, una tradición que poco a poco se iba comercializando. Un puro y duro pretexto para vender más. En Diciembre parece que los niños necesitan de verdad la niña cagona o el coche transformable de Spiderman, que si no regalas tal juego de ordenador no eres nadie y ¡cómo te atreves, ah, desdichado, a no tener un árbol de Navidad superluminoso, un Papá Noel colgando del balcón y un portal de Belén con figuritas de plástico! 

Este ha sido el primera año en el que no he ayudado a mi madre a poner el portal. No tenía ganas, no me hacía ninguna ilusión. Sólo son unas cuantas figuritas mal hechas sobre un trozo de cartón y bajo algo de corcho. Se ve que ella tampoco lo ha hecho con muchas ganas, ya que sólo ha puesto lo mínimo, y en un rincón poco posible. Otros años lo poníamos al lado del árbol, con muchas casitas diferentes, un molino, un huertecillo, unas gallinas y un puente sobre un río plateado. La única particularidad que ha persistido hasta hoy desde siempre son los tres dálmatas de plástico que velan por el niño Jesús (Gracias!). El arbolito también está puesto, pero ya no ilumina como antes. Como he dicho, no hay espíritu navideño. No hace frío como antes, apenas llueve, ni estoy apenas con la familia.

Quizás sea porque me entretengo en otras cosas. Bueh, quizás no, es así. Una hora mínima paso el día hablado con eGeo. Cada vez que puedo, estoy aquí asomándome a la ventana de internet, hablando con gente, escribiendo o aprendiendo, viendo películas o jugando. Apenas estoy con ellos.... por las noches me aburro, no hay nada en la tele interesante. Mi hermana se va a su cuarto a ver su tele o a hablar con su novio, y yo me voy a la mía a hablar con el mío. Mis padres ven que nos distanciamos... podrán culpar a la tecnología, los ordenadores y tal... pero en parte es natural. Si no estoy en el ordenador, estaría todo el día en la calle, como mis amigos. Sólo que hay algo muy fuerte que me ata y me hace estar muy cómodo en mi silla con los pies sobre la cama, y sois eGeo y vosotros. He aprendido mucho aquí, he conocido a muchísimas personas interesantes que cada vez me sorprenden más. Mis padres no entienden que yo pueda tener una vida cibernética... que también me puede ayudar en la vida social y personal.

El espíritu de la Navidad se ha muerto... pero lo que sí es importante, es que realmente somos nosotros los que podemos revivirlo. Será que me he cansado de vivirlo de tal manera, que los tiempos han cambiado o qué, pero quiero una nueva manera de festejar las fiestas. En sí, las navidades se suceden durante una fecha del año cualquiera, pero tanto como pretexto para el consumismo, también lo es para demostrar los valores humanos. En un momento tan simbólico como pasar de un año a otro, queremos estar con las personas que de verdad importan. Al menos en mi punto de vista, lo que vale la pena es ser sinceros consigo mismo y con el mundo. Es bonito reunirse con la familia y montar el Belén, claro que sí, pero siempre y cuando se haga con corazón, de verdad, son sinceridad, cosa que ya no se lleva. En navidades, como podría ser en cualquier fecha del año, hay que hacer lo que a uno le gusta, ser ñoño, cursi o todo lo que se quiera ser. Darle más importancia al sentimiento que a cualquier otra cosa. Por eso, ya sé cómo quiero pasar las siguientes navidades. Con mi familia, sí, pero con una persona más especial aún. Con mi segunda mitad, con eGeo, pues es el que me completa y me hace ser como soy. El que de verdad me hace sentir a gusto.

No me gustan estas navidades. Son frías, calculadas, sistemáticas, típicas, son aburridas. Han perdido su sentido original, el sentido de unidad, de familia. Me entristece recordar las anteriores. Desearía ser un niño de nuevo. Tener dos, tres, cuatro años menos, y ser feliz con la persona a la que quiero. Eso es lo que más me entristece. Que hay personas que han podido disfrutar lo que he pasado yo con la familia pero de verdad, con la persona a la que quieren. Seré yo que soy muy raro, pero necesito tener a alguien, no estoy hecho para vivir solo. Y ahora estoy así, sigo solo, pues lo único que necesito es cariño... un cariño que teóricamente tengo, pero que no volveré a percibir en práctica cuando realmente lo vuelva a necesitar. Estoy triste, porque pienso que es injusto. Injusto que mi maldito pasado no se pueda borrar, que lamentablemente solo 10 horas no hubieran sido suficientes, es injusto que además de todo ello, tenga que esperar 7 y 8 malditos meses más para tener una segunda oportunidad de ser feliz. Estoy triste. Pasaré una triste Navidad más.

