viernes, 2 de enero de 2009

So happy together en Nochevieja.

Desde que recordé esa canción de The Turtles en el nuevo capítulo de hoy de Los Simpsons, no he dejaro de reproducirla una y otra vez, así que le he tenido que hacer un homenaje forzado hoy en este post. El clio, por cierto, es... es... bueno, vedlo vosotros. Dentro vídeo.






La noche de anteayer fue maravillosa. La primera Nochevieja que salí a la calle a celebrarlo, y bien lo hice. Vi a muchas de las personas que más quiero, bailé, me reí, hice el tonto, charlé con formalidad, me sentí guapo, libre y feliz. Empecemos desde el principio.

Después de escribir atropelladamente el último post del año, pues mi madre no paraba de decirme "amablemente" que apagase ya el ordenador, llegó mi abuelo de Antequera, y nos fuimos a cenar a casa de Sarita. Sus padres y los míos son muy muy amigos, desde hace mucho se conocen, que hasta invitaron a mi abuelo a pasar la velada. Íbamos ya preparados, yo con una camisa de rayas normal, pero con la ropa especial para la salida lista en una bolsa. La velada fue perfecta, mucha comida, mucho alcohol por parte de los mayores, tocaron la guitarra y cantamos villancicos, fue delicoso. Yo había hecho un brazo de gitano que resultó riquísimo y un mousse de chocolate que no me salió del todo bien, pero que era comestible. Nos comimos las uvas a la par que otros 45 millones de españolitos, planteando mentalmente nuestras propias metas para el 2009, y con ganas de hacerlas ya realidad. Nos dimos abrazos emocionados, descolcharon la botella de champán, sirvieron en los vasos, y brindamos felices. Sarita y yo empezamos a vestirnos. Ella, con un vestido negro de tirantes no ajustado, yo, un jersey negro sobre una camisa blanca, con pantalones negros, y la chaqueta de cuero por si acaso. Simple, pero formal, no demasiado elegante, pero sí lo suficiente como para parecer guapo y adecuado para esa noche especial. Mi hermana, la pobre, se moría de la envidia, ya que ella no iba a salir... decía que no tenía ganas, además, es aún demasiado joven... según mis padres. Yo, a los 17 años, he podido salir por primera vez en Nochevieja... eso sí, sin hora.

Después de despedirnos, Sarita y yo salimos a la noche costera. El tiempo era bueno, perfecto, corría brisa desde el mar, el cielo estaba encapotado pero no iba a llover. A la 1 ya estábamos en la plaza del pueblo donde dan las campanadas, tras el escenario, que habían montado para la celebración, en el que "cantates" "cantaban" "canciones" de ahora, conocidas por todos. Nos reunimos todos: Sarita, Sally, la chica tímida (que a este paso, nunca tendrá nombre), la inglesa con su novio, y cuatro o cinco más. Entre ellos, me encontré por sorpresa a una amiga mía que había tenido yo en el colegio, de la que me había distanciado en el instituto un poco... aquella chica con la que empecé las indagaciones para descubir a Mister X. Volví a hablar con ella tras tantos años, me contó que estaba saliendo con un chico, el que le acompañaba (un gorila espantoso) y yo le conté que también estaba saliendo con otro, pero que vivía en Logroño. Poco más hablé en toda la noche, se notaba que la relación se había enfriado en su momento y era imposible recalentarla.

Nos dirijimos todos bien guapos, cada chico trajeado menos yo, las chicas monísimas, a un pub irlandés muy grande, a tomar algo y a bailar un poco. Tomar, no tomé nada, y bailar, apenas hice el intento, ya que el local estaba abarrotado hasta los topes. Algunos saltitos apretujados, y enseguida nos cansamos. Estuvimos hasta las 2 y media, aproximadamente, luego salimos al exterior. La noche seguía siendo maravillosa. Nos fuimos al Burbujas, a la champañería tan famosa de aquí, a pedirnos una ponchera de mora. Tampoco tenía ganas de beber, así que ni pagué. Estuve un rato con todo el inmenso grupo, hasta que me llamó Lara para saber por dónde andaba. Antes ya me la había encontrado, al dirigirme con Sarita hacia la plaza, y teníamos pensado vernos a lo largo de la noche. Así que ella vino a verme al Burbujas y la acompañé fuera. Allí ví el increible espectáculo que estaba montando el rubito gay... como una cuba de borracho. Diciendo tonterías, dándole picos a todas las chicas, tocando culos, más salido que el pico de una plancha. A mí me intentaba meter mano, pero Lara me protegía poniéndose delante. Me decía que en realidad yo era muy guapo... y bueno, le tendré que creer... ¿no dicen que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad?. Al menos, me subió el ánimo... aunque por supuesto, no permití que me tocase ni un pelo.

Me había separado totalmente ya de mi primer grupo, pasé el resto de la noche con Lara, el rubito gay, una amiga suya, y la lesbiana muy simpática. En un momento, acabamos en mitad de la calle abarrotada de gente Lara y yo agarrados en plan de tang, ella cantando "'Cause I Love You", de Edith Piaf, con toda su potente voz, y yo haciéndole los coros. Parecíamos borrachos, pero bien sobrios estábamos. Era la gloria, hacer tonterías en la calle y que nadie te mirase... porque en realidad a esas horas, casi a las 4, ya todo el mundo estaba loco. En plan bien, sin problemas, no vi ninguna pelea ni malos rollos, todos muy centrados. Después nos fuimos al Calabalumba, aquel lugar de los chupitos de nombres divertidos, aunque en esta ocasión no me pedí ni una loca pichita deformada, ni una mamada, ni nada de nada, seguí abstemio y pasándolo bien con todas mis facultades mentales. Allí volvimos a bailar, esta vez con más libertad. Hice el tonto, me reí con Lara, jugué con la bollerita, hasta me encontré con otro conocido del instituto de hace años. Allí estuvimos unas dos horas, hasta que al rubito gay se le pasó todo, ya que acabó vomitando. Eran alrededor de las 6 cuando salimos, nos fuimos a un puestecito, y me compré un gofre. Hasta las 7 y algo anduvimos por varios parques, sentados en el suelo, hablando, todos cuerdos ya que poquísima gente había bebido. Y, yo, al menos, más fresco que una rosa.

Al rato me llamó Sarita, que iban a desayunar churros en tal lugar, así que hacia allí con Lara y el rubito gay me dirigí. Allí nos hinchamos a churros, saciamos todo el hambre de la noche, y al relajarnos, el cansancio empezó a hacer mella en nosotros. Ya apareció el sol, se veía desperdicio y suciedad a lo largo de toda la ciudad, muchas personas volviendo a sus hogares, todos cansados y demacrados tras una eterna noche de juerga. No tan eterna para mí, que se me pasó en un santiamén, pero quizás sea porque estuvo carente de emociones nuevas.

La verdad, poco me importó. Lo pasé bien, muy muy bien, con las personas a las que más quiero, pasando el rato simplemente, como cualquier otra noche, pero durante el triple de tiempo. Me gustó pasar la noche afuera, mi primera Nochevieja, y es maravillosa. ¡Y tan solo me gasté 5 euritos de nada! Fue mejor el plan inesperado, el imprevisible, el espontáneo, que irme a una discoteca con 1000 personas más, allí borrachas de verdad, al haber barra libre.

Y ahora, con vuestro permiso, vuelvo a irme. He quedado con ellos para dar la última vuelta en estas vacaciones, ya que mañana vuelvo a irme a Torre del Mar. Hasta el miércoles 6, día de Reyes, cuando vuelva a casa. Ganas, no tengo ningunas, pero es ya tradición pasar estas fechas allá. Me acordaré de vosotros, mientras hago el trabajo de clase que no hice y leo los libros que debería haber leído.

¡¡Un besazo a todos!!

jueves, 1 de enero de 2009

Entrada al 2009


¡Bienvenidos al 2009!

Sé que es tarde ya y que el primer día del primer mes de año va a acabar, pero nunca es tarde. Y lo sé bien, nunca es tarde para muchas, cosas, como para el amor. Recuerdo el año nuevo del año anterior. Dormir en casa de mis abuelitos paternos en Córdoba, donde hacía frío de verdad, acostándonos a las 12  y media, ya que se cansaban muy rápido. Entrar al año aún con uvas en la boca, darnos besos, que mi abuelito llorase de alegría y que nosotros nos deprimiésemos. Yo, al menos, siempre me he deprimido el primer día del año. Por una vez, la cosa ha cambiado.

Hoy estoy feliz. La última noche del año fue eterna, hoy he estado durmiendo hasta las 3 y media de la tarde. Sólo diré que me acosté a las 8 y media como un rosa, mañana contaré más detalles de mi primera Nochevieja. Así que me siento extraño, lo típico que suele ocurrir cuando hay un enorme desfase horario, sólo que yo no estoy acostumbrado. Estoy totalmente despejado, no siento que sean las 12 ya de la noche, ni he tenido hambre en todo el día... difícil se me hace creer que me tendré que acostar ya dentro de poco. El día se me ha esfumado, ha estado carente de pensamientos y acontecimientos, no ha pasado nada interesante. Hoy soy feliz, porque conservo el sentimiento de la mayoría de los días, pero no porque haya pasado nada.

Eso me preocupa. Durante una gran parte de este año, voy a ser feliz. Pero sólo voy a ser feliz pensando en un supuesto futuro que no se sabe si se podrá hacer realidad o no. Bueno, esto no es del todo cierto, ya que he aprendido a ser feliz conmigo mismo y con lo que tengo aquí, pero es algo que cuenta mucho. Me estoy explicando como el culo, pero bueno, yo me entiendo. Por una vez, no voy a ser capaz de expresar lo que siento, quizás sea fruto de la papilla cerebral que tengo ahora. No, no es resaca... yo de eso no tengo, ya que no bebí... es desfase y desorientación. 

Los otros años estaba muy triste en estos días. Triste porque veía que el año anterior también había estado triste, pero aún así, me había propuesto ciertas metas y creía que las llegaría a cumplir... y triste porque había fracasado de nuevo. Esa tristeza se iba acumulando año tras año... y el día de Año Nuevo anterior, apunto estuve de explotar finalmente. A puntito de hacer una locura, me dormí llorando a mares en un cuarto de casa de mis tíos, tras hablar con Lea y animarle, hacerle sonreír a pesar de los problemas que tenía con su novio. Lloraba porque yo, una vez más, y no sería la última, le habría prometido que todo saldría bien, porque sabía que iba a salir bien... pero nadie era capaz de prometerme nada a mí, de tan inestable que era yo. Y eso vuelvo a sentir ahora... no hay consuelo para mi pena. Hoy estoy feliz... pero en el fondo, lloro de tristeza.

Aún así, el 2009 acaba de empezar. Tardaré tiempo, como siempre, en acostumbrarme a escribir la nueva fecha correctamente. La fecha de un año que será muy importante en mi vida. Cumpliré los 18 años, viviré grandes momentos con mis amigos, ampliaré el círculo de amistades, veré a mi novio, me iré a la universidad... y si todo es posible, me iré a vivir con eGeo a la ciudad que sea. Ahora siento impaciencia. Felicidad mezclada con tristeza, e impaciencia. Quiero que ese momento llegue YAAA... he esperado tanto... aunque quizás no esté preparado, y simplemente deba hasta ese momento mejorarme aún más.

Os deseo un muy feliz año. Yo, al menos, intentaré que sea especial para los demás, siempre que esté en mi alcance.