¡Un besazo a todos!

De tot un poc

Hoy voy a escribir. No sé de qué, pero si sé que voy a dejar mis dedos correr sobre el teclado. De fondo escucharé alguna que otra cancioncilla, pero no le prestaré atención. Lo importante es lo primero que se me ocurra.

Me estoy comiendo una de las natillas que compró mi madre. Al final, no cumplieron su propósito, ya que no me puse malo con amigdalitis ni nada, simplemente una falsa alarma. De ésta manera, me está sabiendo un poco rara, ya que no estoy acostumbrado a tomarla en épocas sanas. Anoche ya estaba casi recuperado, esta mañana solo tenía dolor de garganta, que al estar todo el día abrazada por la bufanda, se ha mejorado completamente. Abrazado... tengo ganas de abrazar a eGeo. Puede parecer exagerado, pero lo echo de menos más que nunca, pues no he hablado con él por msn. Aunque nuestras conversaciones vía messenger o gmail no sean siempre precisamente muy brillantes, ya que lo nuestro es el teléfono, el no tenerlas también se me hace raro. Me falta algo en este día de hoy. Y bastante más me va a faltar durante esta semana hasta que vuelva... gracias a Jesús Vázquez, osea, el Dios gay, mañana me voy a Antequera, y el día siguiente a casa de mis abuelitos paternos a Córdoba para pasar el día de Navidad y Nochebuena, por lo que no sentiré esa ansiedad al ponerme en el msn y no verlo conectado... ya que no tendré ni siquiera ordenador. A veces me da por leer su primer blog, el de Terra, sus palabras inocentes, inexpertas, el eGeo antiguo y niño del que me acabaría enamorando y el cual acabaría encontrando lo que tanto busca en alguien del sur, ese área geográfica tan desconocida para él. El caso es que echo de menos a eGeo.

"Sabías a lo que venías", el malogrado programa que desastrosamente sacó la Sexta, me lo recuerda a cada anuncio en que se patrocina. También mucha gente me lo dice. Yo sabía que todo esto iba a pasar. Que sentiría lo que siento ahora, incomprensión, desesperación, amargamiento, frustración, soledad, temor por volver a lo mismo de siempre. En parte, el haber estado ya avisado desde antes, alivia un tanto las cosas... pero no es suficiente. Algo queda, siempre, por mucho que te quieras conformar, no puedes, el sufrimieno está. Le echo de menos. Ya no recuerdo cómo es besar a una persona, menos aún cómo sería besar a la persona amada. Antes me bastaba con imaginar un poco y sentía su lengua contra la mía... ya no puedo, por mucho que lo intente. Es triste. Es muy triste mi situación. Pero no quiero repetírmelo hasta la saciedad, no quiero aburrirme de mis palabras, no está bien que insista siempre en lo mismo, me cansará. Cambiemos de tercio.

El sábado pasado, oséase, hace dos días, tenía pensado ir a Málaga con Laurita y con Alex. De paso, tenía pensado encontrarme con mi clon malagueño (el que me encontré en la manifestación de Bolonia en el Vialia, tal y tal...) en el centro comercial... perfecto para conocerlo, pasar un buen rato con nuevos amigos... y que Alex le conociera a él. Por lo visto, Alex, que ya ha dejado a su novio, busca a otro... y se obsesiona por cualquiera. Y yo, que soy un Celestino del nuevo milenio, pues estoy haciendo todo lo posible por que se conozcan y se unan en amor místico, puro, y del duro. Aunque hay un problemita... que mi Yo malagueño ya tiene novio... precisamente, llamado igual que eGeo. Aun así, yo voy a hacer lo posible... aunque me joda ver a otra parejita feliz ante mis narices... ¡pero es que me aburro!. La cosa del sábado mañana al final no cuajó, ya que mi clon había tenido problemas con los padres y habría que aplazar el encuentro... pero de todas formas, tramé un ingenioso plan para que se conocieran, al menos por msn. Bah, lo que hice fue agregarlos a la misma conversación, y con mis artes oratorias, conseguir que uno se interesase en el otro... aunque no sé si viceversa. Por ahora, parece que mi clon está más interesado en mí o en cualquier otro que en el pobre de Alex. De todas formas... no soy yo quién para ir rompiendo parejas... sólo quería ver lo que puede pasar. Alex está ilusionado, aunque yo intento que se fije en otros, pero ya ha vuelto a tener confianza en sí mismo y en su futuro. Juas, juas, juas... me está gustando esto de manipular a la gente... dentro de un año me será pan comido conseguir que eGeo trabaje, limpie, cocine y planche para mi... sí, sí, mientras yo haré cómo que estudio... ¡lo lograré! (Nah, es bromita, y dije que iba a escribir lo primero que se me ocurriese, bromas estúpidas valen.)

Hoy por la tarde he estado con Lara, el rubito gay y otros chicos, dando vueltas por Fuengirola. Lo he pasado muy bien, me he reído mucho, con el rubito voy cogiendo más confianza, con Lara ya llegamos a límites de la amistad que no esperaba llegar, me encanta. Ella siempre tiene la piel caliente, y yo fría... así que me reconforta cogiéndome de la mano, y así andamos por la calle. Parecerá una estupidez contada por un pequeño niño ilusionado con nuevos zapatos, pero es que me encantan esos detalles. Siempre he querido una amistad así con alguien... ¡y por fin, la tengo! Estoy muyyy contento con todo esto que está pasando. Y pensar ahora que a ella la conocí de sopetón, asustándome al aparecer una noche en la playa antes de irme de camping, y tras jurarme que era clavadito a alguien (a Chris), preguntarme si era gay con una sonrisa franca dibujada en la cara. ¡Quién lo diría, que ahora estaría así con ella!

Poco más de lo que hablar hoy. Ahora escribiré un poco, para los días en los que estaré ausente. Tengo varias cosillas en mente, pero no os diré nada, ya que si al final no las hago (como es normal en mí),  recaerá sobre mi conciencia la falta de no haberlo cumplido.

¡¡Un besazo a todos!!

domingo, 21 de diciembre de 2008

¿Amigdalitis? ¡Noooo, por favooooor!



Mi madre ha comprado natillas de chocolate. Eso sólo puede significar dos cosas:

1) Que alguna compradora cruel se lo ha endolsado en su carrito de la compra. Mi madre nunca compra natillas de chocolate.

2) Que me considere oficialmente enfermo.

Así es nenes y nenas, mayoría nenes y pocas nenas, mi madre ha comprado natillas de chocolates, cosa que sólo y exclusivamente hace cuando alguien está mal, como yo, que estoy malo malito, enfermo terminal. (Bueh, no tanto :P)

Al final, el viernes por la noche salí a cenar con los de la clase. Estaba yo tranquilito en mi casita, en el ordenador, cuando me llamaron... ya habían intentado convencerme en el msn, pero me había negado en todas las ocasiones... aunque en ésta cambié radicalmente de parecer y acepté. Me cambié, me puse mi camisa nueva y mi chaqueta de cuero, algo de perfume y salí de casa. Cuando llegué, me aplaudieron nada más llegar... pero no me importó. Esa noche ya estaba frío yo, y no sólo físicamente, sino anímicamente. Fui, pero no sé bien por qué. Aguanté toda la cena sentado en la cabecera de una laaaaarga mesa donde todos mis compañeros de clase estaban comiendo ya, al lado de una parejita. El chico que la componía había sido muy buen amigo en su tiempo, compartíamos las mismas aficiones, y era la única persona con la que hablar durante mis muchos años de soledad en el patio del recreo, aunque nunca supo de mi homosexualidad. Volvimos a retomar temas pasados, a bromear por lo de siempre, la verdad es que pasé un agradable momento con él. Cuando ya se dio la vuelta y empezó a besar a su novia, todo cambió. Me centré en mis filetes y el puñado de patatas pochas, me hundí en ellas, me embadurné de la salsa de pimientos y deseé desaparecer. Al terminar rondé entre las otras personas, muchas me preguntaban que por qué no pensaba ir... y no sabía qué decir. Paco, el chico tan curioso del que ya apenas os acordaréis, pero que mencioné aquí y aquí, se interesó por saber por qué lo hacía... pensaba que era una actitud de rebeldía, de "Gato versus El Mundo", y ciertamente eso podría parecer. Ni yo tengo claro por qué no quería ir. Supongo que sería porque no quería ver a las parejitas, porque presentía que no me sentiría bien... o porque simplemente mi cuerpo me estaba avisando. Estaba cansado de hacer lo que todo el mundo quería... estaba harto de poner la cara bonita para parecer esa persona amigable y simpática... no quería llevar más la máscara, pensaba dejar de aparentar, y por una vez actuar según me apeteciera a mí. 