¡Un besazo a todos!

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Último post del año.

Me despido ya.

Estoy con los pelos mojados, con la camisa arrugada, a cinco minutos de irme ya de casa a comer en casa de los padres de Sarita, con mi abuelo incluído.

Esta noche voy a salir por ahí, todavía no sé ni con quién, ni a qué hora. ¿Pero eso qué importa?

Lo que importa es que es el último post del año. Que el 2008 acaba. El primer año de mi VIDA. El primer año donde SOY FELIZ. El primer beso, el primer abrazo, el primer amor, la primera sonrisa.

Y el año 2009 va a ser mi año. El año de eGeo y mío. El año en el que me vaya a vivir con él. El primer año de mi felicidad.

Me voy ya.

Gracias. Gracias a todos. Gracias a Blogger. Gracias a la madre que os parió. Gracias a eGeo. Gracias al servicio de ferrocarriles de España por llevarme a Logroño. ¡Gracias!

 ^^ Se os quiere ^^

¡¡FELIZ AÑO 2009 A CADA UNO DE VOSOTROS!!!

Como siempre... "¡¡Un besazo a todos!!"

La Gran Historia del Pequeño Gato (Segunda parte)


3º de ESO lo terminé bien. Había una leve rivalidad entre Kitty, Marcos y yo por ver quién sacaba mejores notas, en esta ocasión ganó Kitty, y yo le seguía por detrás. Siempre hemos sido los chicos que mejores cualificaciones hemos tenido, pues intentábamos superarnos los unos a los otros en cada examen. El verano que dió paso a 4º de ESO pasó volando, fugaz, con la leve esperanza e ilusión de que todo cambiaría a mejor, deseando que llegase el curso para consolidar mi imagen, mi grupo, y si era posible, una relación sentimental.

Comenzó 4º de ESO. Lo recuerdo perfectamente. Terminaba el verano en el que apenas había ido a la playa. Todo el mundo estaba moreno, llevaba sus camisetas de manga corta, muchos iban en chancletas, con collares de conchas y el pelo cortito. Yo ya empezaba con mi pelo largo, comenzaba a ocultar mi frente, pero que hacía parecer más largo aún mi cuello. Seguía con el aparato de dientes, que no me lo quitaría hasta mediados de curso, pero al menos la piel de mi cara también había mejorado mucho, estaba lista y morenita. Había conseguido algunos de mis objetivos, pero aún quedaban muchos por superar. Aun así, yo pensaba que ya estaba listo, que había hecho suficientes cosas para ganarme algo en ese año. De nuevo, caí como un iluso.

Caí cuando lo ví entrar por la puerta. Bajito, delgado, elástico, fuerte, piel oscura, pelo rizado casi rapado, ojos marrones, dientes perfectos. Desde el primer momento sentí que sería muy especial para mí. Adán me cautivó desde que posé mi vista en él, y eso que ya le había echado el ojo en los recreos los años anteriores. Mi dicha fue ya suprema cuando se sentó a mi lado, y creía estar en el cielo cuando me hablaba a mí.  No pude evitarlo. Rápidamente, me enamoré de él. Nos dimos los msn y empezamos a chatear mucho, la primera vez que hablaba tanto con alguien. Cierta noche, me dijo que tenía dudas. Era bisexual. Le confesé que yo (por aquel entonces), también. Me emocioné, y entonces tuve por seguro que iba a pasar algo entre nosotros. En clase, todo iba normal, aunque nos mandábamos indirectas cada dos por tres. Era divertido, me gustaba él, y tonteaba por primera vez con un chico. Ese año fue especial porque fue mi primera vez en muchas cosas... todas de ellas malas.

Mis padres suelen irse de vacaciones una vez al año, vacaciones que le regala la empresa, usualmente en la semana de la feria de aquí, a mediados de Octubre. Ese año no recuerdo a dónde se fueron, solo sé que volvieron el día 8 o 9. Se organizó de tal manera: ellos se irían de viaje, nosotros nos quedaríamos en casa de la madre del indio hasta que volviesen, y entonces al día siguiente saldríamos para hacer el camino de Santiago. Cierta noche, alrededor del 7, que ya había empezado la feria, quedé con Adán por la tarde. Se vino a mi casa, y estuvimos viendo cosas en el ordenador, nada interesante. Luego nos fuimos andando a la suya, en la otra punta del pueblo, ya en Mijas, al atardecer. Estaba muy nervioso. Estaba impaciente, deseoso, pero también inquieto. Iba a ir a la casa del chico que me gustaba... y sabía sus intenciones.

Por lo visto, no las pude vislumbrar del todo. Recuerdo entrar en su piso solitario, ir al salón y sentarnos los dos ante el ordenador. Dijo que se iba a cambiar, pero que me dejaría algo puesto para que me entretuviera. Me puso una película porno, tres tipos follando en una playa griega, creo recordar. Cuando se fue, no quería verlo. Era un poco incómodo. Yo no había pensado antes que eso era lo que hacían los chicos, ponerse pelis pornos para que entrasen en calor. Cuando volvió, me preguntó que qué tal. Y puso su mano sobre mi muslo. Me dijo que si quería hacer algo, le dije que sí, bueno, que no sabía... estaba muy indeciso, muy muy nervioso. No sabía bien de qué iba todo... pero aun así mantuve la cordura. Siguió intentando tocarme, en un momento se levantó y se bajó los pantalones. Me pareció todo ridículo entonces. Se volvió a sentar, y empecé a acariciarlo... pero no podía. Era todo demasiado frío. No era natural.