Al dirigirnos a la Plaza Amarilla (típico lugar de botellona) hablando con Paco, y empezé anotar los primeros síntomas. Dolor de garganta, cansancio, la cabeza a punto de estallar, molestia general en todo el cuerpo. Pocos minutos duré allí. Ya empezaban todos a beber, y me aburría. Daba vueltas, hablaba un poco con los abstemios, hacía el tonto con los que ya empezaban a caer bajo los efectos del alcohol, la mayoría. La enorme plaza estaba desierta, sólo nuestro pequeño grupo manchaba la estampa nocturna del Paseo Marítimo. Gracias a Dios, mi móvil empezó a sonar, pero por esta vez era Lara. Me decía que estaban en un local cercano que me pasase. Más contento que unas pascuas, me despedí del grupo diciendo que debía irme a casa ya, atravesé pocas calles, y me encontré con mi gente de verdad. Sentada con ella y otra chica estuve un rato, hablando de mil cosas, haciendo el tonto... pero yo ya me encontraba mal. A las 1 me fui, acompañado por ellas, y por Luca, con el cual nos encontramos por el camino.

A la mañana siguiente ya desperté mal, mal, mal. Me seguía doliendo horrores la cabeza, las amígdalas se habían hinchado. Entonces mi madre me dijo que iba a contraer de nuevo amigdalitis... cosa mala para mí, ya que cuando me da, una vez al año, es muy fuerte, caigo con 40 grados de fiebre hasta una semana. La ocasión anterior, tuvieron que ponerme penicilina, me dolió. Poco puedo decir sobre estos dos días del fin de semana. He hablado por el msn con mucha gente y por teléfono con eGeo, han surgido novedades respecto al tema de Alex y al clon que me encontré en el Vialia de Málaga, pero poco más. El dolor el primer día fue intenso, tenía un cansancio en todo el cuerpo que no podía soportar. Hoy ya ha remitido un poco, aunque sigo con el dolor de cabeza y la pesadez en los párpados, tan sólo he llegado a los 37 de temperatura. Me he tomado lizipaína y más cosas cuyo nombre no recuerdo (mi madre es farmacéutica, estoy rodeado de medicamentos, y aun así no me sé los nombres), incluso aspirinas, aunque me ha dicho cierto pajarito médico que son más malas que pegarle a un padre, que deberían prohibirlas pues podrían desangrarme. Gracias a Dios, sólo fue falsa alarma, aunque me lo pensaré dos veces antes de tomarme otra.

Eso es todo, amigos. Mañana espero recuperarme. Saldré un poco, ya que el fin de semana lo he pasado recluído, me despejaré y volveré a verlo todo de la manera positiva. Estos días de convalecencia han sido agotadores tanto física como anímicamente. Espero que esas amigdalitis que anunciaba mi madre sean sólo presentimientos suyos, y que no se hagan realidad.

¡¡Un besazo a todos!! ^^

viernes, 19 de diciembre de 2008

El Día de las Notas.


Hoy es un día muy temido para muchos. ¡¡¡Ooohhh, nos dan las noootas!!!

Hoy se demuestra si en realidad hemos trabajado, si estábamos estudiando como decíamos o si nos entreteníamos sacándonos los mocos. Muchas personas ven entonces que su esfuerzo ha merecido la pena, y otras se lamentan de lo que no hicieron. La mayoría, como siempre, se arrepienten de mucho, pero poco hacen por remediarlo. Piensan que no sirven para nada y que todo está perdido... tienen la suerte de ser el primer trimestre. Tenemos tres posibilidades, la primera de toda ya está gastada, para muchos satisfactoriamente, para otros no tanto.