El momento cúlime fue cuando intenté besarlo. Apartó la cara. Me dijo que no me besaría. Que conmigo haría todo, menos besarme. Que él solo besaría a las personas que quería de verdad. Entoncs me caí del cielo. Yo había pensado desde el principio que él también sentiría algo por mí como yo lo sentía por él... pero no, era muy muy diferente. Él quería sexo. Sólo sexo. Ni besos, que es lo mínimo del cariño, lo básico. Yo había ido ilusionado porque tendría mi primer beso, pensaba que mis labios tocarían otros, y que volvería a tener tanta fuerza e ilusión como había tenido desde pequeño. Él, desde entonces, me redujo a una mierda, me demostró el tipo de persona que yo tenía predestinado ser, siempre desdichado, sin el derecho al amor... y mató todo lo que pudiera haber entre nosotros, aunque no quise verlo en ese momento.

No llegué a tocarlo más, me alejé de él, y me callé enfadado. Nos fuimos a la feria, aunque fue la noche más triste de mi vida. Al día siguiente salí hacia Santiago con mis padres. Durante esa semana pensé y pensé y pensé y pensé como nunca había pensado. Pero la idílica situación, pues el camino de Santiago te hace reflexionar sobre todo desde una perspecitiva nueva, me jugó una mala pasada. Pensé positivamente, y no debía, por una vez. Pensé que todo se arreglaría con él, que en el fondo me quería y que terminaríamos juntos... Cuando volví, con las fuerzas renovadas, intenté las siguientes semanas acercarme a él. Fue imposible. Había olvidado todo lo pasado, y por lo visto yo también. Pasábamos el uno del otro, no nos hablábamos apenas, éramos simplemente compañeros de clase.

Comencé entonces a odiarlo. Me sentía muy mal por lo que me había hecho, así que poco a poco le iba haciendo daño. Me metía con él cuando podía, le dejaba en ridículo, todo de una manera muy diplomática, pero demasiado evidente. Todo esto pasó durante la mayor parte del curso, a mediados. Él a veces me decía que yo le gustaba, otras yo le declaraba que me seguía interesando él, pero nunca llegábamos a algo claro. Mientras yo le seguía amando, pues ese odio era una forma de recompensar lo que me había hecho, él seguía acostándose con otros tíos, montádose tríos con desconocidos y liándose con quien le daba la gana... y por supuesto, contándomelo a mí con detalle. Muchas veces le decía que no lo hiciese... pero pasaba de mí.

Sobre Abril, mi amistad con Lea era muy muy fuerte. Acabé confesándole que era gay. Me dijo que ya lo sabía... que Adán se lo había dicho. Le había contado lo que pasó en su casa... pero en distinta versión. Según Adán, allí yo le había intentado meter mano y besar, y él se había opuesto. Me pintó a mí el papel de maricón salido, mientras el seguía siendo el angelito que se siente violado. Lea, menos mal, no le creyó en su momento, pero esperó mi revelación antes de decirme nada. Aquello me fastidió mucho, dejé de confiar en él, vi lo ruín y cruel que era... pero le seguía queriendo. Le quería porque era el primer chico que se había interesado por mí... aunque tarde me di cuenta de que era sólo sexualmente.

En ese mismo mes, Adán empezó a decirme que tenía novio, pero no iba a decir quién era. Con el tiempo, una amiga y yo estuvimos intentando sonsacarle quién era ese Míster X, como le empecé a llamar, poco a poco teníamos más pistas. Era joven, de nuestra edad. Era guapo. Era de nuestro instituto. Ahí ya sabía yo quién era... y más cuando confesó que estaba en nuestra clase. Ya no tuve dudas. El que estaba con el chico que me gustaba era ni más ni menos que Arnolfo... el gilipollas que no había dejado de insultarme en años. Sí, aquel que se las daba de hetero, tenía un novio que le daba por culo. Encima, cuando le dije a Adán que sabía quién era, empezó a contarme todas sus hazañas sexuales. Asqueroso, simplemente asqueroso. 

Yo entonces seguía, estúpida pero irremediablemente, enamorado de él. Así que lo protegí. No le dije a nadie que estaba con Arnolfo, al revés, elegí otro chico que sirvió de chivo expiatorio, de alguna manera. A punto estuvo de saberse quién era, pues ya toda la clase estaba en vilo elucubrando sobre quién podría ser el famoso Mister X. Qué ilusos, la mayoría todavía cree que Mister X es un chico misterioso que sigue con su incógnita... si todos supieran que Mister X es el chico famoso hijo de profesores, todo se alteraría. Y por ello precisamente, por el temor, Arnolfo cortó con Adán, tenía miedo de que se supiese. Adán entonces se refugió en mí. De nuevo como un idiota, le hice caso e intenté ayudar, le animé para volver a sacar adelante su relación, aunque yo no lo soportaba. Cortaron ya irremediablemente, y entonces Adán se fijó en mí. A principios de Junio, me pidió salir.

Fue en el gimnasio, me pegó contra la pared y se me declaró. Ya con la sangre fría de la experiencia acostumbrada, le dije que esperase tres días, y que le diría que sí. No le diría que no, sino que simplemente esperase tres días. A los tres días, como yo había supuesto, cayó. Fuimos a patinar sobre hielo en Benalmádena... y allí vi cómo volvía a tontear con Arnolfo, acabaron besándose, cosa que sólo yo vi, con mi cara de estúpido que se me quedó. Con mi cara de engañado, de frustrado. Porque entre esa sangre fría que quería tener seguía fluyendo el amor y la esperanza. Le mandé a la mierda una vez más.... Volvió a estar con él unas semanas, volvió a contarme cómo lo hacían en la playa, volvió a cortar por el mismo temor, ya para siempre. Y yo volví a sentirme morir...

Acabó el curso y con ello le perdí de vista. El último día de clase le dije que Lea me había contado una versión de los hechos falsa, y él lo negó todo. Entonces me enteré de que también se lo había dicho a dos o tres chicas más, lo mismo. Volví a mandarlo a la mierda.... ya durante mucho tiempo. El verano lo pasé solo en casa, recuperándome, le conté a Kitty y a algunas personas más todo lo mío. Empecé 1º de Bachiller con las fuerzas renovadas, contento, porque ya sabía que al menos ese año tendría el apoyo de Kitty y de Lea. Desde un principio pasé de él, lo olvidé por completo, aunque estuviese en mi misma clase, ya no me interesaban sus historia. Para mí, estaba muerto. Hasta que volvió a aparecer en mi vida... y bueno, eso ya es historia conocida. No voy a contar desde que empecé este blog... porque no tengo tiempo.

Han pasado cosas, muchísimas cosas, la mayoría malas, duras... pero que me han enseñado mucho. Me han hecho ser como soy ahora. Una persona equilibrada, fuerte, con pareja, con ilusiones, y sobre todo.... FELIZ.


La Gran Historia del Pequeño Gato (Primera Parte)


He plasmado aquí 10 laaargos meses de mi vida que vosotros habéis leído cada día... los de verano han sido más bien aburridos, otros han sido demasiado excitantes. Me habéis visto triste, amargado, deprimido, en mis puntos más bajos, pero también cuando subía en mi pequeña y malograda vagoneta hasta la cima de la atracción, para luego caer en picado. He estado furioso, cabreado, decepcionado, frustrado, pero también animado, con ganas de vivir, alegre, dispuesto a todo y más, queriendo comerme el mundo con un optimismo inusitado en mi, que pronto desaparecía. 

Pero nunca me habíais visto realmente feliz. Desde mediados de año habréis notado un increíble y radical cambio... eGeo apareció en mi vida. Tengo ya una razón para levantarme cada mañana, aunque lo primero que haga sea ver el móvil por si encuentro una llamada perdida, algún día lo primero que haré será tocar el oscuro y abundante cabello de la cabeza de mi eGeíto. Le amo tanto... pero no, ahora no quiero hablar de amor, que ya lo he hecho en muchas ocasiones. En especial, cuando nos conocimos, y desde entonces, casi 3 meses, todo ha ido como la seda.

En esta fecha tan especial, os quiero hablar de mi pasado. Cómo era antes de la historia con Adán. Me cuesta recordar... pero lo voy a intentar. 

El Gato tal y como lo conocéis ahora (y más los que me habéis visto físicamente) no tiene nada que ver con lo que fue hace dos y tres años años. Un chico tímido, alto para su edad (me he ido quedando en la media), delgado pero no lo suficiente para su gusto pues tenía un cuerpo flácido, un cuello alargado, que terminaba en una cara también alargada, de orejas algo salidas, labios destrozados que escondían dientes amarillos y deformados, nariz disimuladamente aguileña sobre la que descansaban las malditas gafas que hasta hace poco me acompañaron. Y lo principal de mi cara: el acné, las malditas espinillas. Tenía muchas, muchísimas, mucho más de lo normal, me salieron antes de lo previsto y excesivamente, estuve visitando médicos y médicos... pero no había manera. Un pelo siempre corto por la imposibilidad de moldeo empeoraba el breve retrato de mi cara. Las espinillas se me rompían, tenía siempre la cara sudorosa y llena de puntos rojos sanguinos, blancos de pus y marcas de las erupciones anteriores. Pero encontré la solución a todo ello, aunque durante meses me arrepentí. Unas pastillas muy caras, tomadas una vez al día, durante medio año, fue quitándome ese maldito acné. Su método: secando la cara. Así que, a parte de las espinillas que siguieron sin quitarse, la cara se me secó, la boca y la nariz se agrietaron, me picaba la piel constantemente, sangraba con cualquier rasguño, debía echarme cacao hidratante a todas horas en los labios sangrantes. Recuerdo que uno de los efectos secundarios era la tentación de suicidio. "Pues menuda me han dado..." pensé. También me decidí a ponerme el aparato dental, que afearó más (si cabe) mi sonrisa, que de por sí es espantosa. Durante medio año, fui un ogro físicamente, hasta que lo llegué a ser psicológicamente. Me odié. Estaba defraudado con el mundo. Lloraba mucho, muchísimo... pero es que era un iluso. Durante un tiempo, creí que yo sería capaz de algo en esta vida, que valía la pena... pero no. 

Esto siguiente lo digo muy seriamente, y más contento que unas pascuas... durante 3º y mitad de 4º de ESO, fui una mierda andante con nombre de persona. Estoy contento porque ese ya tiempo ha pasado... pero creedme que fue así. Nadie me quería, me quedé sin amigos, pero yo seguía intentándolo, creyendo que me gustaba cierta chica de clase, pero en mi intimidad pajeándome con fotos de chicos. En mi clase de 2º, muchos se rieron de mi. De esa chica, me sentí enamorado, pero no dejó de pasar de mi. Parecía que era buena gente, me gustaba porque era inteligente y sencilla... pero acabé odiándola. Ahora la veo todos los días pero poco hablamos, se está convirtiendo en una... mosquita muerta, no me gusta esa expresión... pero la veo de monja dentro de unos años, aunque sigo teniéndole mucho cariño. En esa clase, las chicas más fashions y vips del instituto me amargaron mi día a día, pues intentaban hacerme creer que tenía posibilidades con ella. Encima, caí en una clase desconocida llena de maleantes, por lo que los collejazos, las bajadas de pantalones, las tiradas de la silla, y todo tipo de insultos eran comunes para mi. Estoy siendo TOTALMENTE sincero, pues antes no me habría atrevido a contar ésto. Pero si, se rieron de mi, y yo entonces agaché la cabeza. En mi tremendísima soledad, le escribía poesías de amor a esa chica, poesías que nunca leyó y de cuya existencia nunca sabrá. Me río de mi mismo al recordarme... era realmente patético. Es muy difícil conseguir algo si tu naturaleza no te lo ha mandado así, si no es tu momento, si no estás diseñado para ello aún...