Gracias a Dios, soy de los primeros. Desde siempre, el día de las notas, normalmente un viernes, me levantaba con dolor de barriga. Eran nervios, me atacaban a mis entrañas, aunque ya supiese casi todas las notas. A las 12 me dirigí a la clase con mi camisa de rayas verticales. Recuerdo que ya me había puesto esta camisa y esta camiseta en otra ocasión, hace un trimestre, al recoger las notas finales. Ese día ya empezaba a pasar oficialmente de Adán, aunque seguía haciéndome daño. un año atrás, me hizo más daño que nunca, al mentirme una vez más. Pero eso es otra historia que ya os contaré, mi gran historia.

Llegué a las puertas del instituto y me encontré con Kitty. Estuve con ella poco, pues iba pegado como una lapa a su somnoliento novio, que se ha alisado el pelo a lo Guti, solo que le queda como el culo. Me fui en busca de mi tutora, la profesora de inglés, que hace dos años nos cogió manía. Le demostramos que sabíamos más que ella, y para vengarse, nos mandaba a la biblioteca como pretexto de que nos comportábamos mal. Allí pasamos unos dos o tres meses, sin dar ninguna clase de inglés, solo asistiendo a los exámenes. Ahora seguimos en clase, pero pasa algo parecido. Ya ni nos manda callar, sino que directamente pasamos el uno del otro. Ni he quitado el plástico de los libros, esos se quedarán para mi hermana o para el que los quiera comprar.

El caso es que la encontré en clase. Había pocos alumnos, muchos ya habían ido a las 10. No tuve que esperar mucho, me dio el boletín, me felicitó, y listo. No me impresionó, repito que ya sabía todos los resultados. En total, he sacado cinco sobresalientes con 9, tres notables bajos y un mísero seis en historia, de media me da un 8. Vale, mucha gente dice... ohhh, que bieeen, Gatoooo, que buenas noootaaas.... pues yo no estoy contento. Si, estoy conforme, porque me he esforzado y me lo he ganado... pero quiero sacar mejores notas. Algún pequeño 10, por el amor de Dios, si no es mucho pedir. Lo mejor es que sé que lo conseguiré, y tendré mi 9 de media como me propuse. 2º de Bachillerato no es tan difícil, simplemente hay que ponerse y dejar de distraerse. En mi caso, trabajar y estudiar de verdad por primera vez en mi vida.

También estoy conforme porque ha sido una batalla ganada contra mis padres. A principios de curso yo pasaba mucho tiempo en el ordenador, escribiendo o chateando con mi novio. Me acostaba tarde porque hablaba, y pocas veces se me veía estudiar de verdad. Entonces mis padres me advirtieron. Me dijeron que me dejarían hacer lo que yo quisiera, a mi aire, para luego darme cuenta por mi propia experiencia que no debería seguir así. Pues bien. He hecho lo que he querido, estudiando cuando creía que debía hacerlo... y me ha salido todo muy muy bien. No se podrán quejar... no claro que no. Les he demostrado, y me he demostrado a mí mismo con una minisimulación del futuro, que puedo planificarme yo solo, con total libertad, y salir mejor parado. Este año no me he estresado, me lo he tomado con calma, sabiendo que a cada paso hacía lo correcto. Ahora sé que en un futuro podré estudiar tranquilamente, aunque esté con eGeo en una ciudad y una casa nuevas y totalmente desconocidas.

Después de que me diesen las notas, salí a ver las otras clases. Otro que no fuese yo, habría fardado de ellas, ya que tengo una de las mejores de mi clase, y por ende, de las mejores de 2º de Bachillerato (sólo decir que la segunda clase que va detrás nuestra en nivel, la única persona que ha salido mejor parado es Alex... ¡Al que le han quedado dos asignaturas!), pero no, yo no presumo de ellas, no las enseñé mucho. Las guardé y ahora están aquí en mi habitación, bajo un paquete de galletas, y bajo un examen de la selectividad de Inglés. Al salir estuve con Alex y más chicas de su clase... como no tenía plan alguno, y los de mi clase habían desaparecido, me escapé con ellos.