Así que decidí diseñarme yo mismo. Lo primero, fue el tratamiento de la cara, y pedirle a mis padres que me pusieran el doloroso aparato de dientes. Serían 6 meses infernales que intentaría borrar de mi mente, pero que tendrían que pasar para conseguir lo que quisiera. Iluso de mí, una vez más, pero algo sí conseguí. A veces estaba alegre, e intentaba acercarme a los demás... Pero seguía sin amigos, solo como la una. Me di cuenta de que podría matarme en cualquier momento, que nadie me habría echado en falta. Pero gracias a Dios, ese año escolar terminó, dando lugar a un triste verano de llantos recordando lo pasado y lo que no pasó.

En 3º de ESO conocí a Kitty, a Lea, a Marcos y a otros que conforman ahora nuestro grupo de clase. Tampoco fue un año muy feliz... intenté seguir mejorándome, y me puse a estudiar. Saqué muy buenas notas, y me dí cuenta de que estudiar también sería algo muy importante dentro de mi plan de autodiseño. Conocí a una chica a la que quise mucho muchísimo, la primera a la que le confesé mis dudas, y me animó a aclararlas, apoyándome siempre. Me enternece mucho el corazón pensar en ella... y es que ya apenas la veo. También conocí a Julián, al que odié en un principio, porque se metió incesantente con mi todavía molesto problema de acné con sus palabras tan afiladas. Ese año me operaron de unos lunares extirpándomelos, pues con ellos tendría altas probabilidades de padecer cáncer de piel. Se lo conté a Lea, lo difundió y el rumor corrió por todo el instituto. Entonces ella, él y otros chicos empezaron a decir que tenía cancer. Mucha gente me preguntó si era verdad, y yo tenía que aguantar las burlas de los demás. Deseé con todas mis fuerzas que tuviera cáncer en realidad, para acabar con todo y con todos. No recuerdo exáctamente en qué parte del año, pero finalmente para mi, los granos desaparecieron de una semana para otra: las pastillas habían surtido efecto, tenía la cara limpia, sin granos, perfectamente lisa y bonita. La piel estaba bien, pero claro, yo seguí con mi cuello largo y mis rebeldes pelos que me daban un aspecto despreciable, sumándole una ropa mala y sosa que decía menos de mi personalidad. Julián se tuvo que callar a la fuerza, aunque entonces los insultos variaron, y todos se pueden resumir en una palabra: ¡Maricón!

Arnolfo, como llamaré a la persona que más odio (por ello el nombre tan feo :P), el que estuvo con Adán en 4º, era un chico guapo, divertido, alegre con todos, hijo de profesores (y por tanto, con enchufe con los otros profesores, que le hacían la vista gorda) que se ganaba la simpatía de los otros compañeros... pero para conseguir ello, siempre tenía que hacer la gracia con los más débiles, despreciándolos. Y el más débil, era yo. Fue el que más daño me hizo, junto con Julián y cuatro o cinco idiotas más de la clase, y acabaron amargándome el curso de 3º y haciéndome sentir mal por ser gay. Ellos no sabían nada, por supuesto, no lo harían conscientes de quelo era... pero no dejaban de hacerlo. Supongo que era la moda, pero a mi me pilló peor que a nadie, porque yo sí que era maricón de verdad. Mariquita, niñita, gay, plumero, me imitaban exagerando mis gestos, ponían una voz muy afeminada y desde cualquier lugar me lanzaban besos, delante de todo el mundo. Los odié. A Julián le perdoné, pues él ya me pidió perdón a mí cuando le dije este año que era gay. Todo arreglado, bien... pero... A Arnolfo le odié más, cuando me enteré de que él es el maricón oficial, el que se lió con Adán pero tuvieron que romper por el miedo de que lo descubriesen. Cobarde de mierda, encima se atreve a decirme hoy que le ayude con matemáticas. Anda y púdrete, REPRIMIDO. Que eres un gay reprimido, incapaz de ser lo que debes ser. Tu si que no tienes huevos, si que eres un gallina. Tu si que eres un marica, en el peor significado de la palabra que le ha dado la mediocre sociedad actual.

Pero lo dejo, porque me embalo. Y he avanzado mucho, cosas que todavían quedan por contar. Llegó finalmente 4º de ESO... el peor año de mi vida.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Limpiando para el nuevo año


Hoy no he salido de casa para nada. Mi madre llevaba unos días mandándome hacer algo, y ya tocaba, no podía retrasarlo más. He pasado toda la mañana limpiando el cuarto. Quitado cosas, pasando el trapo y volviéndolas a poner.

Con ello, he purgado mi habitación y todo el 2008. A cada cosa que apartaba, una olvidaba, y con cada ácaro que asesinaba, una lágrima llorada se secaba. Este año me parece que ha sido de los que más he llorado. Pero ha sido el único año en el que he acabado llorando de felicidad pura y dura, cien por cien verdadera. Ha sido el primer año para muchas cosas, pero sobre todo, para la felicidad.

He hecho algunas remodelaciones necesarias para los nuevos tiempos. Este año he puesto un nuevo complemento en mi cuarto, grandes ventanales y espejos, ese toque de luminosidad que me ha aportado eGeo. El espejo sí lo he puesto de verdad, al fin, y eso es un paso enorme. Ahora me miro en el espejo, antes no quería. Ahora me gusta lo que veo. Veo un chico seguro, hecho y derecho, con fuerzas para conseguir lo que quiere, un chico también sabio por la experiencia, con las heridas ya casi curadas, pero con las cicatrices candantes  que nunca olvidará, que le recuerdan y aconsejan cómo actuar. Y también, por qué no, veo a un chico guapo. Con el pelo como quiere, con un cuerpo que no está mal (ni bien), por primera vez en mi vida veo su sonrisa bonita. La veo bonita... porque es sincera. Sonríe de verdad. He aprendido a utilizar bien este nuevo mobiliario. Ya no veo en el espejo del baño al pasar por el pasillo a ese chico esmirriado, con el pelo mal puesto

He agregado nuevos accesorios, y he quitado otros muchos. Adán ya estará ahogándose en la isla ecológica de esas, que huelen peste cuando hace sol. Pues allí estará, atemorizado por los mismos temores que yo tenía. Solo, triste, abandonado, sucio, insensible, despreciado, adjetivos que durante años se acumularon en mi diccionario y que hoy he borrado con mi tipex mágico. He tirado hojas y hojas de recuerdos amargos, con historias de personajes vacíos, con melodías siniestras de funeral, con trazas que dibujaban un trágico y perverso final, todas ellas las he quemado. Para que no se vuelvan a repetir, el humo negro se ha ido volando y los pedacitos chamuscados se han dispersado en el amplio cielo. Jamás volverá a mí. He tirado también la impresora que solo imprimía papeles negros, manchados, que nunca daba nada bueno, que no te ofrecía lo que le pedías, ni te proporcionaba aquello por lo que había trabajado. 

En este año 2008 han pasado muchas cosas. Mi cuarto ha cambiado mucho. Al principio, no lo limpiaba nada. De repente, en Mayo, me di un lavado de cara a mí mismo y me puse a trabajar. Finalmente, en Octubre acabé con la faena, y ha quedado limpio y reluciente. Las vistas de mi ventana son las mismas, solo que ahora las veo con otros ojos. El cristal lo he cambiado, y ahora veo cosas nuevas. Los pájaros se acercan a verme, el señor mayor del tercero que se levanta por las noches sigue con su costumbre, y me encanta verlo. Me gusta ver su robusta fragilidad de anciano, su parsimonia, su constancia, su tranquilidad en el hacer. Ahora me paro a apreciar las cosas pequeñas de la vida. Ahora sé cuáles son las cosas pequeñas de la vida. Salir con mis amigos al parque cada día, se convierte en una odisea de ilusión y alegría con un final siempre distinto, inesperado y emotivo. Esos amigos de verdad que he descubierto, que me escuchan y piden mi opinión, que me comprenden, que quieren desentrañar el confuso mecanismo de mi mente.

Adoro mi nueva vida. Adoro a eGeo. Él me lo ha dado todo. Aunque creo que también tengo derecho a felicitarme a mí mismo por todo lo que he conseguido este año. Mi vida ha sido muy dura. No la más dura del mundo, lo sé, pero tengo que estar orgulloso de haber soportado todo pacientemente, sin tirar nada por la borda, pensando siempre en las consecuencias de mis actos. También he de agradecer el apoyo que me ha ayudado a sobrevivir a muchas cosas. Una son mis libros. Mis libros es mi imaginación, la esperanza por un futuro mejor, el deseo de mejora, los sueños que quería alcanzar. Otra, es mi ordenador, mi querido ordenador con su gran pantalla. Y dentro de esa pantalla plana, cada uno de vosotros. Muchas personas, podría decir que todas las más de 12.000 que han pasado por aquí desde su apertura hace 10 meses, me han ayudado, me han enseñado a ser como debo ser, me han dado empujoncitos cuando no podía más, permitiéndome ascender a donde estoy ahora. Este año ha sido el año del blog, en el que lo he empezado, y en el que os he conocido. He conocido a muchos bloggeros importantes para mi, en especial el fantástico Joac, el ya desaparecido Tiz (¡Se te echa de menos!), el intermitente Rey del Recorte, el fugaz Bo Tare, el sabio Oso y el divertido Jorge. Muchos más se me quedan, aunque no tantos, porque desgraciadamente mi blog no es de los más exitosos ni conocidos... será porque no lo merezco, y es verdad, no creo que sea más bueno que los demás. A todos ellos que estuvieron allí siempre comentándome, aunque yo no les respondiese a la mayor parte de los comentarios como debería, gracias, muchas gracias.

Todos descubriréis algún día mi nuevo cuarto. El cuarto que compartiré con eGeo en cualquier ciudad dentro de cierto tiempo. El que decoraremos juntos con los nuevos recuerdos que recogeremos de cada año que pase a su lado. Prometo que así se hará. Tengo fuerzas suficientes para luchar. Este Gato tiene sus nuevas botas para saltar lejos, muy lejos, en este nuevo 2009.


¡¡Un besazo a todos!!

(Así me vestí para la limpieza a fondo. Tipo Cazafantasmas. Maravillosa película.)

La guerra de los clones


La mañana del viernes fue rara. Llegar a casa sobre las 11, estando acostumbrados a llegar a por la noche, se nos hacía incómodo. Pero como la mayor parte del tiempo, hasta la comida la pasé aquí sentado ante mi ordenador.

Después de ingerir diversos y deliciosos manjares como sándwiches de "jamonyó", volví a mi trono real en mi cuarto. Empecé entonces a hablar con ese chico que tanto se parecía a mi del Vialia... llamémosle... pueeees... Toby, por ejemplo. Tiene nombre de perro, pero no, no lo es. El caso es que Toby me decía que esta tarde nos veíamos... ¿por qué?... pues porque había quedado con Alex. Y el tal Alexito pues no me había dicho nada, no me había avisado. No me molestó en realidad, si habían quedado solos era por algo, no me importaba. Le dije pues a Toby que yo no iría, que tenía cosas que hacer... y que Alex no me había dicho nada. Entonces se revolucionó, dijo que yo tenía que ir, y hasta llamó a Alex para que me dijese dónde habían quedado. Yo entre tanto le insistía que no... verdaderamente no tenía ganas de ir, no me encontraba con el cuerpo bien. Aun así, al poco tiempo me llamó Alex para decirme que habían quedado para cojer el tren de las 16:15. Miré entonces el reloj. ¡Eran las cuatro en punto!. Como una bala, ya decidido a ir, me cambié de ropa, me afeité, me embadurné de desodorante y colonia, cogí el pañuelo que me regaló eGeo, mi mariconera y algo de dinero, y volé hasta la estación.