Estuvimos andando a lo largo del paseo marítimo. Está precioso, cualquiera diría que es mediados de Diciembre. El sol calentaba, ni una nube manchaba el cielo, el mar en calma recibía a algunos bañistas, otros jugaban en la arena o descansaban bajo los rayos. Estos pequeños veranitos en manga larga son deliciosos. Dan ganas de tomarse un helado en un chiringuito y ver a los chicos pasear en patines o en bicicleta. En ese momento, mientras nos dirigíamos hacia el castillo, mi móvil vibró. Lo acallé, pero volvió a vibrar varias veces más. Era eGeo. Entonces me lo pensé bien, lo cogí... y le pedí unos momentos. Me acerqué de nuevo a los demás... y le dije con cara de pena y resentimiento que mi pesadita mamá me había llamado y tenía que irme ya. Con lástima me despedí... y al darme la vuelta, no pude evitar reírme.

Disfruté mucho hablar con mi novio dándome la brisa del mar. Rodeé mi primer colegio. Allí pasé pocos años, no recuerdo cuáles, preescolar y 1º y 2º de primaria, creo. El caso es que mis primeros recuerdos provienen de allí. Yo por entonces era muy distinto... era un chico travieso, malvado, me metía con todos... hasta que en cierto momento cambié. Dicen que alguien me pegó... algún otro chico se cansó de mí, no sé. El caso es que recuerdo esas dos realidades. El chico que le quitaba el zumo al otro, y el que después le regalaba el suyo. En ese colegio conocí a Sarita (la única persona que recuerdo de ésos años), nos hicimos amigos inseparables, casi hermanos. No tan inseparables, porque hemos estado años sin hablar... pero bien se ha demostrado podemos volver a ser lo mismo que antes. Recuerdo que con ella bailaba en todas las actuaciones... vestidos de época, de animales, de cualquier cosa, o de pastorcillos. Al patio, cuando yo hablaba con el chico de mi vida y observaba aferrado a las rejas, empezaron a salir chicos pequeños, de unos 6 años, muchos vestidos como yo solía hacer en esas fechas. Me encantaba ponerme mi camisa de cuadros rojos, mi gorro de lana, mi zurrón, mi diminuto pantalón vaquero, mis zapatos náuticos y unos calentadores de lana también los tobillos. En el zurrón guardaba los caramelos que me iban dando, y en la mano llevaba eternamente agarrado el pequeño bastón de madera, que aún conservo. Adoro esos momentos. No era feliz, porque tampoco sabía qué significaba felicidad. Simplemente vivía. Ahora vivo feliz.

Después de hablar con mi vida, darnos buenas noticias y alegrarnos por la vida, volví a casa. Ya todo lo de siempre.

Ahora, en pocos minutos, vendrán Sarita y Sally a cantar conmigo un poco en el singstar. Tengo ganas de pasar con ellas buenos momentos. Aún ni siquiera sé si iré a la cena... tres horas antes de que se haga. Ya veré lo que pasa, aunque creo que faltaré.

Mañana contaré mis razones. Estos días son un poco extraños con mi círculo de amistades, que cada vez tiene bordes más difuminados y quebradizos. También mañana haré algo especial...  ya os contaré.


¡¡¡Un besazo a todos!!!

jueves, 18 de diciembre de 2008

¡A aprovechar las vacaciones!



Voy a salir todos los días que pueda estas Navidades. ¡Me lo he ganado!

Voy a hacer fotografías de día y de noche a mis amigos, saldré con ellos a bailar, iré al Vialia en Málaga en alguna que otra ocasión, veré alguna película con Sally y Sarita, hablaré con eGeo, me acostaré tarde, y, por supuesto, escribiré.

La tarde de ayer la pasé casi en su totalidad con Sally y Sarita. Fue una de las mejores tardes que he pasado con ellas, por eso quiero plasmarla aquí. Para que se quede siempre en el recuerdo imborrable, en mi blog.

A las 6 y media había quedado en la puerta trasera del centro comercial con ellas dos, la parejita de la chica inglesa, y otros dos chicos más. Lo primero que hicimos fue ir de tiendas. Las chicas probándose cosas, y nosotros, los "machos", fuera, casi sin hablar, viendo la gente pasar. El centro comercial estaba triste... a pesar de que de fondo se escuchasen villancicos adulterados que intentasen crear ese ambiente navideño feliz, animado y redulzón de las películas americanas... pero no lo conseguían. Al revés, era más deprimente. Un contraste enorme, una diferencia abismal entre esa felicidad... y la realidad. La tarde era fría, mucho, corría viento, y los trajes oscuros iban agarrados a sus los alabados paraguas. Muchas parejas paseaban bajo el techo coloreado de girnaldas, se paraban a ver el inmenso pseudo-abeto, y continuaban hasta la cola de la máquina de palomitas de maíz. Lo único bonito que tiene el centro comercial, el puesto de Belros. Miento, hay algo más, y son los dependientes de Tommy Hilfiger y Zara... ¡pero qué chicos, por Dios, qué chicos!

Verle vestidos y más vestidos, eGeo, prométeme que nunca serás tan pesadito con las compras como las chicas, porque me desesperan. Aunque lo confieso... entré en Pull and Bear y me convertí en otra fémina fanática de la moda más. Estuve un rato, y al final, tras probarme la ropa y pasear ante las chicas cual modelo, me llevé una camisa oscura negra y roja de cuadrados, un jersey de punto, con cuello de pico, negra y algo de gris delante, y una camiseta de líneas horizontales morada. Mono mono mono, me quedaba todo ajustado, perfecto, como a mi me gusta. Y con dos juezas de lujo. Salí con las tres prendas nuevas y 70 euros menos de mi bolsillo, pero salí contento. Me gusta comprar, cuando tengo ganas de comprar.

Entonces empezamos a dialogar entre todos. Queríamos llegar a un consenso, qué es lo que haríamos en nochevieja, a dónde iríamos y tal. Al final, tras casi convertirse en una discusión, la parejita se iría a una discoteca, yo me quedaría dando una vuelta fuera con Lara y el que quisiera apuntarse, y las chicas, Sarita y Sally... pues no saben qué harán. Me dicen de ir a la discoteca... pero es que paso, rotundamente. Me sale por 60 euros pasar una noche con mil tios borrachos, 60 euros que todo el mundo amortiza en alcohol... y que yo no voy a aprovechar. No me sale rentable, para nada, prefiero salir esa noche con poco dinero, y ajustarme a lo de siempre. Las chicas dicen que es una noche especial, que hay que hacer cosas distintas y tal... pues yo no pienso eso. Si me sobrase el dinero, y estuviese bien acompañado, pues si que me iría a la discoteca para luego terminar comiendo churros en cualquier cafetería. Pero yo lo veo una noche normal, como cualquier otra, sólo que estaré más tiempo. Lo importante para mé es estar con los míos, con los que quiero. Lo demás, el lugar y la música, me da igual, no es tan importante. Sí será importante el año que viene, pues le he hecho prometer también a eGeo que vendremos en Navidades a pasar Nochevieja en Fuengirola. Lo necesito, sería una victoria personal sobre todo el mundo. Al fin realizar mi sueño, pasar al nuevo año rodeador de las personas que más quiero, darle las uvas y luego empezar el 2010 prendado de sus labios.

El caso es que llegamos a la conclusión de que no podría haber conclusión alguna. Cada uno haría lo que quisiera. Algunos se mosquearon, otros impusieron su opinión, yo dí la mía y me senté al margen en uno de esos comfortables sillones de masaje que hay... que te dejan como nuevo... siempre que eches el euro conveniente, para unos minutitos de placer, que por supuesto no pagué. Me estaba quedando fritito... estos días estoy muerto de cansancio... como terminaron los exámenes, y con ello el estrés, los nervios que me permitían estar despierto muchas horas desaparecieron, y el sueño acumulado reclama sus derechos. Me tuve que levantar a despedirme de la parejita y los chicos, pues se iban, dejándonos a Sarita, a Sally y a mi solitos. Estuvimos viendo algunas tienditas más, y, ya que eran casi las 9, nos fuimos a cenar al Burguer King.