Gracias a Dios, llegué a tiempo. Allí estaba Alex, que ya me había comprado un ticket. Entré en el tren con el corazón todavía a punto de estallar y jadeando, aquello habría parecido otra cosa. Me senté con las amigas de Alex que nos acompañarían, tres chicas de la clase de al lado muy simpáticas y divertidas, que por alguna incógnita razón me han cogido mucho cariño. El viaje fue divertido, hablé mucho con ellas, lo pasé bien. Alex iba vestido bien... aunque para mi gusto, muy gay, pero eso es siempre, ya que es muy amanerado... aunque los demás no le ven gay. De cualquier manera, él sigue diciendo que es bisexual... le creeremos, pues. En realidad, mucha gente es bisexual, como Chris, Martin o Toby. Lara opina que todos deberían ser bisexuales... verdaderamente libres... yo no sé qué opinar, a mí me da igual. Yo ya elegí esta acera, y no quiero cambiarme otra vez. Que hay mucho tráfico veloz en la carretera.

Ya en el centro comercial, el famoso Vialia, estuvimos dando vueltas hasta la hora señalada. Nos fuimos al lugar del meeting, y allí lo vi. Muy alto, con el pelo parecido al mío, algo más oscuro y corto, pantalón negro sobre converse, una sudadera roja muy parecida a la mía también roja, y sobre el pelo, su característico pañuelo rojo perfectamente instalado. Estaba nervioso yo, tenía un nosequé en las tripas... pero me armé de valor y me puse tras él. Le hice un amago de cosquillas, suficiente para que se percatase de nuestra presencia, se sobresaltó, se apartó... y nos saludó. El saludo fue frío, un apretón de manos, aunque he de mencionar que él antes por msn me decía que no sabía cómo saludarme, si dándonos la mano o un beso. Le dije que lo que saliese, y eso fue lo que salió. Ambos presentamos a nuestros respectivos grupos. Con él venían dos chicas de nuestra edad, altas, monas, una de acento fino, perfecto, del norte probablemente, castellana pura. La otra, más de por aquí, campechana, y muy divertida.

Ese nuevo grupo, ya de 9 personas, se unió rápidamente. Al principio tímidos, yo y la castellana era los que más hablábamos. Poco a poco, todos participaban de la conversación, hacíamos bromas, nos compenetrábamos. Nos llevaron a una tetería en la calle, cercana, pero que estaba abarrotada, por lo que hubimos de volver. Más tarde fuimos a buscarle un regalo al novio de Toby en varias tiendas, novio que casualmente se llama igual que eGeo y que el enamorado de Alex, por lo que hemos hecho el Equipo E (en realidad es otra letra), pues cada uno tiene a su eGeíto personal. Bueh, menos Alex, el pobre, que lo tiene bastante difícil para conseguir al suyo. Dejando atrás los malos rollos que podrían surgirle a cada uno, nos convertimos en los amigos inseparables que nunca habíamos sido pero que siempre habríamos querido tener. Bromeábamos juntos, nos reíamos las gracias, nos metíamos con uno o con otro, como si fuéramos amigos de toda la vida. No teníamos temor de molestar al otro, porque nos conocíamos muy bien, a pesar de nunca habernos visto antes. A Alex se le veía muy contento, pues me dijo que le gustaba un poco Toby, y al fin había conseguido conocerlo. Ahora se llevan muy bien, hablan por teléfono y tal, están cogiendo muchísima confianza.

Sobre las 8, nos fuimos al Burger King del Vialia, a incharnos a patatas fritas y helado. Allí nos hicimos fotos, muchas de las cuales están en mi Tuenti (los interesados que tengan mi msn y mi tuenti, ya saben dónde cotillear xD). Entonces me puse el pañuelo de mi novio en la cabeza, para parecerme más a él. Nos dijeron que éramos clavados, muy parecidos, hasta en la forma de actuar, solo que él más alto, pelo un poco más corto, y mucho más delgado. Me fijé más... y la verdad es que es guapo. Toby es muy guapo, en eso nos diferenciamos. Tenía algo especial, serían sus ojos, que me recordaban muchísimo a eGeo. eGeo... no paraba de pensar en él. En cuando estuviésemos allí mismo, en ese Burger King, comiendo patatas fritas, embobado mirando su sonrisa, sus ojos pequeños, su pelo largo. Necesitaba muchísimo sus besos... pero no estaban. Los sentía... volvía a sentirlos, su textura... pero no notaba su humedad.

Empezaba a amargarme... así que decidí con mi gente coger le tren de las 9 menos cuarto. Alex se quedaría allí, ya que iba al teatro o algo por la noche. Me despedí de ellos calurosamente, ya que no sé por qué empecé a sudar cuando me tuve que acercar a darle un beso. "Ya sí, que hay confianza", me dijo, y era verdad. A las chicas también besé, a Alex un saludo raro, mitad abrazo, mitad beso, mitad todo, "entrenamos" de nuevo en el tren, y volví a mi hogar dulce hogar. Estaba cansado en el tren... pero estaba feliz. Había conocido en persona a una persona con la que llevaba tiempo hablando y que me caía muy bien. A veces incluso me sorprendía conmigo mismo y con el mundo, ya que de pasar a verlo por el Vialia sin decirle nada, he llegado a quedar con él y a hablar de cosas más profundas. Me devuelve la confianza en mí mismo una vez más... cosa que ya estaba un poco decaída. ¡Bien!

Este año va a acabar muy muy bien...

¡Un besazo a todos!