Ahí pasé uno de los momentos más deliciosos de mi vida. A parte de la hamburguesa, que me pareció más rica que nunca, charlar con ellas sobre el futuro, sobre mi, sobre eGeo, sobre Sarita y sus historias, sobre el novio de Sally, sobre la posibilidad de la bisexualidad en ellas ymuchas más cosas, fue precioso, cualquier tontería nos hacía estallar en risas. Hacía tiempo que no tenía conversaciones largas, que no hablaba de mi novio sin tapujos, de nuestros planes y tal. Le enseñé nuestras fotos, incluso una pequeña parte del vídeo. Se alegraron mucho por mí, yo también estaba alegre. Todo era perfecto. Como anecdotita... os contaré que yo empecé a jugar con un paquetito de Ketchup. Lo retorcía y volvía a retorcer... hasta que oigo que el limpiador que estaba al lado de nosotros haciendo su labor dice que es imposible de romperlo. Entonces me fijo... y veo que es un chico joven, de unos 22 años, no precisamente un adonis... pero por su voz y sus pintas, otro gay gay gay. Le dije que conseguiría romperlo, él siguió con la escoba y yo torturando al pobre paquetito rojo. Las chicas me dijeron que no paraba de mirarme, que se le veía interesado en mi... y yo me ponía rojo, me reía, y de vez en cuando giraba la cabeza... en efecto, me miraba. Pasé de todo, hice como si nada... aunque seguí estrangulando el paquetito... hasta que lo maté. Su "sangre" salió disparadas sin remedio hasta mi chaqueta... pero no importó, rápidamente lo limpié. Dejamos las bandejas entonces en su sitio, y a la salida, veo que desde detrás de esas máquinas enormes de las cocinas, asoma la cabeza para mirarme. Me río entonces, y me vuelvo con mis chicas.

Es curioso... pero desde que tengo novio, los chicos se acercan a mí. En varios he visto ya sus intenciones, la mayoría por el msn... pero ellos ya saben. "Se sienteee, tengo novio!" Y paso a relatarles resumidamente nuestra historia, para que vea lo fuerte que es y lo enamorados que estamos. Pero sigue pareciéndome curioso... el primero fue en Burgos, cuando hice el camino de Santiago. El mismo día de llegar desde un pueblito perdido, durmiendo todos los del grupito que habíamos formado en el mismo albergue, atravesar Atapuerca, campos, montañitas y el apestoso aeropuerto de la ciudad, soltar las cosas en el hostal anteriormente reservado y comer en un restaurante de lujo todos los del grupo... estuve visitando la imponente catedral. Bellísima. En el museo que hay debajo, vi a un chico muy mono, contándole a sus amigos cosas muy curiosas de los cuadros. Se le veía una persona muy muy interesante... por lo que me pegué lo máximo que pude, para que se fijase en mí. Por lo visto lo conseguí, pues después dando una vuelta por la plaza delantera volví a encontármelo. Me pidió que le hiciese unas fotos delante de la catedral... y lo hice lo mejor que pude. Entonces, al oírme hablar, me preguntó que si era de Andalucía... ya que una de sus amigas era de Córdoba y teníamos el acento muy parecido, él era de Valencia. Me estrechó la mano, y se despidió de mí "Que te vaya bien, chico", con una mirada tierna, demasiado, que yo no pude dirigir. En ese momento, y en todos desde una semana antes de aquello, mis miradas tiernas iban dirigida a una persona. Ahora, sólo puedo dirigirlas a una pantalla de ordenador fría, pero le prometo a mis ojos que volverán a ver los bellos atomitos de eGeo algún día.

Después de cenar nos despedimos con un fuerte abrazo triple. Yo en mi motito, y ellas en la de Sally, rodamos por las carreteras juntos un rato, hasta que tocó separarse. Llegar a casa, y lo de siempre, ver el Internado (que está super aburrido ahora), acostarme, y conciliar el sueño después de hablar con mi cielo.

Hoy escribo esto demasiado tarde, ya que he pasado parte del día fuera... aunque no he hecho cosas muy interesantes. Salir con Dani por la mañana, comprarme un Pen-Drive de 4 gigas preciosísimo, chatear con él, y por la tarde irme a la tetería con Sarita, Sally y demás, aburrirme y salir a hacer fotos a la calle, encontrarme con Alex y más chicas y pasear con ellos. No estaba hoy muy hablador, no sé por qué, por nada en especial, así que me aburrí y se aburrieron un poco.

¡¡Eso es todo amigos!!

¡¡Un besazo a todos!!